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“Ternera” podría haber vuelto a Noruega para mantenerse escondido

Junto con “dienteputo”, es uno de los etarras más buscados

  • Josu Ternera con su hijo y su pareja en su casa de Francia, en una imagen de archivo
    Josu Ternera con su hijo y su pareja en su casa de Francia, en una imagen de archivo /

    LARAZÓN

Tiempo de lectura 8 min.

23 de marzo de 2019. 17:53h

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J.M.Zuloaga 23/3/2019

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¿Dónde se esconde José Antonio Urruticoechea Bengoechea, “Josu Ternera”, el etarra , en teoría, más buscado? Tras la última vez en que fue localizado, en 2013, en el sur de Francia y estuvo a punto de ser detenido, parece que se lo ha tragado la tierra.

Junto con José Luis Eciolaza Galán, “Dienteputo”, responsable de los etarras que se esconden en diversos países de América, son los únicos cabecillas, sobre los que pesan requisitorias judiciales, y que se hallan en ignorado paradero.

Los demás, están en la cárcel, como es el caso del último jefe “militar” de ETA, Mikel Carrera, “Ata”, que cumple dos condenas a cadena perpetua en Francia; han muerto, como Francisco López, “Thierry”; o se encuentran en libertad, como el que fuera responsable del “aparato político” entre 1992 y 2004, Mikel Albisu, “Mikel Antza”, que fue entregado por Francia recientemente y contra el que no había causas pendientes en España. Santiago Arróspide Sarasola, “Santi Potros”, se halla en la misma situación al igual que otros cabecillas.

Desde 2013, sólo se ha oído la voz de “Ternera”, que pudo ser grabada en cualquier lugar y mandada vía internet, cuando dio lectura al comunicado en el que ETA daba por terminado "su ciclo histórico y su función", al tiempo que anunciabala disolución completa de todas sus estructuras.

Fuentes antiterroristas consultadas por LA RAZÓN infieren que podría estar acogido por antiguos “amigos” con dinero y en un país en el que es fácil pasar desapercibido si se mantienen unas mínimas medidas de clandestinidad: Noruega se ajusta a esta descripción. Y se cita también a Bélgica, por las dificultades que para la extradición de miembros de la banda, y de otro tipo de delincuentes, que han puesto en ocasiones las autoridades de este país. Donde se esconda, parece estar protegido y contar con una cobertura suficiente.

Conviene recordar, según los mismos medios, que la Fundación Henry Dunant, con sede en Ginebra, y los “componedores” de todo el “artilugio propagandístico” en el que se ha convertido la disolución formal de ETA, lograron encontrarlo con suma facilidad para encomendarle la “misión suprema” de leer la capitulación. Conociendo lo escrupuloso y hasta “pejiguero” del personaje, seguro que no se conformó con la primera redacción que le enviaron. Sin embargo, envuelto en el más absoluto misterio, y oculto tras una nube de rumores, nadie ha podido o ha querido atraparle. Que esté en Suiza resulta menos creíble, ya que las autoridades helvéticas no son muy partidarias de tener en su territorio a sujetos requisitoriados internacionalmente.

“Ternera” ya estuvo en la nación escandinava, al menos entre 2011 y 2013, durante las negociaciones con el Gobierno socialista. Al fracasar las conversaciones, fue expulsado junto con los entonces cabecillas de ETA David Pla e Iratxe Sorzábal. Lo cierto es que estos dos últimos fueron detenidos en Francia y están en la cárcel; sin embargo, “Ternera” sigue en libertad.

Todo parece indicar que volvió al “hogar conyugal”, en la pequeña localidad de Durban Sur Arize, de 150 habitantes, junto a su compañera Agnes Carlo. La casa llevaba alquilada desde 2007 hasta el punto de que disponía de teléfono fijo.

Tras escapar de aquella operación policial, no se le ha vuelto a ver y los expertos creen que ha podido volver a Noruega, donde, piensa él, nadie le va a buscar. Dispone de las documentaciones falsas que le dio ETA durante las negociaciones con el Ejecutivo socialista.

Si es así, como mantienen los expertos, medios económicos no le faltan (por parte de grupos especializados en resolver “conflictos”) y, hasta que pueda encontrar una salida a su complicado horizonte penal, lo que parece bastante improbable, está condenado a una clandestinidad “dorada”.

