“No somos fachas, somos patriotas”

Los voluntarios que plantaron enseñas en Madrid y Valencia se defienden: «El homenaje a los fallecidos no es una cuestión de ideología»

De nuevo, la bandera de España se ha convertido en el centro de la polémica. Los dos actos convocados por Anvac, uno en Madrid y otro en Valencia, con la intención de homenajear a las víctimas del coronavirus, han sembrado no solo una ristra de enseñas patrias en memoria de los fallecidos, sino también un acalorado debate con amenazas, visos de multas y encontronazos políticos de por medio. Desde que hace dos semanas 53.000 banderas inundaron el Parque de Roma de la capital y más tarde redibujaron el horizonte de la playa levantina de La Patacona, las redes se han incendiado y los participantes (voluntarios) que «sembraron» ambos espacios con la bandera de España, han sido de nuevo tachados de «fachas», «nazis» y «oportunistas». Pero ¿qué se esconde detrás de este movimiento? ¿Cuál era la verdadera intención de quienes participaron en los actos? ¿Se quiso hacer un uso partidista de la bandera?

Hablamos con varias personas que, tanto en Valencia como en Madrid, se pegaron un buen madrugón para preparar el homenaje. «Quedamos sobre las cinco de la mañana. Me lo comentó un amigo el día anterior y no dudé en sumarme porque siempre apoyo causas solidarias y en favor de ayudar a las personas que lo necesitan. Eso sí, me dijo que no lo comentara demasiado porque se haría en máximo secreto para evitar que otras personas acudieran a boicotearlo», relata Ángel, de 42 años, desde Valencia. Más de doscientas personas se dieron cita aquel día y, en un respetuoso silencio e, incluso, algunos entre lágrimas, fueron colocando una a una las enseñas.

«El único objetivo era dar nuestro apoyo a las víctimas, no solo a los fallecidos, sino a quienes siguen sufriendo, a las que están enfermas, a quienes han perdido su trabajo... Y hacerlo a través de una bandera es algo bonito porque nos engloba a todos como españoles», añade el valenciano, que no entiende «cómo puede alguien ofenderse por un acto tan respetuoso como éste. Demuestra muy poca empatía quien lo critica». Según él, si se hubiera querido dar más importancia a una bandera que a las víctimas, se hubiera colocado «solo una enorme en vez de varias pequeñas»: «Estos homenajes se están utilizando como arma arrojadiza contra Anvac, que es una asociación que sólo busca ayudar a los afectados por la pandemia, demostrarles que no están solos, que un futuro es posible».

Desafección por los símbolos

Pese al cariz político que ha tomado el asunto, Ángel niega que exista una intención política detrás. «Me resulta terrible e injusto que, mientras en Cataluña se está soportando que los independentistas llenen de lazos amarillos calles y playas sin que nadie se lo impida, a nosotros se nos critique y se nos quiera multar», afirma en alusión a la sanción de 30.000 euros a la que ahora se enfrenta Anvac por no haber solicitado los permisos oportunos. Algo que, al parecer, no fue exigido en Madrid. Precisamente en la capital nos citamos con Chon, Jesús y Miguel. Los tres participaron en el acto pionero que dejó sin palabras a los que circulaban hace dos semanas por la M-30 y vieron el Parque de Roma teñido de rojigualda.

«Allí nadie preguntaba, no fue una cuestión de ideología ni de partidos, solo una muestra de apoyo a los que lo están pasando mal», cuenta Chon, de 59 años, que como un clavo se plantó a las seis de la mañana en este punto céntrico de Madrid. Para ella, la elección de la bandera como representación de los fallecidos (que Anvac ha situado en 53.000 frente a los casi 33.000 que recoge el Ministerio de Sanidad) es acertada, ya que «se trata de lo único que nos une a todos los españoles. Yo nunca he sido de ningún partido, pero lo que sí defiendo es mi país y lo seguiré haciendo siempre, la política me importa tres pimientos. ¿Tanto molesta representar a los fallecidos con banderas? Se podían haber puesto cruces, pero creo que era más acertado hacerlo con una enseña de unidad».

Al igual que Chon, Jesús explica que en otros países como Francia y Estados Unidos muestran una afección por los símbolos de su país que aquí «desgraciadamente no ocurre. En España se puede pisar una bandera y nadie dice nada. Fuera de nuestras fronteras es un orgullo lucir un símbolo de tu patria, aquí parece que no, y quienes los hacemos nos tachan de fachas. Es absurdo». «Las banderas no hacen daño. En este caso, cuando estábamos plantándolas en el parque y levantabas la cabeza y veías todas juntas, nos emocionábamos», apostilla Chon.

«Creo que lo de la multa que quieren poner a la asociación que lo organizó es intimidación, una medida disuasoria para evitar que lo hagamos más veces, pero no nos silenciarán. Estamos hartos, creo que no se ha tratado con dignidad a la gente que ha fallecido ni a los que de manera directa nos está afectando esta pandemia», analiza Jesús. «El Gobierno nos ha dejado de lado y el problema es que la gente se mueve poco. Yo soy un patriota, pero no soy un radical. Comulgo con cosas del PP, de Vox y también con cosas que hacía el PSOE de antes, no el de ahora. Pero sobre todo amo a mi país», sentencia al mismo tiempo que critica a quienes se quejan de lo que está sucediendo «pero prefieren quedarse en el sofá». «La gente se mueve poco, claro que cuesta levantarse de madrugada para plantar banderas y luego trabajar todo el día, pero debemos luchar por un país mejor, para que dejen de mentirnos y de destrozar nuestro país. Y, por supuesto, para ayudar a los que lo necesitan», dice .

