El último día de Iván Redondo: De Son Goku a Jordan

El domingo recogió su despacho tras ser cesado por Pedro Sánchez

Iván Redondo
Iván RedondoEUROPA PRESS/E. Parra. POOL Europa Press

Iván Redondo fue a recoger sus cosas el domingo por la mañana tras ser cesado por el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez.

Tras varias semanas de especulaciones, Pedro Sánchez daba un paso adelante y remodelaba su Gobierno. Entraban en el nuevo Ejecutivo Isabel Rodríguez (Política Territorial y portavoz), José Manuel Albares (Exteriores), Pilar Llop (Justicia), Diana Morant (Ciencia) y Raquel Sánchez (Transportes). Y Óscar López a la dirección del Gabinete de Presidencia del Gobierno.

Iván Redondo estaba solo en el ala oeste del Palacio de Semillas. Hacía días que había tomado la decisión de cerrar una etapa de su vida, corta vida porque apenas tiene 40 años, y en esos momentos estaba poniendo hilo a la aguja.

En Madrid hacía calor y dentro de su despacho todavía más. El ajetreo de recoger papeles y objetos personales le hizo sudar. Tomo la decisión de sentarse ante la que ha sido su mesa de trabajo desde junio de 2018. Han pasado tres años, un mes y una semana.

Fue un momento para pensar. Se acordó en esos instantes de soledad, de intimidad, de los más cercanos, como se acordó en su toma de posesión. «Quiero agradecer a mi ama por toda la fuerza que me ha dado, porque es una luchadora; a mi mujer Sandra, a José Ramón y a Mari Luz –sus suegros–, a mis hermanos, que hoy están aquí. A mi hermana Lourdes, a mi hermano Manu y a mi hermano Txema, a Paula –su sobrina–, a todos los que me conocen que hoy están aquí, muchas gracias. Y, por supuesto, a mi hermana Esperanza, que no está con nosotros y a la que yo no pude conocer, pero allí desde el cielo siempre está cada vez que estoy haciendo algo».

Era un momento nostálgico, porque aquellas paredes le estaban recordando muchas cosas, pero no fue un momento triste. La decisión la tomó después de madurarla mucho. Estaba entre cajas y se reafirmó en su convicción porque siempre trata de ser consecuente. Un humanista había llegado a ser director del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Había cumplido su sueño dirigiendo un equipo multidisciplinar de política, estrategia y comunicación. En 3 años, 1 mes y 1 semana lo había ganado todo. Dos elecciones generales, las municipales, las europeas y las catalanas, había pasado en primera línea una pandemia, y todo gracias a ganar una moción de censura. Esta ha sido su viaje profesional y había llegado la decisión de parar.

Le dijo a su mujer que acompañaría al presidente en 2018 hasta que ganara las elecciones. Lo intentó en diciembre del 19, la pandemia puso en el congelador su idea y la desempolvó el 5 de mayo, cuando se la comunicó al presidente, aunque Pedro Sánchez no le creyó. Ha llegado el momento de parar, y lo más importante, el momento de pensar, escuchar y descansar. El momento de volver a llevar una vida normal en su piso de alquiler en el Barrio de Salamanca, donde vive hace más de 15 años. Aunque lo de descansar es un oxímoron porque su teléfono no para. Muchos le quieren ver, otros transmitirle su apoyo, su cariño, porque la perplejidad reina por los malos modos de la despedida. Eso sí, fuera del epicentro revanchista de Moncloa.

El lunes volvió a Semillas. Se llevó una sorpresa. Se encontró a todo el equipo de secretarias esperándole. Las que tenían turno, las que no y las que estaban de vacaciones. Las secretarias de Semillas que pueden explicar con detalle la historia de España querían despedirse del que ha sido su jefe, que «es muy diferente al personaje que dibujan los medios de comunicación».

Fueron momentos muy emotivos. Los primeros porque después de departir con ellas Iván Redondo, flanqueado por su amigo y su jefe de Gabinete, Fran Gómez, visitaron a todos los miembros de su equipo. Las emociones se desbordaron. Aplausos, lloros, abrazos sentidos –también con los ujieres y el personal de asistencia de Semillas– y un mensaje que repitió en todos y cada uno de los despachos, a todos y cada uno de sus compañeros: «Acoged bien a vuestro jefe, es vuestro nuevo líder y es vuestra obligación acogerlo», repitió una y otra vez, transmitiendo un mensaje siempre en positivo. Ni una mala palabra a pesar de que «la gestión de su salida no está gustando. Hay demasiado cainismo».

Todos siguen en sus puestos a la espera de la decisión del nuevo equipo. Cuando Redondo llegó a Moncloa ningún cargo de confianza fue despedido hasta que encontró trabajo. También bajo a las catacumbas donde se encuentra la Unidad de Política Nacional. Allí se fundió en un abrazo con Nuria Lera, la directora del equipo que en su día fue la jefa de gabinete del Óscar López secretario de organización del PSOE, y con Carmen Galbete, su compañera de fatigas desde mucho antes de llegar a Moncloa.

Óscar López sabe que lo tiene para lo que necesite. Fran Gómez hizo la transición a su sustituta, Sonia Sánchez, la jefa de Gabinete de López. Como hacer las rutinas, contestar las cartas de los ciudadanos, las reuniones con los directores de los ministerios, con la Secretaria de Estado de Comunicación, con el Gabinete del Secretario General, los recursos humanos, los ministros de jornada... Y un largo etcétera con el único objetivo de coordinarlo todo para hacer ganar tiempo al director para que pueda actuar de la forma más rápida posible. Lo otro, lo excepcional, lo complejo, ya llegará. De hecho, ni Fran Gómez tuvo tiempo para aburrirse y tampoco parece que lo tendrá Sonia Sánchez y «si te aburres, algo falla».

Envió a su equipo más íntimo un detalle, y también para la secretaria del presidente, con una nota manuscrita con un dibujo, porque Iván Redondo es buen dibujante aunque la Moncloa lo ha desentrenado. Acabó a media mañana del lunes de recoger sus cosas pero antes aún tuvo tiempo de enviar a Fran Bragado, el estudiante de políticas que creó IvanRedondoinfo, una cuenta que agrupa a comunidad de estudiantes que tiene pasión por la política, un mensaje «dedicado a los miles de jóvenes que les gusta la política. Sois capaces de lo mejor. Que no os engañen. Uno no sabe de lo que es capaz hasta que lo intenta. Nos volveremos a ver. Un abrazo y gracias por el cariño de estos años».

Las aficiones de Iván Redondo

Volvió a su despacho. Recogió sus últimas cosas. Sus muñecos. Es un fan del manga desde muy joven y recogió a los dos protagonistas de Karate Kid-Cobra Kai serie de moda en Netflix, –sorpréndanse, Redondo casi llegó a cinturón negro en Kenpo Kai, el Kung-Fu chino–, Son Goku de Dragon Ball y las bolas del dragón, que le regalaron los miembros de su equipo cuando se ganaron las elecciones de abril del 19. Y por último se llevó un último obsequio que llegó hace poco al despacho, un muñeco de Michael Jordan, aquel que lo ganó todo, se retiró y volvió, pero no al basket, sino al golf. Y volvió a ganar. Algunos deberían tomar nota porque Jordan resurgió como el Fénix, de sus cenizas. Fénix es el primer muñeco del manga que le regaló su madre a Iván Redondo Bacaicoa.