José Campos sobre Carmen Martínez-Bordiú: “Nunca hablaré de ‘la difunta’ aunque tenga que cerrar mi bar”

Tras siete años sin conceder una entrevista, nos habla de un pasado del que dice no arrepentirse

ENTREVISTA CON JOSÉ CAMPOS
ENTREVISTA CON JOSÉ CAMPOS FOTO: Nacho Cubero La Razón

Fue uno de los personajes más queridos y reclamados por la prensa del corazón en el año 2010. Por aquel entonces, su matrimonio con Carmen Martínez-Bordiú le había situado en la primera línea del foco mediático y su posterior separación, en 2013, provocó un gran revuelo en la familia de la aristócrata.

Poco queda ya de aquel José Campos que viajaba con ella sin descanso recorriendo el mundo y dando reportajes exclusivos para una conocida revista. Su vida ha dado un giro de 180 grados en los últimos siete años. Tras la ruptura con Carmen, decidió dejar de lado la fama por voluntad propia para centrarse en su mujer, Marián, profesora de un prestigioso colegio de Santander, y en su pequeña Martina, fruto de esa unión. Con ellas comparte ahora sueños en su cabaña de la capital cántabra, donde reside el protagonista en la actualidad. Muy cerca de su domicilio se encuentran las Galerías Culturas, un coqueto y bonito restaurante cuyo administrador único es el propio Campos desde hace más de quince años.

Hasta allí nos hemos desplazado para conversar con el cántabro, después de que en marzo del pasado año sufriese un complicado ictus cerebral, del que poco a poco se va recuperando, aunque con algunas secuelas. Así nos lo desliza en esta entrevista exclusiva en profundidad, en la que, de manera completamente amable, se abre por completo sobre su pasado, presente y sus expectativas de futuro. Campechano como de costumbre y sin pelos en la lengua, afirma que no quiere saber absolutamente nada del mundo de la prensa rosa, ya que «no ha ganado ni un solo euro desde que se separó». Es por eso que se plantea tomar medidas legales contra colaboradores de Telecinco como Kiko Matamoros y uno de los programas para los que trabaja. Y, hablando de colaboradores, Jimmy Giménez-Arnau, ex cuñado de Carmen Martínez-Bordiú, tampoco se ha librado de que José Campos le dedique unas palabras, y no precisamente bonitas.

–Cuánto tiempo sin saber de usted...

–Llevo siete años sin dar una entrevista. Estoy de baja desde hace un año y no puedo trabajar. Me están haciendo pruebas, porque no saben el motivo por el que sufrí el ictus cerebral, se desconoce si fue realmente por el Covid o qué. Mis análisis están todos perfectos, estoy haciendo deporte y mi vida es muy sana. No bebo ni fumo.

–Fue un susto tremendo...

–Imagínate. Mi hija Martina me dio un codazo sin querer a las tres de la mañana, porque ella duerme con nosotros. Al despertarme tenía toda la parte derecha del cuerpo paralizada. Me tiré al suelo para despertar a mi mujer y luego vino la ambulancia y ya me operaron. Recuerdo que cuando todo terminó, los médicos me dijeron que había sido un milagro que viviese y que quedase tan bien porque lo normal es que me hubiese quedado ahí.

–¿Ahora hace vida normal o han quedado secuelas?

–Salgo a andar y hago deporte, pero todavía me cuesta hablar y responder por el ictus. No puedo atender a una mesa o hacer bien todo lo que he hecho siempre. Me cuesta, y por eso solo vengo un par de horitas al día a ver cómo está todo el negocio. He estado con logopedas y aunque físicamente estoy perfecto, a nivel mental todavía queda mucho y es por eso que no puedo trabajar.

–A esto hay que sumarle la complicada situación que atraviesan todos los hosteleros...

–Esto es una ruina. En Cantabria somos la única región de España en la que no podemos atender en el interior de los bares y restaurantes. Hemos protestado, pero yo por mi situación, no he podido ir a las manifestaciones a reclamar lo que es nuestro. Solo queremos trabajar y no nos dejan.

–Entiendo que ya rechaza todo lo que tiene que ver con la televisión y la fama.

