“Esto va contra el sistema”. El guardia que llevaba tabaco negro y rubio para ofrecer

Algunas anécdotas vividas el 23-F en el Congreso de los Diputados

El teniente General Gutiérrez Mellado y el presiente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, demostraron un temple y una gran valentía nada más producirse el golpe
El teniente General Gutiérrez Mellado y el presiente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, demostraron un temple y una gran valentía nada más producirse el golpeTiempoTiempo

“No se preocupen. Esto no va contra ustedes, sino contra el sistema. Y ustedes no son del sistema, no?”. El guardia civil que había accedido a la tribuna de prensa y que, en un alarde agilidad, se había puesto en pie sobre el escritorio (alguien le comentó del peligro de esta maniobra, pues podía caer al hemiciclo), eran de los que sabían de qué iba todo aquello o, al menos, se había enterado sobre la marcha, a la vista de los acontecimientos. En cualquier caso, era un agente que obedecía órdenes y que, curiosamente, llevaba tabaco negro y rubio, para ofrecer.

Algunas semanas después del intento de golpe, con ocasión del partido que organizó la Benemérita en el Estadio Vallehermoso, entre periodistas y agentes del Cuerpo (ganaron los “verdes), en una especie de acto de “reconciliación” después de las tensiones vividas, y al que siguió un almuerzo en un restaurante de El Pardo, reconocí a algunos de los agentes que habían entrado en el Congreso de los Diputados. Y les comenté lo de aquel guardia, al que conocían por un apodo relativo a un país asiático.

A la pregunta sobre la pertenencia al sistema o no, nadie le contestó. El sistema era la Democracia que iba echando raíces no sin dificultades (allí estábamos con una de las peores) y la Prensa, ejercida en libertad, formaba parte de dicho “sistema”, no era ajena a la Transición que, de alguna manera, tuvo aquel día, gracias al fracaso de la intentona, su punto y aparte.

Tirados en el suelo en la tribuna de prensa, un compañero, creo recordar que de una cadena de radio, me preguntó: “Zulo, esto qué es?. Había conseguido ver, a través de las rendijas de la barandilla de la tribuna, al teniente coronel Tejero. No había duda. “Un golpe de Estado”, le conteste. “No me jodas”, exclamó.

En los primeros minutos, esta misma mañana se lo oía comentar a otro compañero en una emisora de radio, algunos pensamos que estábamos ante un asalto de ETA. No hacía mucho tiempo que miembros de la banda, con uniformes de la Guardia Civil, habían asaltado el polvorín de Soto de la Marina, en Cantabria, y se habían llevado una importante cantidad de explosivo.

Pero no, no era la banda criminal, una de las causantes indirectas del golpe por el ambiente de desestabilización que había creado en la sociedad española con sus continuos atentados, en especial en 1979 y 1980, los peores “años del plomo”. De hecho, algunos guardias, con los que, pasados los primeros de tensión se podía dialogar, justificaban su actuación en una reacción contra ETA. Al menos algo de eso les debieron decir cuando les subieron a los autobuses en el Parque Móvil.

Era un golpe de Estado, con todas sus consecuencias. Sólo la acción de Su Majestad el Rey Don Juan Carlos evitó que esos días acabara la Democracia. Hoy, está ausente de España, pero somos millones los que le agradecemos su labor frente a los que, sin haber vivido aquellos tiempos, se quieren cargar el régimen nacido de nuestra Constitución.

Además de las de la tribuna de prensa, se pueden contar decenas de anécdotas, vividas entre la emoción de estar ante un acontecimiento histórico y, por qué no decirlo, el miedo, el temor, ante las consecuencias que podría tener todo aquello.

Antes de que Tejero decidiera echarnos del Congreso a los últimos periodistas (otro grupo había salido anteriormente y pudieron informar de lo que allí pasaba) algunos guardias se sentían realmente preocupados (alguno lloraba) ante lo que les podía ocurrir en el futuro. Eran conscientes de la barbaridad en las que les habían embarcado. Le comenté a u cabo primero, que custodiaba una de las pocas líneas telefónicas que estaban operativas, al lado de la sala de prensa, por cuyas ventanas saltaron algunos guardias en la mañana del 24-F, el día que no estaban dando. Me contestó: “pues imagínese para mí, que me caso dentro de unos días”.

