Ione Belarra, líder con solo el 38,4% de participación

Se impone como sucesora de Iglesias en una proceso de trámite, pero que se salda con el apoyo de las bases más bajo desde 2014

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Sin sorpresas. Ione Belarra recibió ayer el aval de las bases moradas para convertirse en la sucesora de Pablo Iglesias al frente de Podemos. Si bien se trataba de una Asamblea Ciudadana de puro trámite, lejos de aquel Vistaslegre II donde sí confrontaban tres proyectos políticos combativos con el fin de cambiar el rumbo del partido–Iglesias, Íñigo Errejón, y Teresa Rodríguez como cabezas de lista– cuatro años después el escenario y la situación era distinta. Podemos se enfrentaba este fin de semana a una renovación de liderazgo a pasos forzados –tras la dimisión de su secretario general por los resultados del 4-M– y bajo el reto de llevar a cabo una reforma estructural de la fuerza política que nació bajo un gran impulso ciudadano y que hoy adolece del mismo como demostraron ayer los resultados que proclamaron a la ministra Ione Belarra como líder de Podemos.

A pesar de los esfuerzos de la formación por llamar a la movilización de sus afines, de la campaña enormemente dedicada por parte de la candidata oficial y ministra de Derechos Sociales, el partido sigue acusando el mismo problema que ya despuntaba bajo el liderazgo de Iglesias; la movilización de sus afines. El proceso de primarias para elegir al nuevo secretario general contó con una participación de 53.443 personas de las 139.000 inscritos e inscritas del censo activo del partido que estaban llamadas a votar en este proceso asambleario, es decir el 38,4% de participación. La cifra se registra como la más baja de las cuatro asambleas ciudadanas que ha celebrado el partido desde su fundación, en octubre de 2014, cuando el partido logró movilizar a 107.488 simpatizantes. Tres años después, en Vistalegre 2, la asamblea que causó la máxima división en el partido por la disputa por el control del partido entre Iglesias e Íñigo Errejón, la participación se elevó hasta las 155.190 personas. En 2020, en plena pandemia, comenzó a dispararse el desgaste de las bases moradas; Iglesias revalidó por tercera vez su liderazgo con tan solo la participación de 59.201 personas.

En total, entre Vistalegre III y IV –o Alcorcón I, debido al cambio de emplazamiento elegido– el partido se ha dejado a 5.758 inscritos por el camino. Unos datos que también han afectado de lleno al apoyo de la nueva secretaria general, quien ha conseguido 5.414 apoyos menos que Iglesias hace un año, más de 100.000 si se compara con la época más álgida de los morados, en Vistalegre II. Belarra ha recabado 47.753 votos (el 88,7% de la militancia ) frente a a los 3.106 votos cosechados por el crítico Fernando Barredo y los 2.730 de su otro rival, Esteban Tettamantti. Una cifra a la que el partido prevé poner solución de inmediato, puesto que la apuesta de la nueva dirección –que aún debe ser ratificada en las próximas semanas– es la de «crecer» en militancia, resolver los problemas de implantación en los territorios, causa por la que los morados han perdido músculo electoral, como quedó demostrado tras los comicios gallegos y vascos en 2020 y en último lugar, en Madrid donde, a pesar de mejorar el resultado de 2019, no lograron una suma de izquierdas posible para desbancar al PP de Isabel Díaz Ayuso.

El partido que liderará Belarra –pero de manera coral y feminista para dejar atrás el periodo encarnado por la figura hiperpersnalista de Iglesias– bajo el coliderazgo de la ministra de Igualdad, Irene Montero, la secretaria de Estado de Igualdad, Noelia Vera y la portavoz de Podemos, Isa Serra, está decidido a recuperar tanto a la militancia perdida como al elector desencantado que en las elecciones autonómicas y municipales de 2019 y 2020 decidió dejarle fuera de parlamentos autonómicos como Castilla-La Mancha, Cantabria o Galicia.

Es por ello que, en su primer discurso como secretaria general, Ione Belarra prometió «dejarse la piel» para llevar a su formación «lo más lejos posible» con el fin de estar «más fuerte que nunca» para salir a ganar las próximas elecciones generales. La también ministra insistió en que en esta nueva etapa «Podemos tiene que crecer», asumiendo la desmovilización de sus bases pero bajo el mantra de que no se conformarán. Reivindicó su convicción por un Podemos «plurinacional» y llamó a enraizar a su formación en los territorios.