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Jesús Mariñas: “Así me retuvo la Interpol en República Dominicana”

Lo que prometía ser un viaje para recordar se convirtió en una auténtica pesadilla

Yo iba feliz y muy contento de asistir para luego contar la primera edición del festival cinematográfico de Cana Dorada, además de ser una nueva oportunidad de disfrutar de Punta Cana, uno de los sitios más turísticos y reclamados de la caribeña Santo Domingo. Elio, mi marido, y yo viajamos con la compañía Air Europa, que mejoró mucho sus servicios gracias a la eficacia y experiencia de Juanjo Hidalgo. Pero las ilusiones puestas en el viaje tornaron en desilusión y desencanto nada más llegar a aquella bendita tierra, la primera que pisó Cristóbal Colón llamándola «La Española» y que es hoy capital de República Dominicana.

Un monumento inmortaliza al almirante que aseguran reposa aquí disputándose con Sevilla tamaño privilegio, aunque hay otros que aseguran que sus restos reposan en la imponente catedral bética. Eran otros tiempos en los que España descubría países y nos envidiaban como no hacen ahora. Pues bien, estábamos esperando pasar el tedioso control de aduanas cuando ocurrió una situación que nunca antes había vivido. Estuve a punto de sufrir un shock al comprobar que una persona, que resultó ser funcionario de la Interpol, sostenía un cartel con mi rostro impreso. Mi sorpresa inicial dio paso a la indignación al saber a mi llegada a Punta Cana que estaba siendo buscado por la Interpol, por lo que se me negaba la entrada a la República Dominicana. Sin más, era retenido y mi pasaporte confiscado en Emigración durante horas en el aeropuerto. No me dieron más explicaciones a pesar de mi insistencia y nerviosismo por saber qué era lo que ocurría. Estaba perplejo al no recibir ningún tipo de respuesta.

Toda la vida viajando por medio mundo cubriendo galas, eventos y festejos y nunca me había encontrado en una situación tan angustiosa. Jamás he experimentado un susto semejante. Tras varias horas de angustiosa espera, finalmente nos dejaron marchar a Elio y a mí. Al día siguiente, no tuve más remedio que aplazar los planes previstos para conducir otros doscientos cincuenta kilómetros –quinientos en total de ida y vuelta– que separan Punta Cana de Santo Domingo. Me dirigí indignado y hasta cierto punto temeroso de lo que podría ocurrir a la Embajada española. Allí, mi asombro fue aún mayor al comprobar que me entregaban un simple folio consignando mi pasaporte como “perdido". ¿Perdido? Si lo confiscaron en Emigración.

Parecía una broma de mal gusto. Pero no hubo más. Ni opción de reclamar ni de solicitar un nuevo pasaporte. Indocumentado, me vi obligado de abandonar la isla. No era cuestión de quedarme allí más tiempo del planificado, a parte de que se pueden imaginar mi estado de ánimo.

Tres días después llegué gracias a Dios y sin más incidentes a mi añorado, ahora más que nunca, aeropuerto de Barajas. Esta vez no hubo ningún problema a pesar de tener solo como identificador mi DNI. Suerte que siempre lo llevo como una segunda piel. La explicación a mis desdichas en Santo Domingo pude conocerlas ya en Madrid.

Un problema burocrático

Hace un tiempo perdí mi pasaporte, y cuando apareció, presté declaración en comisaría, pero la versión internacional no fue compartida con Interpol. De ahí que fuera interceptado en el aeropuerto. Finalmente, me devolvieron el documento el pasado 20 de enero. Un viaje, en fin, marcado por la terrible anécdota de mi retención por la Interpol pero en el que pude disfrutar también del sol y la playa caribeños y reencontrarme y disfrutar también con grandes amigos, como Paz Vega, Olivia de Borbón, Carmen Lomana, Marc Clotet y Jaime Martínez-Bordiú, con su pareja Marta Fernández. Sin olvidarme de la alegría que supuso ver en concierto a José Luis Rodríguez “El Puma” tras su grave estado de salud. Aunque pienso que siempre hay que quedarse con lo positivo, ¡vaya susto!