Sánchez apura declarar zona catastrófica Madrid

Los precedentes de desastre e inundaciones se gestionaron en menos de una semana. Marlaska exigió a Almeida un mail con su solicitud de ayuda en plena nevada

El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida , visita este domingo la zona de Arturo Soria, una de las más afectadas por la caída de ramas por el paso de la tormenta Filomena, durante las labores de retirada. Martínez-Almeida pidió a los vecinos que durante los próximos días "no utilicen el vehículo privado" para no obstaculizar la limpieza de las calles de nieve y hielo, y ha anunciado que los autobuses de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) serán gratis hasta el miércoles.
El alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida , visita este domingo la zona de Arturo Soria, una de las más afectadas por la caída de ramas por el paso de la tormenta Filomena, durante las labores de retirada. Martínez-Almeida pidió a los vecinos que durante los próximos días "no utilicen el vehículo privado" para no obstaculizar la limpieza de las calles de nieve y hielo, y ha anunciado que los autobuses de la Empresa Municipal de Transporte (EMT) serán gratis hasta el miércoles.Víctor LerenaEFE

Este martes hay reunión del Consejo de Ministros y si el Gobierno quiere, podría dar luz verde a las primeras ayudas para paliar los daños causados por la borrasca Filomena. No hay ninguna traba jurídica ni burocrática que lo impida. Sí, posiblemente, financiera, porque las arcas españolas están vacías. En plena pandemia, sin la ayuda del BCE, habría quiebra.

En el Gobierno de Rajoy, por ejemplo, todos los reconocimientos de zona catastrófica se produjeron la semana después de que tuvieran lugar los daños. La vicepresidenta del Gobierno, como se hizo en anteriores Legislaturas, está habilitada para elevar un informe al resto del Gabinete con una primera valoración de los daños y su importe. No es necesario, ni siquiera, que esta reclamación se formalice por parte de otras Administraciones territoriales, ya que puede promoverla de oficio el Ejecutivo. Tampoco son necesarios informes periciales precisos.

El Consejo de Ministros, como es costumbre, aprueba un primer Real Decreto, en el que se habilita un crédito inicial, sectorializado por Ministerios. Con una disposición transitoria, que, a su vez, permite que ese crédito pueda ser ampliado en el futuro, o no llegue a agotarse, cuando se dispongan de los estudios e informes periciales definitivos.

Por tanto, si la declaración de zona catastrófica no entra en el Consejo de Ministros de mañana será porque el Gobierno de Sánchez no lo considera oportuno, no porque haya trabas que se lo impidan. Aquí no vale la estrategia de buscar excusas «fake», como sí ocurrió con la rebaja del IVA de las mascarillas, que, según el Gobierno, no se podía aplicar porque Bruselas no lo permitía. Y Bruselas vino, y amonestó al Gobierno de coalición por mentir.

En el caso de las ayudas que reclaman distintas comunidades y ayuntamientos, la voluntad política es la que marca los plazos. Ayudas que, por cierto, no son para esas Administraciones públicas, sino que deben servir, principalmente, para rescatar a los ciudadanos más perjudicados por la tragedia, en este caso, por la borrasca Filomena. Los seguros no cubren muchos de los daños.

Madrid se ha convertido en el símbolo de la pelea política que sigue al temporal de nieve. Y que, así lo ha reconocido hasta el PSOE regional, ha sido «una catástrofe» para los madrileños. Sin perjuicio de que tantos otros ayuntamientos tengan el mismo derecho a reclamar esas ayudas. Municipios de la España interior advierten de que, si Madrid es zona catastrófica, ellos reclamarán porque entienden que la capital trata de tapar con su solicitud el haber gestionado mal el temporal.

La batalla política no faltó ni siquiera en los momentos más angustiosos de la borrasca. Así, el pasado sábado 16, como prueba de la eficiencia de nuestros gestores, cabe describir la escena que recoge a primera hora del día la llamada del alcalde de Madrid, José Luis Martínez-Almeida, al ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, para pedir la ayuda de Protección Civil. La respuesta del ministro fue que había unos protocolos, al margen de la urgencia de la situación, que había que cumplir. Y que exigían que desde la Alcaldía se remitiese un mail a la Dirección de Protección Civil, con el detalle de dónde, qué y cuándo. El detalle, no menor, es que todo Madrid estaba colapsado.

En este repaso de la gestión política, desde las autoridades madrileñas también reconocen que otros ministerios, como el de Fomento, que dirige José Luis Ábalos, sí han estado a la altura de las circunstancias excepcionales provocadas por la nevada histórica. Ábalos ha ayudado «en todo lo que ha podido y con los instrumento que tenía a su alcance». Lo mismo dicen de Defensa.

Pasó la borrasca, sigue la nieve, y el Gobierno filtra informes contra el Ayuntamiento, y Almeida se quejaba ayer de que le hagan la zancadilla. Una semana después de que Filomena ahogara media España con toneladas de nieve, en la capital las calles secundarias siguen prácticamente intransitables. Los colegios siguen cerrados en toda la región y la basura se amontona en muchas esquinas. Una radiografía que sirve a otras Administraciones municipales para cuestionar la falta de previsión de las autoridades madrileñas, en comparación con lo que se ha hecho en otros pueblos con menos recursos. «Lo justo sería que a los recursos podamos acceder todos los que hemos sufrido el temporal»: es la demanda que se escucha desde la España interior. Las autoridades de Madrid comparten esa reivindicación. «Para los mismos daños, las mismas ayudas».