Finis Cataloniae

Mientras ERC se modera, nuevos proyectos políticos asoman en la Cataluña fracturada por el monotema separatista

El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés
El jefe del Ejecutivo, Pedro Sánchez, y el presidente de la Generalitat, Pere Aragonés FOTO: NACHO DOCE REUTERS

Carles Sentís Anfruns, fue un reconocido periodista catalanista, que antes de la guerra civil destacó por sus reportajes sobre el «Transmiserià» o el uso del término «la Cataluña real». Secretario del consejero de Finanzas de la Generalidad de Cataluña, militó en la izquierdista «Acció Catalana Republicana», siendo encarcelado en la prisión de Cádiz por el apoyo a la proclamación del Estado catalán en octubre de 1934 que protagonizó Companys. Posteriormente, y ante el cariz radical que tomaban las proclamas del líder de ERC, se acercó a las posiciones políticas moderadas de la Lliga de Francesc Cambó. Tras el golpe militar de 1936, huyó desde Barcelona a Italia para evitar ser asesinado por los anarquistas, y regresó a la ciudad condal como un convencido españolista. Durante la II Guerra Mundial fue corresponsal de guerra para ABC y La Vanguardia, asistió a la liberación del campo de concentración nazi de Dachau, a las sesiones de los Juicios de Nuremberg, fue agregado de Prensa en las embajadas de Bruselas y París, director de la agencia Efe, del diario Tele/eXprés, decano del Colegio de Periodistas de Cataluña, miembro del consejo de dirección de Avui y La Vanguardia, diputado de UCD por Barcelona, Director General de Coordinación Informativa del Ministerio de Información y Turismo, y vicepresidente de la Comisión de Asuntos Exteriores y uno de los principales promotores del restablecimiento de la Generalitat de Cataluña y del regreso de Josep Tarradellas.

La suya fue una evolución ideológica que compartió con una significativa parte de la clase dirigente catalana. De apoyar proyectos revolucionarios, separatistas y rupturistas, pasó a aplaudir la entrada por la Diagonal de un general, hoy innombrable y a ser uno de sus máximos apologetas. El 17 de febrero de 1939, y en «La Vanguardia», publicó un famoso artículo titulado «¿Finis Cataloniae? El fin de una película de gángsters, simplemente», en el que defendía que Cataluña había sufrido el desgobierno de Companys y su pandilla de aventureros, crápulas y estafadores, culpables del inicio de un largo conflicto que degeneró en una terrible guerra civil.

Cataluña volvió a protagonizar en 2017 un proceso rupturista, con enormes similitudes al ocurrido en 1934. Por suerte no hubo muertos, el enfrentamiento civil terminó en sólo algunas escaramuzas durante el famoso 1 de octubre, magnificadas por la maquinaria propagandística al servicio del proceso separatista. Sin más. A partir de ese momento, empezó para el viejo principado un largo proceso de decadencia, de división social, de malhumor y tristeza, de huida de empresas, de niebla y de tinieblas durarán largo tiempo.

Pere Aragonés acudió este miércoles al Club Siglo XXI para defender la urgencia de encontrar una salida al proceso catalán, donde recordando el fallido referéndum escocés, espetó: «Atrévanse a ganar un referéndum y atrévanse que pueden perder», y argumentó que desea llegar a la independencia, pero mediante «un proceso democrático reconocido por todas las partes». La moderación en las formas, el reconocimiento del fracaso de la vía unilateral, la urgencia de gobernar y abandonar proyectos imposibles, parecen estar corrigiendo la hoja de ruta que promueve ERC, lo que provoca broncas diarias con las huestes de Puigdemont.

Mientras ERC se modera, nuevos proyectos políticos asoman en la Cataluña fracturada por el monotema separatista y hastiada por la gestión de la pandemia. Sectores constitucionalistas y soberanistas se alían en «Centrem», el llamado primer partido «postproces» que lidera Angels Chacón y que pretende devolver el centro derecha catalán a la normalidad institucional. El PSC, en palabras de Salvador Illa, se compromete a la defensa sin matices del proyecto constitucional.

El proceso, tal y como lo conocimos, ha terminado. De la pandilla de aventureros, crápulas y estafadores que nos han llevado al suicidio de Cataluña, el «finis cataloniae del proceso», todavía no tiene quien les escriba.