Banca

El martillo pilón de Cibeles y el futuro del Banco de España

Es tradición que el Gobierno elija al gobernador y la oposición al subgobernador, aunque existe el temor de que Pedro Sánchez imponga ambos cargos, sin contar con Feijóo y el PP

Pablo Hernández de Cos
Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de EspañaGonzalo PérezLa Razón

Winston Churchill (1874-1965), siempre práctico, recomendaba que «si tienes que resaltar un asunto importante, no seas sutil ni ingenioso. Utiliza un martillo pilón. Golpea sobre el punto una vez. A continuación, vuelve a golpear en el mismo sitio. Luego, golpea por tercera vez con un tremendo mazazo». Pablo Hernández de Cos, gobernador del Banco de España, quizá con menos estruendo, pero con la misma perseverancia, ha seguido ese consejo desde que hace seis años empezó su mandato, improrrogable, que concluye dentro de unas semanas sin que haya noticias de quién puede sucederle. La tradición y el consenso, solo quebrados en tiempos de Zapatero, dicen que el Gobierno elige al gobernador y la oposición al subgobernador. Existe el temor, muy extendido, de que en esta ocasión Pedro Sánchez –que es quien decide de verdad– opte por elegir a ambos cargos, sin contar para nada con Feijóo y el PP. Desde luego, no sería una forma de distensión.

Hernández de Cos, mientras tanto, acudió ayer, como todos los años por estas fechas, al Congreso de los Diputados para presentar el Informe Anual del Banco de España que, en este caso, es su carta de despedida. El gobernador, una vez más, ha sido fiel a sí mismo y ha seguido el consejo churchiliano. Confirmó que, si no hay sorpresas inesperadas, el Banco Central Europeo rebajará el precio del dinero en junio y eso ha centrado el interés. Sin embargo, insistió una vez más –¿y van?– en los mensajes, recomendaciones y advertencias que lanza casi desde su llegada a Cibeles, sede de la entidad. Reclama consenso político para afrontar los grandes retos económicos del país: el paro, la productividad y el futuro de las pensiones, cada vez más complicado por el envejecimiento. Siempre con su martillo pilón, también insiste en una reforma fiscal integral en la que tengan más peso los impuestos indirectos y los medioambientales, que es, por cierto, la fórmula de éxito de los países nórdicos. Nada nuevo bajo el sol, ni tampoco nada muy original, pero también todo lo que tiene pendiente la economía española y que ningún Gobierno ha querido abordar. No obstante, incluso cuando expire su mandato, Hernández de Cos perseverará como aconsejaba Churchill.