Miguel, que trabaja como hostelero y ha reducido su facturación al 5% desde que se desató la pandemia, suscribe sus palabras y además subraya que al igual que pusieron las banderas, ellos mismos las quitaron «y dejamos todo limpio. Somos gente responsable». Él también está indignado y más aún cuando se ponen en tela de juicio actos como el de la plantada de banderas: «El Gobierno debe enterarse de que no olvidamos, que desgraciadamente de ésta no saldremos más fuertes, sino maltratados y débiles, porque los políticos se han olvidado de nosotros».

Según este madrileño, la gente que los critica son unos «acomplejados» y reclama que se «pase página al pasado y que no sean los detractores quienes devuelvan los fantasmas del pasado. No consentiremos que nos digan fascistas por amar nuestra bandera. Esto no es una provocación, es un acto de respeto a los fallecidos», sentencia. Es más, Miguel ya prepara para mañana una quedada en Boadilla del Monte para celebrar el 12 de octubre. «Espero que nadie venga a tratar de torpedear nuestro homenaje. Estoy acostumbrado a que me amenacen por las redes sociales por defender mi país, pero no pienso callarme. Eso sí, en persona nadie me ha dicho nada. Yo soy alguien tranquilo y no violento, no tolero las malas formas», agrega.

Un sentimiento patrio que le corre por las venas, igual que le ocurre a Beatriz, de 28 años, que se apunta siempre a este tipo de actos «y si se repiten participaré seguro». Para ella, «la victimización de la bandera de España es una realidad, pero es derecho constitucional defenderla y qué mejor manera que utilizarla para mostrar nuestra solidaridad con las personas que han fallecido por Covid». Ella se define como una gran patriota «y para mí, participar en cualquier acto que vaya en esta línea es un honor». Beatriz reconoce que también está acostumbrada a recibir amenazas por las redes. «No entiendo qué tiene que ver un nazi con la bandera de España. Son relaciones erróneas, pero lo malo es que ya nos hemos acostumbrado, aun así nadie nos va a parar», promete. Licenciada en Derecho, Beatriz estuvo durante dos años trabajando en el Ejército de Tierra y este año ha comenzado a opositar a Inspector de la Policía Nacional, además de ser profesora. Quizá por todo este bagaje habla tan claro: «Mi país está por encima de todo, y la defensa de las personas que lo están pasando mal también. El Gobierno no podrá prohibirnos salir a la calle a defender ambas cosas» .

El consultor Alvise Pérez, que también acudió a la cita madrileña, subraya que iniciativas como la de Anvac «están dirigidas a reunir a todos los españoles, de cualquier condición o ideología». Según su punto de vista, «la sociedad civil no se merecía que el tributo a las víctimas partiera de un Gobierno que nos oculta sistemáticamente a miles de muertos, ni el acto fuera aquel cínico aquelarre de políticos con mascarillas de tiburones alrededor de una piedra. Los familiares de las víctimas se merecían y se merecen un acto honorífico sincero y a la altura de su dolor».

Lo que no comprende son los insultos y amenazas que han recibido por participar en este homenaje, «pero esa actitud habla de ellos más que cualquier palabra que yo mismo pudiera utilizar. Tan sólo pedimos respeto, concordia y convivencia. Que nos dejen honrar a nuestros muertos, y que nos dejen vivir en paz».

Sobre su participación en el primer acto de Anvac, subraya que fue una muestra de apoyo muy bien acogida por la mayoría: «Cientos de personas acudieron al Parque de Roma para verlo y a las siete de la tarde ya estaba todo recogido para evitar cualquier daño medioambiental o vandalismo», apostilla. Según él, son cerca de 60.000 personas las que ya han fallecido en España «y claro que todos tenemos casos cercanos de familiares o amigos que han sufrido complicaciones o han fallecido. Todos ellos hablan de la frustración que han sentido».

Un luto merecido

Sobre el acto que tuvo lugar en Valencia y al que él no pudo asistir, reflexiona que «no es comprensible que haya más persecución institucional a unas banderas de España durante unas horas, que a lazos y cruces amarillas y de plástico que llevan años en calles, edificios públicos y playas de Cataluña. Las multas de 30.000€ pretenden coaccionar a quienes nos hemos lanzado a la calle y a la acción contra la mentira, el autoritarismo y la falta de respeto a nuestros muertos».

Para este consultor de 30 años, nos encontramos sumidos en una tragedia nacional «y su luto es el símbolo que representa a tal nación. Una obviedad que ni por asomo se discute en ningún otro país del mundo. En EE UU, Portugal o Italia también han honrado a sus muertos con su bandera», recalca.

De momento, ya hay quienes están pensando en el próximo evento, que según nos desvelan «está muy cerca, pero es secreto. Un día amaneceréis y veréis banderas plantadas en el lugar más insospechado», pronostican.