El Gobierno esconde la crisis económica

El Banco de España, en su último informe trimestral, advierte de la «distorsión sin precedentes» que está sufriendo la economía española a causa de la pandemia de coronavirus y empeora las previsiones de la evolución del PIB, con una caída de hasta el 12 por ciento para el conjunto del año, y del mercado laboral, con tasas de paro sostenidas hasta el año 2022 de alrededor del 20 por ciento. A nadie se le escapa la gravedad de la situación, mucho menos a las familias, que vuelven a reaccionar de la única forma posible: restringiendo los gastos y primando el ahorro, como demuestra el hecho de que la demanda interna nacional, en pleno desplome, restará hasta un 10 por ciento del PIB, sólo este año. Con todo, lo que más preocupa de este análisis del órgano regulador es la confesión paladina de que muchos elementos de juicio, como el impacto que puedan tener los fondos europeos, están en el aire por falta de concreción, o, lo que es más significativo, la denuncia de que las estimaciones no han podido incluir las líneas básicas del proyecto de Presupuestos, porque nada se ha hecho al respecto. Todo lo contrario, en esta situación sin precedentes, el Gobierno de coalición socialcomunista que preside Pedro Sánchez parece tener otras prioridades, como la elaboración de una ley de «Memoria democrática», de dudoso encaje constitucional, con la que colmar viejas frustraciones, aunque sea a costa de romper los consensos de la Transición. Importa más la estrategia de la fractura social, en la que, por lo visto, las izquierdas se desenvuelven con fascinante habilidad, que afrontar la realidad presente, que amenaza con devolver al paro y a las dificultades vitales a más de cuatro millones de españoles. Sería un escándalo en cualquier país de nuestro entorno el espectáculo de unos gobernantes que posponen lo que es imperativo hacer por lo que intuyen, creemos que equivocadamente, que puede proporcionarles réditos políticos. Unos gobernantes que debaten entre sí cuestiones superadas por la propia realidad de los hechos, como la ideología que debe iluminar unas cuentas públicas que, sin embargo, no tienen el menor margen de maniobra, y que han hecho de la propaganda su mejor activo. No. Es preciso unir al conjunto de la sociedad española detrás de un objetivo común y ello, desde luego, no se consigue desde las prácticas guerracivilistas más pedestres ni tratando de arrinconar a una oposición sobre la que se pretende descargar las propias responsabilidades. Y, sobre todo, urge que nuestro Gobierno, del que, estamos absolutamente seguros, todos los ciudadanos guardarán larga memoria, se ponga a trabajar desde la sensatez en lo que sí es de la máxima urgencia. En unos Presupuestos que, al menos, alivien en lo posible la tragedia que se avecina.