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María José Cantudo: “Recibí una señal divina y entendí que mi amor es el Señor”

Reconoce que su fe la ayudó para no caer en las drogas como otras compañeras de profesión. Ahora, busca el momento para volver al teatro

María José Cantudo
María José Cantudo

María José Cantudo es poco amiga de conceder entrevistas, pero hace una excepción con LA RAZÓN pocos días después de cumplir 64 años, la edad que figura en su carnet de identidad y que contradice a los que le adjudican setenta. A estas alturas de la vida la actriz conserva la belleza que sedujo a miles de españolitos de a pie que veían en ella su ideal de mujer. Ella no presume de ello, su currículum sentimental es escaso pero rico en sentimientos, y es tan creyente que asegura que «Dios es mi gran amo». En su carrera artística de casi medio siglo aparecen veintiseis películas, dieciocho obras de teatro y múltiples apariciones televisivas.

–Entiendo que ame a Dios, pero… ¿tan mal está el panorama masculino que no encuentra pareja?

–Es que mi amor siempre ha sido Dios.

–¿Se considera una beata?

–Soy creyente, pero no una meapilas. Voy a la Iglesia a rezar a Dios, pero no soy de misa diaria. Eso sí, en los malos momentos siempre me aferró a él.

–¿Cuándo se dio cuenta de que Dios es su «pastor»?

–En una ocasión me dedicaron en mi tierra, en Andújar, una «levantá» del paso del Cristo. Me quedé mirando y creo que recibí una señal divina. Desde entonces, entendí que mi amor es el Señor.

–¿Y cómo recuerda a sus tres grandes amores, Manolo Otero, Pedro Ruiz y Enrique Cornejo?

–Con cariño. Son los únicos hombres de mi vida. Con Manolo me casé y tuvimos un hijo, pero nos veíamos poco, porque viajábamos mucho por trabajo. Y de Pedro y de Enrique me quedan grandes recuerdos.

–Su hijo Manuel es un prestigioso abogado.

–Y bien orgullosa me siento de él porque le he criado yo sola.

María José Cantudo

–¿Sueña con convertirse en abuela?

–No. Simplemente, no me viene ese pensamiento. Además, considero a mis cuatro sobrinos como si fueran hijos. No deseo meterle prisa a mi hijo y a su mujer, que sean padres cuando quieran.

–¿No le pesa su soledad sentimental?

–Para nada. Estoy encantada, porque enamorarte y desenamorarte es un horror. Me cuesta mucho enamorarme y lo paso muy mal en el desamor.

–Es tan independiente que nunca ha metido un señor en su casa.

–Jamás. Cada uno en la suya y Dios en la de todos.

–Dicen de usted que tiene un carácter muy fuerte…

–Lo saco cuando es necesario, pero soy una mujer muy cariñosa, afable, no me gustan las discusiones… Ahora, si me atacan o dicen falsos testimonios sobre mí, ahí me encuentran.

–¿Qué odia más en la vida?

–La mentira. Es lo que odio con todas mis fuerzas. No soporto a un mentiroso, me causa náuseas, es horrible.

–¿El Señor le apartó de vicios y adicciones que no supieron superar otras compañeras de profesión?

–Ni fumo, ni bebo alcohol, ni me drogo.

María José Cantudo / Gtres

–¿Ha pasado por las manos del cirujano plástico?

–Nunca. El día que me salgan arrugas o se me «caiga» lo que se tenga que caer, estaré encantada, porque significará que año que cumplo es un año que Dios me ha dado. Pero respeto mucho a quien se opera.

–¿No le preocupa el paso del tiempo?

–Para mí no supone un problema. Le doy las gracias al Señor por permitirme seguir viva. Toda esa gente estúpida que cree que ser joven es lo mejor del mundo está equivocada. A mis años sigo siendo guapa, tengo buen cuerpo… No me obsesiona lucirme ante el mundo.

- ¿Le tienta la idea de volver a los escenarios?

–La última vez que me subí a un escenario fue en el 2007, con «La feria de Madrid», de Lope de Vega. Podría hacer teatro, pero, ahora mismo, el teatro que se hace no es el que me gusta. Prefiero esperar… para montar una obra de alta comedia muy bien preparada. Mi proyecto más inmediato está relacionado con el mundo del arte, el diseño y la decoración. Pero es pronto para adelantar nada.

–Tiene mucho que contar. ¿Escribirá sus memorias?

–Estoy narrando en mi perfil de Facebook episodios de mi vida, pero no tengo intención de escribir mi autobiografía.

–Algunos saldrían malparados…

–Los que me pusieron zancadillas y «una mano en el cuello». No es que me sienta ayudada.

–¿Ha querido más de lo que le quisieron?

–Unos me quisieron para ellos solos, o se quisieron mucho a sí mismos, o yo no me quería nada… No lo sé.

–¿Qué opina de los artistas que venden sus intimidades?

–No he vendido una exclusiva en mi vida, jamás hablé mal de nadie y menos por dinero.