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Populismo irresponsable

Tiempo de lectura 4 min.

28 de septiembre de 2011. 20:43h

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29/9/2011

El Rey vaticinó ayer un futuro de «muchos sacrificios» para el país. Las palabras de Don Juan Carlos describieron con espontaneidad y realismo el panorama adverso que las cifras y los estudios reflejan desde hace meses y que los políticos más responsables han reconocido para poder enmendarlo. No hay margen para los paños calientes ni las verdades a medias, sea campaña electoral o no lo sea. Las exigencias internacionales a nuestro país son proporcionales a las consecuencias de una gestión de la crisis muy deficiente. La escasez de recursos públicos y las trabas para lograr una financiación regular y eficiente han abocado a las administraciones públicas a una aguda política de ajustes. Desde hace días son noticia casi diaria las decisiones, muchas veces traumáticas, de gobiernos autonómicos, forzados por las circunstancias de una herencia recibida marcada por el endeudamiento y el déficit. La mayoría de los nuevos gobiernos populares se ha topado no sólo con la caja vacía dejada por los socialistas, sino con compromisos de deuda ocultos y miles de facturas sin pagar en los cajones. El paradigma de esa situación de quiebra técnica ha sido Castilla-La Mancha, con 7.000 millones de deuda reconocida y 2.500 millones en facturas sin pagar. La respuesta de Dolores de Cospedal fue una terapia de choque consistente en reducir en un 20% el presupuesto regional. En Baleares, José Ramón Bauzá se ha enfrentado también a la escasez y ha adoptado políticas casi de excepción imprescindibles, como la eliminación de 92 empresas públicas para ahorrar 115 millones de euros. No estamos ante decisiones caprichosas ni mucho menos ante un falso alarmismo como desde el PSOE se ha presentado estos días. Es la asunción de una realidad y la gestión compleja de un escenario con parámetros no alejados de la bancarrota en algunos casos. La coyuntura no está delimitada por la retórica reduccionista de una izquierda en campaña, responsable principal del colapso financiero de muchos territorios, sino por la estadística y la calle. La primera nos habla de que el déficit de las comunidades autónomas alcanzó el 1,20% del PIB en el primer semestre, cuando el objetivo para todo el año es del 1,30%, y de que algunas de ellas no lograrán alcanzarlo, lo que no beneficiará ni a la confianza ni a la credibilidad. La segunda nos presenta un estado de opinión pública mayoritaria que apuesta por la catarsis del cambio que los gobiernos populares han puesto ya en marcha porque no hay otra salida. Ante el rigor y la seriedad se ha instalado en el PSOE un discurso demagógico y radical que falsea la realidad con promesas que directamente atentan contra la inteligencia de los españoles. Si el guión de los últimos días del candidato Rubalcaba es lo que nos espera hasta el 20-N, no puede ser más decepcionante. Cabría esperar algo más de un político de su trayectoria que anunciar subidas a los funcionarios y pensionistas que no podrá cumplir y que presentarse como el adalid de las políticas sociales cuando fue uno de los brazos ejecutores del mayor recorte de la historia democrática. Los españoles se merecen la verdad, aunque a algunos les cueste entenderlo.

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