Frontera con Gibraltar: “Tememos que nos utilicen como moneda de cambio”

Los empresarios desconfían de que la disputa entre Londres y Europa por el protocolo de Irlanda del Norte imponga una frontera dura con España

Ambiente en la frontera de Gibraltar
Ambiente en la frontera de Gibraltar FOTO: alberto r. roldán La Razon

Es una historia interminable. La salida de Reino de la Unión Europea se hizo efectiva el pasado 31 de enero de 2020, sin embargo, casi dos años después de haber firmado el acuerdo de salida, ahora el “premier” británico trata de poner sobre la mesa unas nuevas condiciones en las que el Campo de Gibraltar puede convertirse en rehén de Europa. Así lo creen los trabajadores y empresarios de la zona que consideran que las nuevas negociaciones reabiertas sobre el protocolo de Irlanda del Norte pueden influir en la futura relación de la colonia británica con la Unión Europea.

Desde el Ejecutivo español confían en alcanzar un acuerdo antes de que finalice el año. Así lo señaló el jefe de la diplomacia, José Manuel Albares, a los alcaldes de los siete municipios del Campo de Gibraltar (La Línea de la Concepción, Algeciras, San Roque, Los Barrios, Tarifa, Jimena y Castellar) a los que recibió el 19 de octubre en el palacio de Viana, en Madrid. Según señaló el ministro el objetivo es alcanzar un “acuerdo beneficioso para todos antes de fin de año” para poner en marcha una “zona compartida de prosperidad y desarrollo” a ambos lados.

Pese a las palabras optimistas de Albares, la realidad es que el tiempo se agota y las cerca de 15.000 personas que diariamente transitan entre esa frontera, entre ellos, más de 10.000 españoles de una zona como la del Campo de Gibraltar, donde pocas veces se baja de una tasa de paro del 30%, temen lo peor. “Incertidumbre” es la palabra más repetida entre las personas consultadas por LA RAZÓN. La posibilidad de una frontera dura con férreos controles de personas y mercancías asusta.

El empresario linense Loren Periáñez asegura en declaraciones a LA RAZÓN que “es cierto que estamos preocupados por el estado de las negociaciones. Solo pedimos que antes de cualquier otra cuestión se pongan por delante los intereses de las personas a ambos lados y que se garantice el tránsito de las personas y las mercancías porque es primordial para la economía. Tememos que se nos utilice como moneda de cambio”.

Son muchos los intereses económicos que están en juego ya que las economías de Gibraltar y el Campo están estrechamente relacionadas debido a su proximidad geográfica que hace posible un importante intercambio de mercancías y genera un fuerte volumen de empleo transfronterizo. “El sentir es de preocupación. Se nota en el ambiente una calma tensa porque ya son muchos meses con este grado de incertidumbre, que empezó ya con la votación del Brexit. Son muchos meses de duda y no es bueno para la economía porque el capital huye. La economía está ralentizada y a ello, hay que sumar los efectos económicos de la covid”.

Desde la Asociación de Trabajadores Españoles y Fronterizos en Gibraltar, Juan Uceda, también muestran su preocupación ante la lentitud para cerrar el acuerdo. “No sabemos qué nos espera. Estamos en stand by desde hace meses. Nosotros lo que queremos es que el ministro nos diga qué va a hacer porque aquí nadie tiene un plan B”, dice con resignación. Uceda, destaca el hermetismo y la preocupación con la ven cómo pasan los días y las semanas, sin que se concrete nada. De hecho pone en duda sendas oficinas creadas en la Línea y Gibraltar para asesorar sobre el Brexit porque asegura que “no saben” cuando se les interpela respecto a las dudas que genera la futura relación entre la colonia británica y España.

Desde Gibraltar, Paul Charles, muestra también su preocupación. En su opinión, “el acuerdo que salga tiene que ser mutuo para los dos lados de La Verja. A mi lo que más me preocupa es que haya un trato distinto para turistas, trabajadores europeos, gibraltareños...No quisiera discriminación. Para mi la mejor solución es que Gibraltar hubiera seguido siendo parte de la UE, sin acuerdo ni nada”, concluye.

Respecto a las negociaciones, los seis meses estipulados en el preacuerdo de Nochevieja fueron un periodo “orientativo”, sin embargo, a pocas semanas de que venza el periodo, comienza a existir ya cierto nerviosismo, tal y como señalan los testimonios recogidos por LA RAZÓN. Es cierto, que durante las difíciles negociaciones para el divorcio de Reino Unido, España fue capaz de conseguir que la UE hablara, por primera vez, de Gibraltar como una colonia uniéndose así al criterio que mantiene sobre el territorio la ONU desde 1967. Más allá de la cuestión de la soberanía, el Brexit obligaba a Madrid y la Roca a encontrar una solución pragmática de convivencia por el gran flujo de trabajadores que atraviesa a diario la verja.

Las opciones que hay sobre la mesa son dos. Por un lado, incorporar a Gibraltar al área Schengen, de libre movimiento europeo de personas que contemplaría, en un principio, desplegar agentes de la agencia europea de fronteras (Frontex) en puertos y aeropuertos. Sin embargo, la colonia británica se niega a que las fuerzas de seguridad españolas vigilen el área. El otro escenario: un Gibrexit que supondría dejar a Gibraltar como parte del régimen aduanero de la UE para el tráfico de mercancías y transporte. Sea cual sea, el reloj corre.