Pegasus incendia también el Ayuntamiento de Barcelona

La onda expansiva de los supuestos espionajes alcanzaría también a la alcaldesa Ada Colau

La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en un acto de homenaje ayer en Mauthausen
La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, en un acto de homenaje ayer en Mauthausen FOTO: Jordi Kuhs EFE

El idilio entre ERC y los Comunes era un secreto a voces. Los de Ada Colau han cortejado a los de Ernest Maragall durante toda la legislatura, sobre todo, en el último año, y los republicanos se dejaban querer. Los acuerdos eran una tónica habitual y cuando Maragall quiso que pintaran bastos durante la negociación de los presupuestos municipales, el presidente Aragonés le puso firme, le hizo rectificar, tras el acuerdo presupuestario con los Comunes en la Generalitat. El idilio, tras el susto, continuó hasta este fin de semana cuando «La Vanguardia» publicó que el CNI había espiado a una persona interlocutora entre ERC y Comunes formalizarán un acuerdo. No fue así y Colau fue alcaldesa con el apoyo del PSC y la abstención de dos concejales de Barcelona pel Canvi, el grupo del exministro francés, Manuel Valls.

Ya en 2019 se supo que el teléfono de Ernest Maragall había sido víctima de un intento de ataque. El líder de ERC en Barcelona presentó una querella, junto al presidente del Parlament en aquel entonces y hoy conseller de Empresa, Roger Torrent, que se ha dormido en el tiempo porque la rogatoria remitida a Israel para que informara sobre la propietaria de Pegasus nunca ha sido contestada. Ahora, la novedad es el espionaje por parte del CNI a un «intermediario», del que no ha trascendido, de momento, el nombre. Y con la novedad, el fin del idilio.

«Para mantener el poder todo vale, incluso la ayuda del CNI», dijo Ernest Maragall, acusando de facto a Ada Colau de conocimiento de esta supuesta intervención del CNI. La respuesta inmediata por parte del regidor Jordi Martí «la acusación de Ernest Maragall a Colau es una calumnia inaceptable, exigimos rectificación inmediata». Y de la propia Colau en redes sociales «insinuar que he tenido complicidad o connivencia con el espionaje es una barbaridad». La reacción de Maragall ha causado sorpresa en los Comunes, y en el conjunto de los partidos, pero quizá la razón hay que buscarla en las encuestas que ha elaborado el partido republicano. Maragall ha rectificado sin muchas ganas porque hacerse la víctima podría reactivar su candidatura a la que le falta fuelle.

Según ha podido saber LA RAZÓN, Maragall no sale bien parado en la citada encuesta. El PSC ganaría en votos aunque empataría en regidores con ERC. Ambos partidos abrirían espacio con los Comunes de Colau -que este fin de semana ha recibido el placet de su partido para presentarse a una tercera, y última, convocatoria electoral, saltándose sus propias normas que fijaban como máximo dos elecciones- que se situarían en tercera posición. Tampoco Maragall cuenta con un respaldo unánime en su partido aunque nadie se atreve a cuestionarlo en público. Sigue teniendo tirón electoral por su apellido, pero su individualismo y su edad -se presentará con 80 años cumplidos- han abierto el debate en el seno de ERC, siempre eso sí con sordina.

A un año de las elecciones todo ha saltado por los aires. Hace apenas una semana, Elsa Artadi, la candidata de Junts dimitió dejando al partido sin candidato. Tras la negativa del exalcalde Xavier Trías de volver a la primera línea -76 años-, el partido de Puigdemont busca candidato contra reloj. Artadi dimitió por las cuitas internas de un partido convulso, manteniendo silencio sobre los contactos de Puigdemont y su entorno con los emisarios de Putin, que debió conocer por ser parte de este entorno. El paso atrás de Puigdemont a liderar el partido hizo perder a Artadi su mayor apoyo y aceleró su retirada. Con su marcha no solo se busca candidato -las quinielas van desde Sandro Rosell, el expresidente del Barça, que deshoja la margarita y valora presentarse con el apoyo de una plataforma electoral, hasta el conseller de Economía, Jaume Giró- sino que debe dilucidar cuál será su política de pactos. Artadi se inclinaba más por el PSC porque sus relaciones con ERC eran nefastas. Con la llegada de Laura Borràs a la presidencia de Junts es una incógnita cuál será la hoja de ruta del partido. Borràs no quiere saber nada con el PSC, pero el alma sociovergente de Junts, de la mano de Jordi Turull, no descarta este tipo de acuerdos.

Los socialistas con Jaume Collboni al frente mantienen silencio. Las encuestas les son favorables y en los últimos meses marcan perfil propio y se desmarcan de Colau en política económica, turismo, comercio y, sobre todo, en movilidad urbana, el talón de Aquiles de la política de los Comunes. Lo conocido hasta ahora sobre el espionaje y el papel del CNI ha provocado un incendio en la política municipal, que puede propagarse en los próximos días. En época de mudanzas, pocos cambios, dice el dicho, y Collboni está dispuesto a llevarlo hasta el final.