Así son los planes militares contra la Covid en la “nueva normalidad” o en “Balmis II”

Las Fuerzas Armadas, listas para volver a activarse en una nueva operación frente al virus. En seis horas se desplegarían los primeros uniformados y en 24 tendrían en la calle a 1.000 efectivos

Las Fuerzas Armadas tienen todo listo por si, al igual que ocurrió el 15 de marzo, reciben la orden del Gobierno de desplegarse para luchar contra el coronavirus en la que sería la «Operación Balmis II». Pero hasta que ese día llegue –si llega– también están preparadas para llevar a cabo apoyos puntuales por toda España sin que se haya activado ninguna misión, como han hecho en las últimas semanas en Albalate de Cinca (Huesca), Lepe (Huelva) o Las Palmas de Gran Canaria, instalando campamentos. Pase lo que pase, cuentan con una serie de planes para una u otra situación y ya han determinado que, si vuelve el estado de alarma o se reactiva «Balmis», los primeros uniformados estarían actuando en apenas seis horas.

A continuación, resumimos los diferentes planes que han preparado para desplegarse tanto en esta «nueva normalidad» como en una segunda operación:

1. «NUEVA NORMALIDAD»

El 21 de junio, con el fin del estado de alarma se dio por concluida «Balmis». En ese momento se desmanteló la estructura operativa que centralizaba, a través del Mando de Operaciones (MOPS), las cientos peticiones de ayuda que llegaban. Sin embargo, el Ministerio de Defensa ha diseñado una red más simple para gestionar los apoyos puntuales que puedan prestar los militares en esta «nueva normalidad» y que forma parte del «Plan de Respuesta Temprana en un escenario de control de la pandemia por Covid-19», con el que no sólo coordinará esos «apoyos excepcionales», sino que también marca la línea a seguir para hacer frente a una segunda oleada.

· «Núcleo Covid»

Para dar respuesta a eses peticiones, como la de Lepe, Defensa ha creado una estructura bajo la dirección de un oficial general de la Secretaría General de Política de Defensa (Segenpol). Las peticiones ya no llegarán al MOPS para que las distribuya entre los diferentes Mandos Componentes (Tierra, Aire, Armada y UME), sino que las recibirá este núcleo, que cuenta con una célula de gestión y análisis y un centro de situación. A él llegarán las solicitudes de las Delegaciones de Gobierno, las cuales se evaluarán y, si se autorizan, se dará traslado a los Ejércitos o la Armada.

· Rastreadores militares

Una de las claves para el éxito de esta operación es que el personal militar no se contagie. De ahí que, además de unas medidas de higiene y protección más exigentes, se vaya a crear un sistema de detección precoz compuesto por rastreadores militares para llevar a cabo esa tarea en el seno de las Fuerzas Armadas. Uno de los «pilares de la respuesta temprana» que estará a disposición de las comunidades autónomas.

· Capacidades y protección

Es otra de las claves de este Plan y se centra tanto en la protección de los uniformados como en la disponibilidad de los medios y capacidades que pueden aportar las Fuerzas Armadas. Por un lado, hace hincapié en la necesidad de preparar las capacidades militares frente a un incremento de la transmisión que pueda derivar en una segunda oleada. En este punto, considera clave dotar a la Red Sanitaria de Defensa de una mayor capacidad. Se refiere sobre todo a los hospitales militares de Madrid (Gómez Ulla) y Zaragoza, los cuales contarán con camas y personal suficientes, además de con reservas de equipos de protección. Durante el estado de alarma, estos centros duplicaron su capacidad y en el caso del de Madrid, además, tuvieron que habilitar el gimnasio con 59 camas y una planta generadora de oxígeno.

Pero también se fija en el Centro Militar de Farmacia de la Defensa para la preparación de medicamentos, soluciones desinfectantes o mascarillas y en el Centro Militar de Veterinaria, capacitado para la realización de test.