–Sí. El otro día vi que me puso a parir Kiko Matamoros y posiblemente voy a demandarle, tanto a él como al programa para el que trabaja. Lo estoy mirando con mis abogados, porque yo ya no soy un hombre público y esto que estoy haciendo contigo lo hago gratis. Ya no voy a ningún plató, y eso que me han ofrecido ir a muchos sitios: «Supervivientes», «Ven a Cenar Conmigo», «Pasapalabra», etc, pero no he querido. Yo ya no vivo de esto y desde que me separé de «la difunta» no he cobrado ni un euro de nada de esto. Algo que yo siempre le digo a la gente es que no me quiero convertir en un Jimmy Giménez-Arnau.

–¿Qué quiere decir con eso?

–No quiero convertirme en una persona así. No quiero ir a ningún sitio a hablar de mi ex familia, con la que siempre hubo muy buena relación. No tengo ninguna queja, pero yo no puedo volverme como él porque me daría vergüenza de cara a mi familia y a mis amigos. Me niego.

–Resulta increíble si recordamos su boda ante 1.200 personas y el revuelo mediático que se generó entorno a su relación con Carmen, y ahora ha pasado al anonimato y se mantiene firme en eso.

–Tenía que hacerlo. Fueron siete años en los que viví experiencias que nunca hubiese vivido en otra circunstancia. Me he recorrido el mundo y he estado en miles de sitios que nunca pensé que iba a estar, y también he conocido a muchísima gente y muy buena. Con el «¡Hola!» fuimos a muchos sitios e hicimos unos reportajes increíbles. Todo son etapas. Ese es mi pasado y no me arrepiento de nada.

–¿Con qué se queda de todo lo que vivió?

–De recuerdos, ninguno. Cuando estás arriba tienes a mucha gente a tu lado y los periodistas te quieren, y cuando te apartas los periodistas se olvidan de ti. Yo me porté muy bien con muchos de ellos y algunos ni me han llamado para preguntarme cómo estaba con lo del ictus. Qué decepción. Les conté algunas cosas y yo de aquello no me llevaba dinero...

–Bueno, los reportajes en las revistas no se pagaban mal, ¿no?

–Sí, pero eso luego se lo gastaba todo ella (risas). Yo no tenía ningún interés económico con ella, aunque la gente se pensaba que sí y decían que yo quería fama. Pero si al principio yo ni sabía quién era ella... Yo tenía mi trabajo y vivía muy bien. Ahora vivo en una cabaña con mis patos, mis gallinas, y soy muy feliz.

–Ha decidido no hablar de Carmen Martínez-Bordiú, pero algunas personas piensan que estas cosas es mejor normalizarlas en vez de evitarlas. ¿Qué opina?

–Yo no hablo ni bien ni mal de ella. Ella se fue con «el chatarrero» y me echó de casa. No le guardo rencor ni nada. La vida es así. Desde entonces no tenemos contacto ni tampoco lo volveremos a tener nunca. Lo que hay es una total indiferencia. A sus amigos no les veo ni tengo tampoco relación con ellos. Yo cambié de vida y no aceptaré dinero por hablar de ella en mi vida, aunque mi negocio tenga que cerrar. No lo haré.

–Aparte del negocio de su bar, que es su vida desde hace años y en el que ahora nos encontramos, ¿tiene algún otro proyecto en mente?

–Sí. Ahora tengo en marcha otro nuevo proyecto que son unos baberos cerveceros. Es una patente que tengo. Estoy buscando un esponsor para poder traerlo a todos los bares de España. Estos baberos se llaman «Los baberos de Martina», como mi hija, porque la idea me vino estando con ella. Es un método perfecto para limpiar la cerveza que sobresale y luego tirarlo.

–Con Bertín Osborne siempre ha tenido un trato muy cercano porque él viene mucho a Cantabria.

–Con Bertín tengo una relación excepcional. Cada vez que pisa Cantabria me llama y viene al bar, aunque tenga que dejar tirado a todos sus amigos (risas).

–Se habrá enterado de su separación de Fabiola, anunciada por el propio Bertín a mediados del mes pasado...

–Sí, y me ha dado mucha pena. Yo estuve en su boda en Sevilla, que fue maravillosa. Siempre le pregunto por ella y por los hijos. Les tengo mucho cariño a todos a pesar de que tampoco hablemos con frecuencia.