Uno de los colaboradores directos del que iba ser presidente del Gobierno, Leopoldo Calvo Sotelo, tras escuchar el bando de Milans del Bosch, leído en el patio que conduce del edificio antiguo al nuevo, debajo de lo que llamábamos el “puente de los suspiros”, me dijo: “Zulo, hay que ponerse en contacto con los militares demócratas para frenar esto”. Claro que los había, como quedó demostrado, uno de ellos vilmente asesinado por ETA, el general Quintana Lacaci, pero la posibilidad de establecer contacto desde allí era nula.

Acostumbrado a deambular por el Palacio del Congreso, me topé un par de veces con Tejero. Estaba pendiente del teletipo de la agencia Europa Press, en la que trabajaba como redactor de información política. Tejero leía y arrancaba las noticias que salían por dicho teletipo, situado en un pasillo, a la derecha de la entrada del edificio del Congreso. Las noticias que leía, salvo el bando de Milans del Bosch, no le gustaban en absoluto. Tenía un cabreo...”Normalidad en el Cuartel General del Ejército”, “Normalidad...” y la que publicó mi compañero Mariano González, uno de los que había salido, en la que se detallaba lo ocurrido. La blandía en la mano y me crucé con él, no sin sentir un escalofrío por si me preguntaba quién era. No había pasado mucho tiempo desde el asalto y Teejero ya no las tenía todas consigo. Me volví a la tribuna por si acaso, hasta el siguiente paseo, siempre intentado contactar con la agencia.

Algunos tuiteros me han hecho algunas preguntas sobre lo ocurrido.

-¿No había nadie protegiendo el parlamento cuando entraron los guardias civiles?

Sí, la dotación de protección de la Policía Nacional, que fue sorprendida por la irrupción de unos agentes de otro cuerpo policial que no podían, en un primer momento, ser visualizados como “enemigos”. Además, los escoltas de los miembros del Gobierno y otras personalidades, también sorprendidos por la irrupción de Tejero al frente de los agentes de la Benemérita. No se puede criticar a la Policía (sí a los servicios de información, que tendrían que haber aportado los datos para parar el golpe). Algunos periodistas, entre los que estaba, firmamos un documento destacando la labor del comisario encargado de la seguridad. Supongo que ese documento se conserva en algún sitio.

2- ¿Quién era el elefante blanco?

Lo desconozco. Podía ser una clave de actuación. De haberlo, sin duda el general Armada.

3-¿Qué era exactamente lo que querían conseguir estos “golpistas” con este acto violento?

Se ha hablado de varios golpes a la vez. Para un periodista parlamentario, testigo directo de la intentona, la finalidad no podía ser otra que la de acabar con la Democracia. Cuando se retiene por la fuerza al Gobierno, a los representantes del pueblo y a los medios de comunicación, el objetivo está claro. Después se ha escrito mucho y, si como parece, la intención de Armada era convertirse en presidente del Gobierno por la vía de la fuerza, con algunas complicidades, hubiera sido, con el paso del tiempo, el final de la Democracia. La historia de España demuestra que este tipo de cosas no tienen un buen resultado.

4-¿Qué es ahora de Antonio Tejero, autor del golpe de estado fallido?

Por lo que leo, lleva una vida familiar y no quiere hablar de lo ocurrido. Debería hacerlo, o al menos dejarlo escrito. Sería una aportación importante a la historia de aquellos días, independientemente de la valoración que cada uno le diera.

5-¿Cómo crees que habría sido el periodismo si ese Golpe hubiera salido adelante?

Es difícil decirlo. Un golpe duro habría acabado con las libertades y el ejercicio del auténtico periodismo, muy complicado y sometido a todo tipo censuras y peligros. Ni siquiera el plan de Armada hubiera garantizado la libertad de prensa, por más que sus promotores creyeran que todo seguiría igual. Al Parlamento se llega por la vía de las elecciones, no por la vía de la fuerza.