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Cuando «hacerse un Vara» no es tan fácil

Díaz pretende repetir el esquema de su compañero extremeño de partido y rearmarse desde la oposición para volver a alcanzar la Presidencia de la Junta de Andalucía pese a las diferencias con Extremadura.

  • Cuando «hacerse un Vara» no es tan fácil
Sevilla.

Tiempo de lectura 4 min.

09 de diciembre de 2018. 08:05h

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N. Acedo.  Sevilla. 9/12/2018

Lanzar una flecha hacia adelante. Eso es lo que pretende la presidenta en funciones de la Junta de Andalucía, Susana Díaz, quien iniciará a partir de mañana una ronda de contactos con los partidos que entraron en el Parlamento el 2D, excepto Vox, para procurar volver a ser investida. Pero si no lo logra, su pensamiento ya se ha teñido de un plan B: «Hacerse un Vara». El concepto alude a un compañero de filas, el presidente de la Junta de Extremadura, Guillermo Fernández, quien también conoce qué es la zozobra de la incertidumbre surgida de las urnas.

El socialista sucedió al histórico Juan Carlos Rodríguez Ibarra como candidato del PSOE en 2007 y ganó las elecciones extremeñas por mayoría absoluta, anotando para el partido el segundo mejor resultado de su historia, 38 escaños. Repitió como aspirante en los comicios de 2011 y perdió contra el PP de José Antonio Monago, quien consiguió 32 diputados, por los 30 del PSOE, a los que se sumaron tres de IU, que se abstuvieron para darle la Presidencia por primera vez al PP. Vara optó entonces por «resetearse» desde la bancada de la oposición hasta que en 2015 venció de nuevo con dos parlamentarios más que el PP. Ése es el esquema que quiere repetir ahora Díaz en Andalucía, si al final los socialistas tienen que abandonar el poder al que se aferraban desde hace 36 años. Pero entre los escenarios a priori paralelos no todo son similitudes. Fernández Vara perdió el Gobierno extremeño en 2011 tras sólo una legislatura al frente y en un contexto de profunda crisis económica y un paro galopante que el Ejecutivo central de Rodríguez Zapatero no supo ver ni admitir a tiempo y que pasó factura a los socialistas en general. Díaz ha encabezado ya dos gobiernos y ha anotado el peor resultado para el PSOE-A después de que el líder de su partido con el que mantuvo una fratricida batalla interna, Pedro Sánchez, se convirtiera el pasado junio en el primer triunfador de una moción de censura en España, la que presentó contra Rajoy, cercado por la corrupción.

Espacio político fragmentado

Díaz tendrá que intentar reencaramarse a la Junta en un escenario político más fragmentado que en el que se movió Vara, con Ciudadanos (Cs) y Adelante Andalucía consolidados como actores políticos y a los que se ha añadido Vox, cuya fuerte irrupción en la Cámara regional nadie predijo, como es difícil adivinar si ha llegado para quedarse. En relación a este punto hay diferencias. Vara ha demostrado capacidad de diálogo y voluntad de consenso siempre. Cuando tuvo mayoría absoluta acordó con los populares cuestiones como la reforma del Estatuto y luego desde la oposición hizo frente común con ellos para exigir al Ejecutivo central el pago de una suerte de «deuda histórica». En 2015 fue investido al dejarle paso el PP y por las coincidencias con Podemos, si bien ha sacado adelante Presupuestos de la actual legislatura gracias a las abstenciones no sólo de la formación morada, que en algún caso rechazó las cuentas, sino del PP y de Cs. La presidenta andaluza, en cambio, ha optado por apoyarse en un socio preferente, primero IU y luego Cs, con los que ha terminado mal y adelantando las elecciones. Aunque sobre ambos pesaba el desgaste de décadas de gobiernos, Vara no cargaba sobre sus hombres con casos judiciales que han ligado las siglas del partido con prostíbulos o cocaína. El socialista ha sabido además salir airoso de las luchas orgánicas, no así Díaz, marcada por el convulso Comité Federal del 1 de octubre de 2016.

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