Los inmigrantes en el juego político

Sánchez, maestro en cambiarse la chaqueta, ha tenido que practicar las devoluciones en caliente. No hay alternativa, a veces, para detener el efecto llamada

Inocencio Arias

Haciendo “bolos” con mi libro por el sureste tomé el jueves un autobús que pasaba por Huercal Overa camino de Almería. Dos tercios de los somnolientos pasajeros eran jóvenes emigrantes en busca de trabajo en el mar de plástico o en los servicios almerienses. Paralelamente, lees que nuestro país es campeón europeo en abandono escolar y en desempleo juvenil, algo que no se compadece con la actitud triunfalista del gobierno y su reformas, tenemos más paro que en Francia e incluso que en Portugal, y la situación no parece que vaya a cambiar. La cosecha educativa sigue produciendo personas que no encuentran trabajo o, dato no despreciable, a las que no les apetece buscarlo donde lo hay.

Todos conocemos gente que rehúsa un empleo en un bar o un hotel porque con frecuencia hay que currar en fin de semana. La emigración irregular continúa y causa problemas ante la indiferencia de la opinión pública peninsular en las Islas Canarias. Según el bien informado Ignacio Cembrero, en las primeras seis semanas del año han entrado irregularmente en las islas unas 4.750 personas, más del doble que en fechas parecidas del 2021. Muchos no van a volver a sus países.

En bastantes países democráticos, la oposición brama contra las devoluciones en caliente. Lo hacia Biden en el reinado de Trump y ahora ha tenido que rebobinar en bastantes aspectos migratorios. La desdibujada vicepresidenta Harris hizo un viaje a países hispanos para anunciar que la gente no marchara por la buenas a Estados Unidos, que no podrían entrar, no mucho antes una de las caravanas migratorias procedentes de Honduras con miles de personas proclamaba poco menos que las autoridades yanquis no tendrían más remedio que aceptarlos.

Craso error, muchos países democráticos hemos firmado convenciones que nos obligan a acoger a los perseguidos por razones políticas, religiosas, etc...Pero en contra de lo que dicen algunos “buenistas” no estamos obligados a acoger a los que emigran por razones económicas, porque en Cuernavaca o Marraquech tengan un salario cinco veces inferior al que pueden encontrar en Tejas o Almería.

Sánchez, maestro en cambiarse la chaqueta después de haber acusado, recordemos su indignación cuando a Rajoy se le murió un perro, ha tenido que practicar las devoluciones en caliente. No hay alternativa, a veces, para detener el efecto llamada. Un buen ejemplo fue Ceuta donde Marruecos, irritado por nuestra acogida al dirigente polisario, permitió bochornosamente una avalancha sobre la ciudad española que incluía centenares de menores. Una nueva prueba de que la emigración es un instrumento de chantaje humano utilizado sin pudor por diversos gobiernos, Turquía, Bielorrusia, Marruecos... Con eso buscan obtener concesiones de uno u otro tipo. Rabat como en otros temas, te da zalemas y desaires.

El Ministro Albares, poniendo, un pelín exageradamente, al buen tiempo buena cara, parece como si tuviéramos un contacto estrecho con Washington aunque evidentemente somos comparsas en la crisis ucraniana, asegura que las relaciones con Marruecos son estupendas. Su Embajadora sigue ausente, pues pelillos a la mar. Pero como señala Cembrero , más del 75% de los ilegales que llegan a nuestras costas salen de Marruecos o del Sáhara controlado por él y, por mucha cooperación que presten las autoridades alauitas para frenarlo, lo cierto es que sólo admiten las devoluciones a un punto determinado y con cuentagotas. La cooperación marroquí existente queda así coja.

El Sáhara, ya lo digo en el libro que paseo, gravitó sobre Ceuta y sobre todo lo marroquí. El tándem Zapatero-Moratinos dieron esperanzas a los marroquíes- Zapatero soltó delante de Chirac una de sus inmortales frases “el tema del Sahara lo arregla mi ministro en seis meses”- y el regalo descomunal que Trump hizo a Rabat con el Sahara difícilmente puede repetirlo un gobierno socialista español aunque ganas no le falten a alguno de sus miembros.

La ONU, lo viví, aprobó el plan Baker, es decir que los saharauis deben pronunciarse, y además Argelia, que nos manda ahora un gas esencial, nos vigila de cerca. Para Argel el Sáhara debe ser todo menos marroquí.

Los emigrantes son seres humanos y a sus penosas penalidades se añade que entran a veces en el juego político. España debe ser humanitaria y generosa con los que acojamos. A bastantes los vamos a necesitar. Con todo, los que llegan deben saber que la puerta solo está parcialmente abierta, el mero hecho de arribar a nuestro país no nos obliga a aceptarlos como indican algunos. Habría una avalancha que multiplicaría un racismo poco floreciente por ahora en España. Las devoluciones existen y van a seguir.