El PP diseña ya la absorción de Cs

Arrimadas asume oficialmente el «no» a los PGE mientras Génova entierra el España Suma con la vista puesta en la debacle naranja en las catalanas

El PP afila el colmillo y trabaja ya en el diseño de la estrategia «de absorción» de Ciudadanos (Cs). Es una operación a medio, largo plazo, pero que exige, según confirman en Génova, ir acertando en colocar bien los ladrillos desde los cimientos. El lema de España Suma será enterrado en las próximas elecciones catalanas, aunque explícitamente no se plantee nunca en estos términos, e incluso se niegue en el discurso oficial. Se negará, para tapar las incoherencias con lo hecho y dicho en el pasado, aunque los hechos presentes confirmen la decisión de «tumbar» ese España Suma.

La dirección popular está moviendo el timón en un tablero político muy inestable y da un giro a su estrategia para intentar llegar al mismo sitio, a la necesaria reunificación del voto del centro derecha si quieren volver a gobernar el país. En este replanteamiento influyen los movimientos que también ha dado Cs para recolocarse y buscar un espacio de entendimiento con el PSOE, que, como confirmó ayer Inés Arrimadas, han fracasado en la negociación presupuestaria. El nuevo camino del PP renuncia a enmascarar sus siglas bajo otra pancarta y también renuncia a la coalición con los naranjas, que ya probaron en las elecciones vascas y resultó un fracaso.

Génova dice que se siente fuerte y en condiciones de anular a Cs por la vía de los hechos, sin necesidad de «darles ya nada más a cambio». Ayer Cs confirmó su «no» a los Presupuestos Generales del Estado (PGE), después de estirar al máximo el tiempo de mano tendida al PSOE para llegar a un acuerdo. Esta mano tendida la sostuvieron incluso después de que a principios de esta semana Bildu y ERC anunciaran un acuerdo con los socialistas.

En el PP cantan victoria con ese «no» porque confirma, a su juicio, que no hay un espacio intermedio entre su liderazgo y la mayoría de la investidura. Mientras que en Ciudadanos insisten en que han hecho lo que tenían que hacer para marcar su terreno y cargarse de razones para señalar a Pedro Sánchez como el único responsable del pacto con independentistas y Bildu.

Por debajo de los discursos, la realidad es que llegados a este punto el PP ya no aspira a unir siglas, sino a fagocitar las de Ciudadanos de aquí a que se convoquen las próximas elecciones generales. Para ello, serán claves las autonómicas y municipales, que, en teoría, deberían celebrarse antes, y que serán la plataforma desde la que el PP echará ya a rodar, por vía indirecta, su operación de absorción, captando, por ejemplo, a candidatos de Cs.

Este proyecto se sostiene ahora en la idea de que las próximas autonómicas catalanas marcarán el punto de inflexión en el proceso de «derrumbe definitivo» de la formación naranja. Precisamente por esto Génova rectificó su apuesta por el pacto constitucionalista en las comunidades con presión nacionalista o independentista, que fue, por cierto, el eslogan que Pablo Casado enarboló en las elecciones vascas del pasado mes de julio para justificar su decisión de ir en coalición con Cs. Contra el criterio del partido regional y de la mayoría de los barones populares.

Aquello fue un fracaso en las urnas y provocó la caída de la dirección vasca que lideraba Alfonso Alonso, en una crisis que Casado intentó sortear recuperando a un hombre de consenso, el veterano Carlos Iturgaiz, aunque su proyección electoral en aquellas elecciones la dieran por amortizada. Como así confirmó el recuento de votos. Fue la elección del mal menor, después de la equivocación: apagar el fuego interno a costa de asumir que el resultado en las urnas sería malo.

Las futuras elecciones catalanas son, sin duda, el gran reto de Inés Arrimadas, donde se juega su ser o no ser después de que Albert Rivera dejara al partido arrinconado en el Congreso con sus diez escaños. Arrimadas fue la líder de la oposición en Cataluña antes de desembarcar en la política nacional como la «heroína» que había encabezado la lista más votada en las elecciones catalanas de 2017.

El listón está muy alto y el partido todavía está pagando el coste de esta decisión de Rivera de tirar de Arrimadas en Madrid para darse un empujón a él mismo en su campaña hacia La Moncloa. Ante estas nuevas elecciones catalanas, el partido regional está sumido en una crisis de liderazgo y hasta de estrategia.

El PP sabe que sus resultados tampoco serán buenos en Cataluña, y puede que, entre las dos formaciones, en una lista única, hubiesen conseguido más votos y más escaños. Pero el equipo de Casado prefiere apostar por jugársela a asistir a la caída de su adversario político, aun con el riesgo de que la fractura constitucionalista les reste diputados en el Parlamento catalán. Ir en coalición con Cs permitiría «a Arrimadas disfrazar su debilidad», se escucha dentro del PP.

Así, las dos siglas saldrán tocadas de esas elecciones, y con el riesgo de que Vox pueda dar una sorpresa, como hizo en las elecciones vascas al colarse con un diputado en la Cámara de Vitoria. Pero la pelea es un pulso de partidos con una visión nacional y electoral, e ir en coalición con Ciudadanos supondría al PP perder sus siglas en Cataluña porque mandarían las de Arrimadas: Cs-PP, por superioridad en votos y escaños en la actualidad.

Así, partir de las elecciones catalanas, previstas para febrero, pero aún no convocadas oficialmente, el PP mantendrá la cohabitación todo lo ordenada que pueda en las coaliciones autonómicas que mantiene con Ciudadanos, pero con el plan de ir comiendo terreno a su socio según avance la Legislatura. Vamos, que a la marca naranja la dan por amortizada de aquí a las próximas generales. Lo mejor, dicen en Génova, sería la absorción, pero son conscientes de que ningún partido se deja absorber hasta que está en las últimas. «Esto se empezará a producir en las próximas elecciones locales, donde es viable que candidatos de Cs se integren en el PP».

Este proyecto provocará también luchas internas dentro del PP, en unas estructuras orgánicas recelosas de que desde la formación naranja les ocupen puestos de salida en las listas, «pero es una inversión a futuro en clave nacional y el objetivo exige sacrificios de todos», apostillan en la dirección nacional.

Por ejemplo, en el PP hablan de que «el lugar natural» de la actual vicealcaldesa de Madrid, Begoña Villacís, Cs, es acabar dentro del PP. PP y Cs gobiernan ahora mismo en coalición en el Ayuntamiento madrileño. A nivel municipal, las especulaciones apuntan a una incorporación futura de Villacís a las siglas del PP. Mientras que, en la coalición de la Comunidad de Madrid, en lo que está el PP es en «arrasar» a los naranjas, y, con ello, «jubilar» al actual vicepresidente, Ignacio Aguado. De hecho, es difícil que la coalición entre Isabel Díaz Ayuso y Aguado aguante la tensión y competencia personal hasta la campaña de las municipales. En todo caso, si Cs resiste el tirón, los dos partidos concurrirán por separado a las próximas generales. Pero hasta entonces, Casado no atacará en su discurso a Arrimadas. Guante blanco para la operación asalto.