ERC

La agenda del procés: «Hicimos el 9-N y dijisteis que era una mierda. ¡Ahora os toca a vosotros!»

Las anotaciones del «número 2» de Junqueras evidencian las tensiones entre PDeCAT y ERC, que en febrero de 2016 ya asumían que un referéndum unilateral era inútil.

Josep Maria Jové, el «número dos» de Oriol Junqueras
Josep Maria Jové, el «número dos» de Oriol Junqueraslarazon

Las anotaciones del «número 2» de Junqueras evidencian las tensiones entre PDeCAT y ERC, que en febrero de 2016 ya asumían que un referéndum unilateral era inútil.

Una agenda negra Moleskine intervenida por la Guardia Civil el pasado 20 de septiembre en el despacho del «número dos» de Oriol Junqueras en la Consejería de Economía, Josep Maria Jové, desgrana de forma minuciosa la hoja de ruta del proceso soberanista desde mayo de 2015 hasta noviembre del pasado año. Esas anotaciones evidencian, por un lado, las luchas de poder y la desconfianza mutua entre Convergència y su heredero PDeCAT y ERC y, por otro, las constantes reticencias de ambas formaciones respecto a la CUP, aliado indispensable en el camino hacia la independencia al que siempre miran de reojo. Un informe de la Guardia Civil remitido el pasado 28 de noviembre al titular del Juzgado número 13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez Sunyer –que investiga los preparativos del 1-O–, analiza el contenido de ese cuaderno de bitácora del «procés» al que los investigadores atribuyen una relevancia clave.

Las tensiones entre convergentes y ERC afloran, por ejemplo, en una anotación de octubre del pasado año. «Nosotros hicimos el 9-N y vosotros dijisteis que era una mierda –reprochan los primeros a los republicanos en una reunión– ¡Ahora os toca a vosotros!». «¿Dolido? ¿Venganza? ¿No quiere que lo consigamos?», se pregunta Jové.

«El 9-N salió bien porque lo lideraban Mas, Quico (en referencia a Francesc Homs) y Ortega (la ex vicepresidenta de la Generalitat Joana Ortega, inhabilitada como Homs por el 9-N) e hicieron reuniones semanales. Ahora es necesario que lo lidere quien lo pactó»: Puigdemont, Junqueras y Romeva. «Ahora las órdenes se habrán de firmar y lo habrán de hacer ellos». El mensaje es inequívoco. «Ahora os toca a vosotros. Os ayudaremos pero proponéis vosotros». Sin demasiada convicción, eso sí: «Sensación de que no quieren hacer nada (incluso ahora plantean ceder liderazgo de competencias)». «Nos hemos de repartir medallas y marrones y queremos que eso quede claro», hacen hincapié. Parece que quieren hacer caer VP (Junqueras), Romeva y MHP (Puigdemont)!», advierte Jové.

«Sin el 50% no se entenderá»

La agenda de Jové, comisionado por Junqueras para llevar adelante la logística del referéndum ilegal, sitúa el foco en los principales actores del desafío independentista. Por las numerosas reuniones del supuesto núcleo duro del proceso soberanista desfilan, según los autores del informe, no sólo Carles Puigdemont y Oriol Junqueras, sino también las ex portavoces de Junts pel Sí y la CUP en el Parlament, Marta Rovira y Anna Gabriel; el ex president Artur Mas; el propio Jové y otro de los hombres de confianza de Junqueras en Economía, Josep Lluís Salvadó, encargado de impulsar la Hacienda catalana; ex consellers como Raül Romeva, Jordi Turull, Josep Rull y Neus Munté; la ex presidenta del Parlament Carme Forcadell; los líderes soberanistas Jordi Sánchez y Jordi Turull, en prisión desde el pasado 16 de octubre; el ex portavoz de ERC en el Congreso Joan Tardà; los ex diputados de la CUP Benet Salellas, Eulàlia Reguant, Gabriela Serra y Antonio Baños y Carles Viver Pi i Sunyer, presidente del Consejo de Transición.

Pero, más allá de esa nómina de los primeros espadas del desafío soberanista, las anotaciones de Jové dejan claro que el bloque independentista tenía ya claro en febrero del pasado año que celebrar un referéndum unilateral (como efectivamente harían el 1-O) no tenía sentido. «Un referéndum no pactado no tiene sentido. Ya lo hemos hecho (en referencia al 9-N de 2015, que acarreó la inhabilitación de Artur Mas)», anota Jové en una entrada tras una reunión con Puigdemont, Junqueras y varios consellers. En esa cita Puigdemont, que apenas llevaba un mes como president, ya deja claro que «a nivel internacional nos piden un 50% y hacer pasos que parezcan definitivos sin el 50% no será entendido. El informe de la Guardia Civil atribuye a Romeva la siguiente intervención: «Sólo nos escucharán si ven que vamos seriamente hasta el final. La única manera para que desde fuera presionen al Estado para que acepten referéndum es que vayamos hasta el final. Mantener con firmeza la hoja de ruta».

El panorama no parece haber cambiado en junio de 2016 –«Es inútil y haremos el ridículo», anota Jové respecto a un referéndum unilateral–, pero sí la estrategia del bloque soberanista, que ahora asume definitivamente que «no habrá ninguna propuesta española». «Por tanto, unilateralidad». Aunque dos meses después en otra reunión en les Cases dels Canonges (Barcelona) –a la que asisten, entre otros, Puigdemont, Romeva Turull y el entonces conseller de Justicia Carles Mundó– asumen que si se anuncia la celebración de una consulta de espaldas al Estado «se ha de hacer sí o sí». «El referéndum no lo controlamos y ahora ya saben cómo cargárselo porque hicimos el 9-N», advierten. Y Mundó avisa de que donde hay que echar el resto, «aunque usemos argucias legales», es en la Ley de Transitoriedad, «porque es la ruptura, el cambio de legalidad urgente».

La «mano derecha» de Junqueras en Economía censura en junio de 2015 la «crítica mordaz, la gesticulación revolucionaria» de la CUP y, sobre todo, que los convergentes hayan «amplificado, potenciado», y no «silenciado» esa actitud porque su única estrategia era «el desgaste de ERC».

Igualmente, en la agenda se recogen los intentos por sumar al «procés» a Catalunya sí que es Pot, con el argumento de que «no hacemos nada ilegal. Hacemos una cosa nueva, no habitual pero no ilegal». Y eso que para ERC