Opinión

Las cumbres en Iberoamérica: Más de tres décadas de unión

Juan Carlos tuvo la idea de crear una comunidad de naciones

Don Juan Carlos cuando le espetó a Chávez en el plenario de la Cumbre Iberoamericana «por qué no te callas»
Don Juan Carlos cuando le espetó a Chávez en el plenario de la Cumbre Iberoamericana «por qué no te callas» larazon

Se puede considerar casi un milagro que las Cumbres Iberoamericanas de jefes de Estado y de Gobierno Iberoamericanas sobrevivan después de su creación en 1991, gracias a la iniciativa surgida del anterior jefe del Estado, el rey don Juan Carlos. El monarca tuvo la idea de crear una comunidad de naciones liderada por España, dados sus vínculos con el pasado histórico y con la lengua española, que presentó al presidente del Gobierno Felipe González. La estrecha y buena relación de los máximos responsables del Estado, el jefe del poder ejecutivo español dio el visto bueno a la idea de fundar un nuevo marco de relaciones con los mandatarios del del continente suramericano y dar paso a una nueva etapa basada en la mutua confianza entre los gobernantes de una y otra orilla del Atlántico.

Así empezaron las Cumbres, la primera de ellas en la ciudad mexicana de Guadalajara, elegida para ese arranque del proyecto con el fin de que ese primer paso saliera del país con más peso político de Iberoamérica y dejar para el año siguiente, el icónico 1992, que España fuera la sede de la segunda reunión. La reunión de Guadalajara resultó ser un auténtico éxito. Los vientos soplaban favorables para España después de la ejemplar transición política de la dictadura a la democracia y el prestigio internacional del rey Juan Carlos tras parar el golpe de Estado en 1981.

La reacción por parte de los mandatarios de las naciones iberoamericanas, también Portugal y Brasil, fue el entusiasmo y la aceptación por parte de todos los países y sus dirigentes, incluido un peculiar Fidel Castro con el que se contó desde el primer momento a pesar de que su régimen estaba, y sigue estando, fuera de los parámetros de una democracia reglada. La primera reunión que celebraron el rey Juan Carlos y Fidel Castro, entre unas estrictas medidas de seguridad y secretismo de los servicios secretos cubanos, suscitó el interés de los medios de comunicación de todo el mundo, especialmente los norteamericanos. Y contra todo pronóstico para los que auguraban el fracaso de esta primera reunión entre el monarca español y el dictador cubano, el resultado fue óptimo debido, probablemente al trato afable y de don Juan Carlos que seguro desplegó en ese primer encuentro.

El éxito de las quince primeras Cumbres estuvo basado, en buena medida, en el empeño que puso el anterior monarca en tratar con respeto y deferencia a los dirigentes iberoamericanos que no estaban acostumbrados a ser tratados así. Una circunstancia que no eludía que don Juan Carlos recomendara a Castro que tenía que dar algún paso hacia la apertura política en su país. A pesar de que al mandatario cubano no le gustaban esos toques de atención, se llegó a un consenso para que La Habana fuera la sede de la IX Cumbre Iberoamericana en el año 1999. El acuerdo se logró en gran parte, y a pesar de la oposición de algunos gobiernos incluido el del español José María Aznar, gracias a la buena relación personal entre el rey Juan Carlos y Fidel Castro. «Nunca pensé que me iba a llevar tan bien con un rey de España» es una frase del dictador cubano que quedará para la historia.

Llegó un momento que las Cumbres entraron en declive. La falta de financiación y la aparición de los regímenes populistas, junto con la crisis entorno al rey anterior, hizo que el interés por asistir a esas reuniones decayera y pasaran a ser bianuales. El «por qué no te callas» de don Juan Carlos a Hugo Chaves puso un punto de inflexión a un proyecto en parte fallido que lucha por seguir a flote.