Tres años después de la expulsión de Noruega, LA RAZÓN publicaba que ETA había prescindido de él. Ya no contaba para nada. La banda consideraba que el otrora temido cabecilla, y no sin razón, se había convertido en un auténtico «estorbo». Como consecuencia de ello, se le había retirado la asignación mensual que rondaba los 1.500 euros. Desde entonces, ¿de qué ha vivido?. Una buena pregunta. La lectura del comunicado de “disolución” fue para el terrorista una obligación a la que no se podía negar. De sobra sabe cómo se las gastan sus antiguos compinches cuando alguien les lleva la contraria.

En 2011, se produjo un incidente, no confirmado oficialmente, según el cual “Ternera” fue avisado por alguien de que había sido localizado durante un desplazamiento para encontrarse con otros miembros de la banda, entre ellos su hijo Egoitz. Lo extraño es que la llamada se realizó desde un teléfono localizado en Kenia, país africano en el que ETA nunca ha tenido presencia. Nueva pregunta obligada: ¿quién le llamó desde allí para que pudiera escapar?. Desde luego, después de lograr romper el cerco policial que se le había tendido en 2013 y este incidente anterior, todo hace sospechar que el terrorista tiene una especie de “ángel”, o “demonio”, que le protege. Por las razones que sean, no hay interés que sea arrestado y deba comparecer ante la Justicia española.

En octubre de 2016, la Policía francesa realizó dos registros: en el domicilio donde vive su compañera, Agnes Cerlo, ante la sospecha de que pudiera estar escondido allí, y en una casa de los Pirineos. En el de la Cerlo, en la localidad vasco francesa de Anglet, entraron una decena de agentes de la Policía Judicial. Fotografiaron el interior y los accesos, clonaron el ordenador y consultaron el teléfono móvil de la mujer.

La otra casa registrada estaba precisamente en Durban-sur-Arize, de la que, tal y como publicó en exclusiva LA RAZÓN, «Ternera» logró escapar el 16 de octubre de 2013, en una operación que la Comisaría General de Información (CGI) había montado para capturarle tras una laboriosa investigación.

Cuando fue descubierto, tras el fracaso de las negociaciones de Noruega, estaba con su compañera y un niño de corta edad y se hacía pasar por profesor en el citado pueblo, muy cerca de la frontera española por el Valle de Arán. Los vecinos comentaron entonces, al conocer la identidad del que creían un pacífico docente, que, al igual que su mujer, no daban problemas y procuraban pasar desapercibidos. Paseaban con su niño de pocos meses por la zona, un paraje realmente idílico al pie de los Pirineos y nada hacía pensar que era uno de los terroristas más buscados por las Fuerzas de Seguridad.

Agnes Cerlo había dado a luz al niño, que, si hacemos caso de la declaración que prestó ante la Policía francesa, no era hijo de Urruticoechea. Los agentes, sin embargo, no se terminaron de creer esas manifestaciones.

Se trataba de un lugar aparentemente seguro (hasta que fue localizado por agentes de la CGI) para un individuo sobre el que pesa una orden internacional de búsqueda y captura por el atentado etarra cometido contra el cuartel de la Guardia Civil de Zaragoza, en el que fueron asesinadas 11 personas, seis de ellas menores de edad.

Huyó con lo puesto y se dejó en la casa, además de la ropa, dos ordenadores y determinados medicamentos para combatir la ansiedad y otros para mantenerse en plena forma en todos los aspectos, incluido el sexual. No parece que en este caso fuera alertado sobre su inminente detención, como parece que ocurrió en 2011, en los Alpes franceses, cuando fue a visitar a su hijo Egoitz.

Nacido en Miravalles (Vizcaya), el 24 de diciembre de 1950, se incorporó a ETA durante el anterior régimen. Ya en 1971, figuraba como huido a Francia después de haber sido uno de los responsables en el País Vasco. Entre las acciones criminales que se le imputaron, y que fueron perdonadas gracias a la Ley de Amnistía, figuran atracos y robos de explosivos que, según se comentó en su momento, fueron utilizados en el atentado que costó la vida al almirante Carrero Blanco, su conductor y el escolta.

Tras muchas peripecias, llegó a regularizar su situación, hasta el punto de ser elegido miembro del Parlamento Vasco por Euskal Herritarrok (EH). Cuando la Justicia le citó en relación con el atentado del cuartel de Zaragoza, huyó.

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