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Vivir de alquiler en la casa de Josu Ternera

Los vecinos del pueblo donde nació y fue concejal quieren pasar página: «Que pague por lo que ha hecho». Una minoría que sigue reuniéndose en la Herriko Taberna piensa que su detención es «electoralismo».

  • En Miravalles ya no queda rastro de Josu Ternera, su familia se marchó del pueblo y los vecinos intentan borrar su huella / Foto: Cipriano Pastrano
    En Miravalles ya no queda rastro de Josu Ternera, su familia se marchó del pueblo y los vecinos intentan borrar su huella / Foto: Cipriano Pastrano

Tiempo de lectura 8 min.

20 de mayo de 2019. 09:09h

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Ángel N. Lorasque 19/5/2019

La mañana siguiente a la detención de Josu Ternera en Francia, Ugao-Miravalles, el pueblo donde nació y pasó gran parte de su vida, amanece con pintadas a favor de la liberación del terrorista acompañadas de carteles con el rostro del dirigente de ETA en diferentes puntos del municipio vizcaíno, como la estación de tren o en la fachada de entidades bancarias. Sin embargo, duran poco. Es más, en menos de una hora, todas estas «hazañas» de simpatizantes de la banda criminal son borradas del mapa y todavía huele a pintura fresca al pasar a su lado. «Las hemos quitado todas, o eso creo, al menos es lo que hemos solicitado. Había varias en diferentes sitios, pero como puedes ver ya no hay ni rastro. En el pueblo seguimos con la normalidad de cada día, las cosas han cambiado mucho», nos cuenta Ekaitz Mentxaka, alcalde del municipio, que repetirá en los comicios del próximo domingo como cabeza de cartel del PNV. Va con prisa y con la excusa de que tiene que asistir raudo al Consistorio para celebrar una unión civil nos despide con amabilidad y restando importancia a estos pequeños altercados con la intención de pasar página. «Ayer hubo una pequeña concentración, no más de una veintena de personas, en la puerta del ayuntamiento y parece que quieren convocar otra para el sábado, pero no hay nada confirmado», añade antes de salir escopetado.Y es que, como dice Mentxaka, las cosas han cambiado en el País Vasco desde que ETA anunció su disolución y cada vez son más los que no sienten miedo al despreciar públicamente a los sanguinarios terroristas, especialmente en los escenarios que vieron crecer y radicalizarse a algunos de sus miembros. «Hace años tendríamos aquí manifestaciones todo el rato, pero, afortunadamente no estamos en esas», dice una vecina, que ha escuchado nuestra conversación con el alcalde.

Josu Ternera, vecinos

En este enclave de la Comarca de Arratia-Nervión flanqueado por las colinas de Artanda y Kurutziaga, muchos de sus vecinos ni siquiera se habían enterado de la detención del histórico líder etarra. Los pescaderos del pueblo aseguran que nadie ha hablado del tema en su negocio, opinión a la que se suma el carnicero. Ternera nació en esta localidad en 1950 y a los 20 años ingresó en ETA, lo que le llevó a trasladarse a Francia para pasar desapercibido. Sin embargo, siguió empadronado en Miravalles, al menos, hasta 2002. Concluyó aquí sus estudios de bachillerato y trabajó durante unos meses en una entidad bancaria, según nos cuenta otra vecina, pero luego desapareció.

«Yo vivo ahora en la casa de Josu, de alquiler, claro está, que no tengo tanto dinero como para comprarme una casa», nos dice Juana mientras apunta al cuarto piso de un bloque de edificios de la Vgaoko Dorre Kalea. «Pero aquí ya no queda nadie de su familia directa, tan sólo de “tercera sangre”: primos y tíos lejanos. La hermana se casó y se fue a vivir a Amorebieta. La casa en la que vivo la compró Josu para vivir aquí cuando regresó a finales de los noventa, en los años en los que fue elegido concejal del pueblo y diputado del Parlamento Vasco. Luego vivieron sus padres, cuando murieron la dejaron en herencia a la sobrina y ésta luego la vendió. Los actuales dueños que me alquilan la casa no tienen nada que ver con él», nos relata la vecina, que pronto nos da su opinión sobre la detención del terrorista. «Mira, si ha hecho cosas malas tiene que rendir cuentas ante la Justicia, como todos. Ya era hora. Yo no tengo nada en contra de él, pero hay que castigar a quien no hace el bien», sentencia. Juana se mete en la carnicería y continúa allí con su argumentación, a la que se suma el dueño del local. «Oye, a mí me parecía un tipo noble y trabajador. Cuando le veía por aquí antes de que desapareciera, pues nos saludábamos, y me parecía normal. No sé qué le pasaría, pero bueno, oye, que cada uno piense lo que quiera sobre él, aquí somos pacíficos y no tenemos nada que ver con lo que Josu hizo. Si realmente ha hecho lo que dicen que hizo, que pague por ello», dice el hombre.

