Espectáculo

La esencia natural de la lavanda en Guadalajara

La floración de este cultivo es un atractivo turístico primordial en julio y constituye una forma de vida importante para múltiples familias de la zona

Vista de los campos de lavanda próximos al Hotel Rural & Spa Los Ánades
Vista de los campos de lavanda próximos al Hotel Rural & Spa Los ÁnadesarchivoArchivo

«Estamos en una semana clave para el cultivo de la lavanda, porque nos visitan estos días autoridades europeas que van a comprobar in situ la importancia que tiene para Castilla-La Mancha y provincias como Guadalajara». Estas son palabras del pasado jueves pronunciadas por Emiliano García-Page, presidente de la Junta, durante la toma de posesión de Blanca Fernández como delegada en Ciudad Real.

Y ciertamente, estos días Guadalajara y localidades especialmente importantes como Brihuega, han vivido una doble sensación. La alegría, por una parte, de la floración de un cultivo bellísimo que tiñe de malva y violetas los campos de la provincia, pero también la preocupación o, al menos, la contención del hálito o la respiración con la visita de la europarlamentaria griega Maria Spyraki, quien a su término indicó, no obstante, que el cultivo de la lavanda no corre peligro con el conocido como Pacto Verde.

La lavanda ocupa hasta tres mil hectáreas de la provincia de Guadalajara y cinco mil en toda Castilla-La Mancha. Su arraigo cultural es tan profundo que incluso estos días hemos podido disfrutar de actividades como el Festival de la Lavanda en Brihuega, donde concurren múltiples personalidades de la cultura como, por ejemplo, el cantante Víctor Manuel.

Es un atractivo turístico de primer orden en tanto que el aroma natural que desprenden los campos en floración durante este mes de julio hace que muchísimos visitantes acudan para embriagarse de la esencia que emana de aquellas tierras. Hasta sesenta municipios de la provincia de Guadalajara cultivan la lavanda y ven este mes de julio cómo sus campos se tiñen, por fin, de añil.

Sucede, sin embargo, que varias inquietudes se han posado sobre uno de los santo y seña de la agricultura guadalajareña. Según indica Juan José Losa, presidente de la Asociación de Agricultores y Ganaderos de esta provincia, «llevamos varios años en que la lavanda no tiene precio y hace que se precipite por un camino en que se haga difícil la rentabilidad». Señala para ello que Europa produce unas dos mil toneladas en todo el continente y sólo consume un ochenta por ciento, con lo que los excedentes hacen que los precios vayan hacia abajo.

Por ello, Losa pide que el Gobierno de España tome medidas «como ya han tomado por ejemplo en Francia con la siega en verde, procurando reducir los excedentes de producción y así conseguir un precio más elevado y beneficioso para el agricultor». Pese a ello, señala que «la calidad de nuestra lavanda es de las más altas del mundo, pues es en el clima mediterráneo donde acontece este cultivo… La lavanda de Guadalajara está, por ejemplo, al mismo nivel que la de Provenza».

Junto a este problema de precio, también han surgido sombras que acechan de Europa al hablar de condicionantes en el cultivo que sugerirían componentes tóxicos en su elaboración. «Nada más lejos de la realidad –señala Losa–; cómo es posible que se equiparen procedimientos químicos para conseguir fragancias o aromas con una esencia natural, totalmente limpia como es esta de la lavanda».

Lo cierto es que la mínima posibilidad de que existiera una advertencia de esas características hizo movilizar de manera inmediata el trabajo de las administraciones para prevenir y explicar verdaderamente lo que supone el cultivo de la lavanda en la región y en España. Instituciones como la Junta de Comunidades, la Diputación de Guadalajara, el Ayuntamiento de Brihuega o el propio presidente de las Cortes, Pablo Bellido, originario de la provincia, se han volcado en ello para tratar de hacer pedagogía sobre el peso específico de este cultivo en la zona.

Precisamente representantes de todas estas instituciones acompañaron a la europarlamentaria griega durante su visita este jueves y viernes para que pudiera comprobar in situ la amplia dimensión que la lavanda cobra en Guadalajara. La importancia del cultivo ha sido también alcanzada por el atractivo turístico y hacen un binomio indisoluble de una riqueza extensa e importante para la provincia castellanomanchega.

Así las cosas, queda la fragancia y esencia que seguramente hacia Grecia y el resto de la Unión Europea desprendan los campos violeta de lavanda este mes de julio. Un acontecimiento único, una floración exuberante, una estampa bellísima, un regalo de la naturaleza en forma de aroma puro y sin condicionantes. Para quien no lo haya visto nunca, un auténtico espectáculo que se debe disfrutar al menos una vez en la vida.