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La comida frustrada que despertó la igualdad en el Congreso

A finales de los 80 diputadas de todos los grupos se unieron para «feminizar» las leyes, aunque sus compañeros quisieron impedirlo de aquel encuentro germinó la actual Cámara con casi un 40% de mujeres en los escaños

  • Imagen de 1979 en la Legislatura Constituyente. De izqda a dcha, Carmen Solano Carreras, Juana Arce Molina, María Dolores Pelayo, Elena Moreno González, Dolores Blanco Morenas, MªCarmen García y Soledad Becerril / Efe
    Imagen de 1979 en la Legislatura Constituyente. De izqda a dcha, Carmen Solano Carreras, Juana Arce Molina, María Dolores Pelayo, Elena Moreno González, Dolores Blanco Morenas, MªCarmen García y Soledad Becerril / Efe

Tiempo de lectura 4 min.

09 de marzo de 2019. 05:07h

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Paula Poveda 9/3/2019

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Cristina Almeida, Carmen Romero –entonces mujer del presidente del Gobierno, Felipe González–, Celia Villalobos... Políticas, mujeres diputadas en el Congreso de finales de los años 80, ya intentaron hace 30 años que el punto de vista femenino cobrara mayor importancia en el legislativo.

En un momento en el que el papel de la mujer de mediana edad estaba aún más cercano a las tareas del hogar que a la vida profesional, y pasando por encima de sus ideologías, parlamentarias de todos los grupos se reunieron en torno a una mesa para comer y, lo más importante, luchar juntas por la igualdad en la sociedad española. «Nuestro objetivo era reunirnos a comer y establecer una unión de mujeres en el Parlamento para feminizar las leyes e introducir conceptos menos ligados al hombre», explica Villalobos.

Lamentablemente no llegaron muy lejos en su misión. Su representación en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo era mínimo (no fue hasta el 88 cuando el PSOE aprobó que la cuota de mujeres en las listas del partido fuera de un del 25) y, aunque lograron comer juntas, sus compañeros pronto las disuadieron de su idea. «Fuimos un montón a comer. Mujeres de PSOE, PP, CIU, IU... Se montó un revuelo que no veas, nuestros queridos portavoces de los grupos nos prohibieron terminantemente que siguiéramos reuniéndonos, nos recomendaron que nos quedáramos quietas.

Fuimos un día a comer y nunca más, y eso que lo que queríamos era quedar en que, a la hora de hacer enmiendas a las leyes o de defender un tema, presionaríamos juntas a nuestros compañeros portavoces, que eran todos hombres. Eso pasa hoy y es un escándalo. Fue una cosa muy momentánea pero que nos unió bastante», recuerda la diputada popular.

El “gran angular” femenino

Desde entonces las cosas han cambiado mucho en el Parlamento. Las mujeres hace años que han accedido a la presidencia del Congreso, es habitual que ellas lleven la voz de las portavocías de los grupos políticos y en la bancada azul, la nota de color que ponen ellas en los escaños ha roto la gama de negros, grises y azules habituales en ellos. Hoy en día, como ocurrió a finales de los 80, las parlamentarias continúan de acuerdo en que, además de las diferencias obvias, la perspectiva que aplican las mujeres a la vida política es diferente. Micaela Navarro, presidenta del PSOE, lo explica: «Las mujeres no somos mejores ni peores que los hombres, el feminismo lleva luchando muchos años para mostrar nuestra manera de ver, que no es más que la consecuencia de cómo vivimos.

A nivel político compartimos los mismos espacios, pero cuando salimos de una comisión o un Pleno las mujeres seguimos haciendo unas tareas que ellos todavía no terminan de hacer. Muchas de las llamadas que hacemos entre las sesiones tienen que ver con la intendencia, el entorno familiar y esas tareas que nos dieron hace siglos de cuidado de la familia». Villalobos añade, además, que, aunque su papel en hemiciclo es el mismo, «lo diferente es la forma de enfrentarnos a las cosas». «Las mujeres somos más de gran angular, vemos más el conjunto de las cuestiones, los hombres son más lineales, nosotras tenemos más capacidad de aportar soluciones sociales completas», insiste.

De acuerdo en que a lo largo de las tres últimas décadas la igualdad en el Parlamento está mucho más asentada y aceptada en la empresa privada, ambas diputadas analizan la importancia o no de celebrar el Día de la Mujer. Así, mientras la socialista cree que «los problemas de desigualdad no se resuelven sólo poniendo mujeres en política», sino exigiendo «políticas que hagan posible que las mujeres puedan estar en igualdad en todos los ámbitos de la vida», y reconociendo que en los días del entorno al 8 de marzo «todos nos salimos con el feminismo»; la popular atribuye la actual eclosión del feminismo a que «la utilización de la mujer como arma electoral siempre ha sido muy eficaz y se empleado, junto con los mayores, como un arma arrojadiza en busca de votos».

Creen que, desde el legislativo, quedan aún muchas cosas por hacer en pro de la igualdad. «No vale que mande un 50 por ciento de la sociedad o que lo haga la otra mitad, lo que tenemos que hacer es ir adaptando ese papel que a ellos también le asignaron históricamente, del que tampoco son responsables, y que pasa por que pasen de tener un papel participativo y no únicamente colaborativo», subraya la socialista. Dicen que quedan muchos problemas que afectan a la mujer para poner sobre la mesa: la brecha salarial, el pacto contra la violencia de género, igualar los permisos de paternidad y maternidad... También ser más realistas porque ocurre que, según Celia Villalobos, «en el Parlamento a veces se hacen leyes muy igualitarias que luego, en la realidad, no tienen efecto porque la sociedad no las transforma».

¿Ocupará próximamente una mujer la presidencia del Gobierno? Ambas lo ven posible, incluso cercano. Los principales partidos han tenido una portavoz en el Congreso de los Diputados durante la última legislatura y, de hecho, hace unos meses el Partido Popular estuvo a punto de encumbrar una mujer aunque, la lectura de la histórica diputada de esta formación es que en la lucha a tres que enfrentó a Pablo Casado, Sáenz de Santamaría y María Dolores de Cospedal, ellas «se hicieron la competencia la una a la otra», apunta.

Para terminar con lo que arrancábamos, una moraleja positiva de la lucha femenina desde los escaños. Hace 30 años los hombres impidieron a las diputadas seguir celebrando sus comidas de forma oficial pero, concluye Celia Villalobos, la prohibición les unió, «aunque no hubiera reuniones muchas ya estábamos ya impregnadas». A la vista está.

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