El sector crítico estalla: “El batacazo en las urnas es de la dirección”

Ante el batacazo electoral en Galicia y País Vasco resurgen las voces que censuran al vicepresidente y a la dirección: "los espacios del cambio no sirven si se piensan solo como un lugar en el que unas personas dirigen y gestionan"

En mayo el partido se creía había asegurado salir inmune de cualquier traspiés. Renovando la dirección del partido, acabando con los últimos coletazos del errejonismo y anticapitalismo, que ya se encontraban ausentes, pero todavía formaban parte de la dirección. Desaparecían de la misma, la vicepresidenta tercera del Congreso, Gloria Elizo o el eurodiputado y anticapitalista, Miguel Urbán. Anteriormente también se habían «divorciado» ya de la sombra de Teresa Rodríguez, la entonces líder de Podemos Andalucía, que iba cuestionando cada paso que el partido daba para acercarse al PSOE. La postura crítica de Íñigo Errejón era ya un mal sueño también. Lejos ya de esos «lastres» confirmaba Pablo Iglesias entonces una dirección totalmente acrítica, de confianza. Con ello se pretendía que en escenarios de caos, en tormentas electorales –como el actual, tras el batacazo del 12-J– el partido no se derruyera por dentro. Ese objetivo, de momento, se encuentra superado, no hay detrás del timón facción crítica, ni se la espera.

Sin embargo, la imagen que no ha podido frenar Podemos es la de las duras críticas que ya formulan sus propios ex dirigentes, los que por una u otras razones abandonaron el partido o fueron relegados por defender tesis contrarias a las moradas.

A viva voz este domingo y el lunes, las frases lapidarias se multiplicaban para pedir responsabilidades y señalar directamente a la figura del líder de Podemos y vicepresidente del Gobierno, Pablo Iglesias y a su dirección por el batacazo autonómico –cerca de 300.000 votos en el conjunto de Galicia y País Vasco– mientras que el sector oficial rehusaba acusar en primera persona los resultados.

El sector crítico avisa ya de que la actual dirección no puede dirigir las culpas hacia los candidatos. En estos días en Podemos existía el temor a unos malos resultados por las apresuradas campañas de respaldo a candidatos desconocidos, como es el caso de la líder en País Vasco, Miren Gorrotxategi o el gallego –con más presencia pública por su escaño en el Congreso– , Antón Gómez-Reino. «El batacazo hay que apuntárselo a la dirección», repetían ayer una y otra vez desde varias ex corrientes, que penalizan el hecho de que el partido haya dedicado todos sus esfuerzos hacia su acción dentro del Gobierno y haya descuidado la actividad de engrasar la maquinaria interna. Apuntan, además, al hecho de haber vivido una campaña dirigida desde Madrid.

El más directo de los ataques y ensordecedor llegó en la misma noche electoral de la mano del ex líder de Podemos Madrid, Ramón Espinar, que evidenció que la crisis en su ex formación llegaba por la falta de autocrítica interna. Culpó a la dirección del batacazo por convertir el partido «en un solar sin que nadie moleste». Profirió críticas por la «endogamia» de sus dirigentes y por su «sectarismo» o, «autoritarismo». En su análisis, «cuanto más poder acapara la dirección, más desastrosos son los resultados». Pero no fue el único. Las reprimendas también llegaban por parte de uno de los máximos colaboradores de Iglesias en un pasado ya lejano, Íñigo Errejón, el actual líder de Más País, que cargó contra la hoja de ruta morada de tratar de sumar en los territorios junto al resto de partidos de izquierda. Según su análisis lo que hacía falta no era «unir a la izquierda» sino «construir pueblo», en una clara referencia a la necesidad de Podemos de fortalecerse con la clase popular y a la interna. «La alternativa popular será confederal y plurinacional o no será», sentenciaba para después vaticinar el fin de Podemos. «Ya no existe», aseguraba. «Existe una cosa que se llama UP y que tiene los resultados de siempre de IU», criticaba. En la recomendación hacia «construir pueblo» también coincidía el cofundador de Podemos Juan Carlos Monedero, que aunque reconocía que Podemos «ha cambiado la política» –por su entrada en el Gobierno– «sigue sin dedicar el grueso de sus energías a lo que debe, construir partido».

Más críticas en esta misma línea llegaban desde Aragón, donde el ex secretario general autonómico –que continúa dentro de la dirección autonómica– avisaba de que era necesario asumir responsabilidades y definir el futuro para «no repetir errores». Apuntaba además a Pablo Iglesias y a su dirección. «Los espacios del cambio no sirven si se piensan solo como un lugar en el que unas personas dirigen y gestionan». En su opinión «los liderazgos y el poder deben compartirse y distribuirse».

Las llamadas de atención continuaron ayer desde el sector anticapitalista –rama muy crítica con la entrada en el Gobierno y por la que finalmente escenificaron su portazo este mismo año– en palabras del dirigente Raúl Camargo, el batacazo se entiende en haber canalizado el perfil de ser el «subalterno» al Partido Socialista. «La estrategia ha sido la de ofrecerse como bisagra de gobiernos con el PSOE y con BNG y Bildu. Y cuando se hace eso la gente suele preferir votar a los grandes antes que a los subalternos», Unas críticas que parece que van a continuar y a «naturalizarse» en los próximos días.