Sánchez cree que Marlaska es soberbio, o sea, estupendo, magnífico, grandioso...

El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una rueda de prensa tras la reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en Madrid (España), a 24 de marzo de 2021.
El ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, durante una rueda de prensa tras la reunión del Consejo Interterritorial del Sistema Nacional de Salud, en Madrid (España), a 24 de marzo de 2021. FOTO: EUROPA PRESS/J. Hellín. POOL

Como ya se cuenta hasta en los chistes, Grande-Marlaska quiere irse, desea marcharse, pero los agentes que controlan el confinamiento perimetral no le dejan. Según las lenguas viperinas, Él confiesa en la intimidad que cómo va a prescindir de un ministro al que incluso los medios nada afines al Gobierno han calificado de soberbio, o sea, sigue Sánchez, de espléndido, estupendo, maravilloso, magnífico, sublime e insuperable. No es sólo Grande, es el Más Grande. Como una ola pero sin marinero de luces. En estos tiempos en los que hay que vigilar las aguas residuales a la caza de los virus de distintas cepas (cuentan que opina Iván Redondo), ¿quién controla las cloacas mejor que él? Y repite su mantra favorito: «La política es el arte de lo que no se ve». Solo amor y flores a Marlaska. Todo dulzura. Como Iglesias cuando solicita a las izquierdas que durante la campaña «es importante que no nos soltemos pullitas entre nosotros», es decir, volquemos la mala leche en los puyazos a Díaz Ayuso. A Serigne Mbayé, portavoz de los manteros que va en la lista del morado, lo tiene como punta de lanza. Ya ha declarado el negro que «Madrid es muy racista» y que en el Metro se siente incómodo: «Yo pongo las manos en un lugar visible para que vean que no estoy robando». Así Iglesias podrá clamar desde el púlpito que convendría que Díaz Ayuso hiciera lo mismo, o sea, ponga usted las manos donde yo pueda verlas, o mejor aún, manténgase toda la campaña manos arriba. Lo de «Madrid es muy racista» le viene al podemita que ni pintado para acusar de xenófoba a Isabel: no quiere que el Madrid fiche a Mbappé, dirá, porque considera que ya tiene bastantes negros con Vinicius y Mendy, y además pertenece a la derecha fascista que está dispuesta a firmar para que en Washington no se retire la estatua de Lincoln, eminente esclavista.

Si las series le dejan tiempo para ver una película, le recomiendo «Otra ronda». Su director, Thomas Vinterberg, opina: «A lo largo de la historia, la gente ha hecho grandes cosas estando borracha». No sé qué carajillo bebe Iglesias por las mañanas. Imagino que Marlaska debe trasegar «peppermint frappé»: licor verde guardia civil con hielo picado. Soberbio.