Preparados para un «Balmis II»

Las Fuerzas Armadas trabajan en planes de contingencia por si hay que reactivar la operación. En estos 98 días han llevado a cabo 19.900 intervenciones en 2.300 localidades y han desinfectado 5.300 residencias

Ejército desinfecta infraestructuras estratégicas de Menorca
Un militar durante una misión de desinfección en MenorcaDavid Arquimbau SintesEFE

Un total de 98 días ha durado la que ya es la mayor misión militar en territorio nacional en tiempos de paz. Y es que ayer se dio por concluida la «Operación Balmis» contra el coronavirus puesta en marcha por el Gobierno nada más decretarse el estado de alarma. Desde ese 15 de marzo en el que todo cambió en España, las Fuerzas Armadas en su conjunto han luchado contra un enemigo invisible que ha provocado una crisis sanitaria que nadie se imaginaba. «No esperábamos algo tan gordo », apuntaba en su día a LA RAZÓN el teniente general Fernando José López del Pozo, comandante del que ha sido el «cerebro» de esta misión, el Mando de Operaciones (MOPS). «Una cosa de tanta intensidad, de ese nivel... no nos lo podíamos imaginar», aseguraba la pasada semana a este periódico el teniente general Luis Martínez Meijide, jefe de la Unidad Militar de Emergencias (UME), la punta de lanza de «Balmis». Lo mismo que respondió el coronel Jorge Medina, jefe de la UCI del Hospital «Gómez Ulla»: «Esperábamos que la cosa iba a ser seria, pero no esto». Sin embargo, ahora, ante la posibilidad de que se produzca un nuevo rebrote, las Fuerzas Armadas están preparadas y sí saben lo que puede ocurrir, por lo que afinan sus planes de contingencia por si fuese necesario activar una segunda parte de la «Balmis».

Durante estos 98 días, los efectivos de los dos Ejércitos, la Armada, la UME y la Guardia Real han llevado a cabo misiones totalmente diferentes a las que estaban acostumbrados y, tanto en primera línea como en la retaguardia, han contribuido a frenar el avance del virus, sobre todo gracias a la que ha sido su labor «estrella»: las desinfecciones. Comenzaron por estaciones de tren o aeropuertos y acabaron en uno de los puntos más críticos y donde se registró el mayor número de fallecimientos: las residencias de ancianos.

Ahora, tal y como han reconocido diferentes mandos militares, los procedimientos están rodados, saben cómo actuar y, además, han formado a personal de diferentes organismos (sobre todo a los gestores de los geriátricos), por lo que de cara a un posible rebrote, cuentan con líneas de defensa que en los primeros días de su despliegue no tenían. Eso sí, todos coinciden en que no hay que bajar la guardia.

Varios militares desinfectan una residencia en Segovia
Varios militares desinfectan una residencia en SegoviaRubén MondeloLa Razón

Por este motivo, las diferentes unidades de las Fuerzas Armadas están desarrollando planes de contingencia a través de las lecciones aprendidas, que en su mayoría pasan por acumular reservas de equipos de protección y reforzar capacidades que se han visto fundamentales, como las de las unidades de defensa frente a riesgos Nucleares, Biológicos y Químicos (NBQ) o las logísticas, ya que el transporte y el sostenimiento han sido también claves.

Así, por ejemplo, todas las unidades de la UME mantienen un núcleo contra la Covid-19 y, pese a estar en plena campaña de incendios, si han de desplegarse para ayudar, lo harán. De hecho, el portavoz del MOPS, coronel Juan Bustamante Alonso-Pimentel, explicaba el viernes en Valladolid que tanto la UME como el resto de Fuerzas Armadas planifican un «hipotético “Balmis II”», informa Ep. Estos planes incluyen tanto el acopio de material como retomar los mecanismos ya establecidos y que han demostrado su eficacia. Pero también continúan con esa formación en tareas como la descontaminación al personal de las residencias o a los ayuntamientos, lo que permitirá que actúen de inmediato.

En el Ejército de Tierra, por su parte, el Jefe de Estado Mayor (JEME), general Francisco Javier Varela Salas, anunciaba el viernes en un mensaje a los suyos que tendrán que «reforzar capacidades como la logística, el apoyo sanitario o las unidades NBQ», además de «mejorar nuestros procedimientos de apoyo a las autoridades civiles». Sin olvidarse de «acumular reservas de equipos de protección y organizar las actividades diarias y el adiestramiento para minimizar contagios». Esa es otra de las claves: la de garantizar la salud de los uniformados. Como decía el jefe de la UME: «La primera obligación es no enfermar y esa conciencia de no enfermar es vital. Si enfermamos no podemos cumplir la misión». Por ello, días antes del inicio de «Balmis», elaboró una serie de medidas internas («Plan Coraza») para proteger a sus efectivos, dando por hecho que iban a ser desplegados.