Josu Ternera, vecinos

Frente a la entonces vivienda de Ternera ondean un par de banderolas con la exigencia del acercamiento de los presos de ETA. Son las dos únicas que lucen los balcones de esta población de poco más de 4.000 habitantes que, al igual que las paredes, también quieren borrar –la mayoría– las huellas del líder etarra. «Antes, los simpatizantes de los terroristas estaban más crecidos y eran más. Esto no quiere decir que ya no existan, pero son los de siempre, los que se reúnen en la Herriko Taberna. Yo incluso tengo amigos y familiares abertzale, pero la situación ha cambiado muchísimo, al menos aquí en Miravalles», nos relata Ignacio, que acude con su carrito a hacer la compra.

Según nos describe, este pueblo ha sido siempre un feudo del PNV, eso sí, con una nutrida representación de la izquierda abertzale que ahora se reúne entorno a EH Bildu. «Yo te diría que son como un tercio del pueblo, el resto no quiere saber nada de eso», sentencia. Si nos fijamos en los resultados de las últimas elecciones locales, los jeltzales se hicieron con ocho de los 11 concejales del Ayuntamiento. Bildu se quedó en tres. En los comicios generales del 28-A, el PNV recibió el 38% de los votos y la segunda fuerza, la liderada por Arnaldo Otegi, rozó el 23%, seguida por el PSE y Podemos.

Josu Ternera, vecinos

«Si quieres que alguien te hable bien de Josu, no tendrás más remedio que ir a la Herriko o al Bar Felipe, que es donde van ellos», aconseja Ignacio. «Los que más te pueden comentar sobre la detención y cómo ha sentado en su entorno son los de la Herriko», insiste la camarera del Bar Aker, que linda con el de los abertzale. Así hacemos. La fachada del primero de ellos es el único lugar donde todavía se exhibe el rostro de Ternera. También presumen también de ikurriña. «No vamos a hablar del tema, no tenemos nada que decir», espeta la joven camarera. Otra pareja que apura un chacolí nos mira de reojo. Nos acercamos y antes de preguntarles aseguran con brusquedad que con los periodistas no hablan. Un póster de Rosa de Luxemburgo preside el local, que es aderezado con manifestaciones pro presos y otras reliquias a favor de la banda. «Si no tienes nada más que preguntar...», nos dicen a modo de invitación para abandonar en el local.

De camino al segundo de los «puntos calientes» del pueblo nos topamos con Goio, natural de Basauri, pero instalado en el pueblo desde hace más de 18 años. «¿Qué piensa de la detención de Josu Ternera?», le pregunta un servidor. «Dirás de Josu Urrutikoetxea», matiza con rapidez. «Pues que no se le ha reconocido el papel decisivo que jugó en el proceso de paz. Con su detención, lo que se hace es atacar completamente ese acuerdo», dice con mucha educación, en contraste con las formas de los clientes de la Herriko. «Mira, es cierto que aquí la gente prefiere ya mirar al futuro. Desde que la lucha armada cesó, se ha querido poner distancia. Pero también te digo que esto nunca fue el Ulster», argumenta, comparándolo con la guerra del IRA en Irlanda del Norte. «Pero lo que yo, personalmente, no entiendo, es por qué no quieren pasar página desde España. Josu fue clave en el proceso de paz, por qué tienen que ir ahora a por él si no estaba molestando a nadie», añade. Según nos relata Goio, en Ugao nunca ha habido problemas de convivencia. «Cada uno pensaba lo que quería y nadie molestaba», dice categóricamente. «Por eso, cada uno te hablará de Josu en función de su ideología, la imagen que tengan de él estará tamizada por el planteamiento político de cada uno», sentencia. Ya en las puertas del Bar Felipe, muy cerca de las vías del tren que atraviesan este pueblo obrero rodeado de fábricas intrincadas en la montaña, Goikoana critica con dureza la detención de Ternera. «Parece que los políticos no cambian. Qué curioso que la detención se produzca en plenas elecciones locales. Los partidos españoles sacan el tema de ETA para conseguir votos, en vez de buscar soluciones para que cada uno pueda elegir su camino», asevera. Un argumento que utiliza también Luis, de 62 años, que camina con su mujer pese a la incómoda lluvia que no cesa. «Yo pensaba que estaba olvidado ya el tema y ahora lo devuelven al debate público porque estamos en elecciones. Mira, a Josu lo tenían localizado desde hace mucho tiempo, pero lo han detenido ahora por lo que todos sabemos», afirma el lugareño. «Con esto no se ayuda a la convivencia. Este pueblo ha cambiado mucho, es cierto que Bildu sigue siendo la segunda fuerza más votada, pero aquí las ideas ya no son tan radicales como antes. Queremos que nos dejen vivir en paz», sentencia. Una opinión que es ampliamente compartida en Miravalles. Sí, Ternera nació y vivió aquí, pero eso, «ya es historia», insisten. La pintura fresca que tapa las pintadas así lo confirma.

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