Por otra parte, considera clave la protección del personal militar (operativo y sanitario), por lo que marca unas medidas para evitar los contagios. Entre ellas, destaca el uso obligatorio de la mascarilla en todo momento. Además, pone la vista en los lugares con elevada concentración de personas, como las celebraciones castrenses (pudiendo cancelarlas) y los centros docentes militares, en los que se intensifican las medidas higiénicas y se realizarán test rápidos de anticuerpos de forma aleatoria durante el curso.

Unas medidas todas estas con las que se quiere contribuir a evitar una nueva oleada. Pero si volviésemos a una situación como la del 15 de marzo, tienen preparados sus planes de contingencia para adaptarse a la nueva situación.

2. «OPERACIÓN BALMIS II»

Si la situación empeora y desemboca en una nueva oleada, las Fuerzas Armadas también tienen prevista la reactivación de la «Operación Balmis», lo que implicaría acabar con la estructura centralizada en la Segenpol y pasar a lo que funcionó en la primera: un Mando único para centralizar las peticiones de ayuda (MOPS), y los diferentes Mandos Componentes para canalizarlas y llevarlas a cabo. Y aunque el mando y la coordinación recaería de nuevo en el Estado Mayor de la Defensa (EMAD), los ejércitos preparan sus unidades con órdenes de planeamiento para estar listos para desplegarse en cuanto se dé la orden. Todas sus capacidades están al servicio del Ejecutivo. Además, durante el estado de alarma y tras él Defensa ha adquirido numeroso material de protección y sanitario, como mascarillas, respiradores o tests.

· Estado Mayor de la Defensa

Es, a grandes rasgos, quien dirigirá «Balmis II», delegando en el MOPS la coordinación y gestión. Este mismo mes, el Jefe de Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), general Miguel Ángel Villarroya, promulgó el plan de contingencia para enfrentarse a una segunda ola, que prácticamente reproduce el esquema y la estructura de la primera «Balmis», pues trabajan con la hipótesis de que la situación será muy similar. Con una diferencia: cuentan con lecciones aprendidas, necesidades identificadas, procedimientos más ágiles y, sobre todo, una reserva operativa (para los que intervengan directamente) de material de protección para unos 40 días. Además de otra para los que no participen, como el personal que desempeña otras tareas o los alumnos.

Esa hoja de ruta, por ejemplo, establece que toda la estructura de la operación estaría lista en 48 horas, aunque la «punta de lanza», el primer esfuerzo contra el virus, podría estar en la calle en seis horas. De esta forma, las peticiones de ayuda llegarían al MOPS, en cuyo Centro de Operaciones Conjuntas se estudiarían para, en caso de autorizarlas, trasladarla a los diferentes Mandos Componentes. Así pueden dar salida a un elevado número de peticiones, las cuales en los peores momentos de la pandemia llegaron a 600 diarias, con más de 8.000 militares desplegados, Y aunque es el EMAD el que, en general, dicta los planes de contingencia para las Fuerzas Armadas, cada Ejército se prepara para no dejar nada a la improvisación.

· UME

El 15 de marzo, la Unidad Militar de Emergencias fue la punta de lanza de «Balmis» y en pocas horas puso en la calle a 900 militares. Ese primer esfuerzo recayó en ellos por dos motivos principales: por su alta disponibilidad y por su capacidad de reacción para hacer frente a cualquier catástrofe. Sin embargo, en esta ocasión ese despliegue inicial podría compartirlo con el Ejército de Tierra, ya que no sólo les supera con creces en número, sino que cuenta con equipos NBQ (Nuclear, Biológica y Química) y muchas de sus unidades fueron formadas por la UME en tareas de desinfección, actuando sobre todo en residencias de ancianos. Además, ésta última está inmersa en la campaña contra incendios, con la mayoría de sus efectivos involucrados.

De ahí que esta unidad haya elaborado un plan, bautizado como «McLeod», para conjugar esa lucha contra el fuego con una posible batalla contra el virus. Un documento que conjuga varias órdenes de planeamiento: las medidas de protección para sus efectivos que pusieron en marcha diez días antes del estado de alarma («Plan Coraza»); las especiales de cara a la campaña de incendios, en la que tienen previsto realizar hasta 20 operaciones y en la que las unidades cuentan con un núcleo disponible por si fuese necesario su despliegue frente al virus, y su sistema de respuesta temprana de cara a una segunda oleada, que incluye una reserva de material de protección para seis semanas.