Y son muchas las lecciones aprendidas en estos casi cien días, en los que los uniformados han llevado a cabo más de 19.900 intervenciones en unas 2.300 localidades de toda España. De esas actuaciones, más de 11.000 han sido descontaminaciones en puntos críticos, como las residencias, interviniendo en 5.300. Pero también han desinfectado 3.431 hospitales y 1.339 centros sociales. O más de 150 puertos y 140 aeropuertos, además de apoyar en unas 800 misiones a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad, protegiendo centrales nucleares o las fronteras.

Otra de sus actuaciones más demandadas ha sido el apoyo para levantar hospitales y albergues de campaña, ya sea para aumentar la capacidad de los centros o para realizar pruebas a los ciudadanos. Hasta 20 han instalado por todo el país. En este punto destaca, por ejemplo, la UCI que montó la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue de Madrid en Ifema.

El transporte ha sido otra de las labores en la que han colaborado. Por un lado, por vía aérea, con los aviones y helicópteros del Ejército del Aire y de Tierra cargando material sanitario. Más de 70 vuelos con un total de 160 toneladas de carga, entre las que se encuentran las mascarillas y los tests que los A400M del Ala 31 trajeron desde China. Mientras, por tierra, los militares han contribuido a repartir cientos de toneladas de alimentos por todo el país. Pero en estas tareas de transporte se encuentra la misión más dura de todo «Balmis»: el traslado de cadáveres hasta las morgues improvisadas de Madrid. Una misión, junto a la de las residencias en los días más duros y con cadáveres desatendidos, que provocaron «un impacto brutal» en muchos de los efectivos, como ya explicó el teniente general Meijide, quien reconoció que unos 2.800 militares de su unidad recibieron apoyo psicológico.

Segundo día de funcionamiento como morgue del Palacio de Hielo
Un vehículo de la UME en el Palacio de Hielo de Madrid, convertido en morgue improvisadaJoaquin Corchero / Europa Press Joaquin Corchero / Europa Press

Pero también la Armada desplegó un buque en Ceuta y Melilla para aumentar su capacidad hospitalaria y el Ejército del Aire medicalizó varios de sus aviones para estar preparados ante un posible traslado de pacientes.

Eso en las calles, pero también los uniformados han estado trabajando en los dos hospitales militares (Zaragoza y Madrid) o en el Centro Militar de Farmacia de la Defensa, donde no han dejado de elaborar medicamentos o solución hidroalcohólica. En los primeros, los centros sanitarios, llegaron casi a duplicar el número de camas al verse desbordados.

Para todas estas tareas, las Fuerzas Armadas han contado con un contingente que comenzó con los primeros 911 militares de la UME que se desplegaron el 15 de marzo y que en las peores jornadas alcanzó los 8.261 efectivos. Fue el 3 de abril, con 5.144 uniformados en las calles de 291 localidades y otros 3.117 sanitarios. Hasta el 23 de abril el despliegue de efectivos se mantenía por encima de los 6.000 y poco a poco fue reduciéndose hasta el 28 de mayo. Ese día había en la calle 574 militares y en los hospitales y farmacia otros 2.828. Estos últimos, más aliviados y prácticamente sin pacientes Covid comenzaron su repliegue y un día después sólo quedaban activos 875 sanitarios.

Sanitarios en el hospital "Gómez Ulla"
Sanitarios en el hospital "Gómez Ulla"Jesús Gómez Feria

Ayer, 98 días después, «Balmis» se cerró con 231 uniformados en las calles de 5 localidades y 251 sanitarios. Aquellos apoyos que se estén desarrollando seguirán hasta que acaben, pero la operación como tal llegó a su fin. No desaparecerá, como han ido recordando esos mandos militares. «Estará latente, pero estará» por si fuese necesario reactivarla. Si así fuese, los procedimientos y los tiempos de reacción están perfectamente engrasados, por lo que ante el mínimo signo de rebrote, se desplegarán como si fuese 15 de marzo, aunque con más experiencia. Tal y como dijo la ministra de Defensa a principios de mes en el Congreso, estaría operativa al cien por cien en un máximo de 48 horas.

Y el resumen de la operación para el máximo responsable militar, el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general Miguel Ángel Villarroya, es claro: «Balmis ha corroborado que somos un instrumento eficaz al servicio de España, materializado en esta crisis en la crucial tarea de salvar el mayor número de vidas posible», escribió en un artículo publicado en este periódico. Una opinión muy similar a la de la ministra de Defensa, Margarita Robles: «Las Fuerzas Armadas han escrito con esta operación una página muy importante en la historia de nuestro país». Palabras que se repiten sin importar a qué mando militar se pregunte: «Las Fuerzas Armadas se han mostrado como una herramienta útil y eficaz para paliar los efectos de la pandemia» (JEME). «Han sido útiles, eficaces y nadie lo puede poner en duda» (Jefe de la UME). «La labor de las Fuerzas Armadas ha sido como siempre: dispuestas a ayudar y reaccionando rápido. Sin contar ni los días ni las horas» (comandante del MOPS). Ya lo dijo el JEMAD: «En tiempos de guerra, todos los días son lunes».