La Unidad, con batallones repartidos por todo el país, tiene preparados equipos de descontaminación del Grupo de Intervención en Emergencias Tecnológicas y Medioambientales (GIETMA) que, de ser necesario, se desplegarían inmediatamente en esos batallones como refuerzo. Además, cada uno de ellos contaría con la disponibilidad de un pelotón (una veintena de efectivos).

En concreto, si la UME vuelve a ser requerida para actuar, los primeros efectivos estarían en la calle en seis horas y en 24 ya podría desplegar 1.000, que serían 1.500 en unas 48 horas.

· Ejército de Tierra

El Ejército más numeroso de todos es uno de los que más capacidades aporta y de los que más se han preparado ante una nueva oleada. Sobre todo, en lo que afecta a sus unidades NBQ, pero también al Mando de Ingenieros o al Mando de Apoyo Logístico, claves para levantar hospitales o campamentos temporales y para el transporte, tanto de material como de alimentos. Desde el propio Ejército aseguran que sus planes se basan en lo que ya hicieron en «Balmis» y en lo que les marca el EMAD.

Eso sí, si así se decidiese, en esta ocasión podrían formar parte de esa punta de lanza como apoyo a la UME, pues cuentan con unidades con capacidad NBQ y equipos formados en esta materia para poder desinfectar zonas críticas. El referente en este punto es el Regimiento de Defensa NBQ «Valencia 1» el referente de esta batalla.

· Ejército del Aire

Al igual que en la primera «Balmis», será clave en labores de transporte, por lo que tiene disponibles todas sus aeronaves, sobre todo los ocho A400M, que durante el estado de alarma realizaron varios vuelos a China y otros países para recoger material sanitario.

Pero también ofrece sus capacidades médicas de dos formas. Por un lado, es capaz de medicalizar cualquiera de sus aeronaves para trasladar enfermos, desde los citados A400M (podría llevar hasta a 19 pacientes) o los C-295 (hasta ocho enfermos) a los de transporte VIP, como el Airbus A310 (capacidad para unos 15) o los Falcon (tres pacientes). Sin olvidar los helicópteros como el Superpuma.

En una hora, los efectivos de la Unidad Médica de Aeroevacuación (UMAER) tendrían listas estas aeronaves. Por otro lado, también aporta el personal y medios de la Unidad Médica Aérea de Apoyo al Despliegue (UMAAD) para, por ejemplo, montar una UCI como la que gestionaron en Ifema y que levantaron en apenas 12 horas.

· Armada

Tampoco varía mucho su plan respecto a lo que ya hicieron entre marzo y junio. Siguen poniendo a disposición de las autoridades algunos de sus barcos por si fuesen necesarios para aumentar la capacidad hospitalaria en determinadas ciudades, como ya hicieron con el buque «Galicia» en Ceuta y Melilla. Según cuando se solicitase su activación, se designaría uno u otro dependiendo de su disponibilidad, como los Buques de Asalto Anfibio (BAA), los de Aprovisionamiento en Combate (BAC) o incluso el Juan Carlos I. Todos disponen de capacidad hospitalaria con UCI y en un máximo de 72 horas, las unidades y el propio buque estarían listos para desplegarse.

En cuanto a personal, mantienen como primera fuerza de actuación a las unidades de Infantería de Marina, siendo de especial importancia la Sección NBQ de la Brigada de Infantería de Marina. Eso sí, de ser necesario se podrían organizar y adiestrar unidades de marinería para labores de desinfección básica y apoyo logístico.

Sobre las reservas de material, confirman que «están centralizadas», ya que en una nueva «Balmis» pasarían a depender del EMAD. Sin embargo, sus unidades disponen de material para actuar en los primeros días (de tres a cinco) mientras se recibe el primer envío.