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( Memorias )

«Grasiento» Stalin

La viuda de Ósip Mandelstam relata el calvario de su marido, que sufrió la ira y condena del dictador ruso

«Contra toda esperanza»
N. Mandelstam. Acantilado. 660 páginas; 29 euros.

  • Ósip Mandelstam fue deportado al extremo oriente ruso
    Ósip Mandelstam fue deportado al extremo oriente ruso

Tiempo de lectura 2 min.

14 de noviembre de 2012. 23:01h

Comentada
15/11/2012

Un poeta lo puede soportar todo, escribió Roberto Bolaño. Y acaso tenía razón. Ósip Mandelstam, el enorme poeta ruso que sufrió la humillación, la tortura y el terror, pudo hacerlo. Al menos, hasta donde pudieron sus fuerzas. Porque la desgracia de haber caído en las garras de Stalin y de haber sufrido arrestos y destierros acabó con su salud física y mental en muy poco tiempo: durante 1934, las autoridades soviéticas lo detuvieron y lo enviaron primero a las frías y desoladas ciudades de Cherdyn y Voronezh y cuatro años más tarde a Vladivostok, en el extremo oriental ruso. Murió enseguida, haciendo trabajos forzados y condenado por la sencilla razón de haber compuesto un poema «dedicado» a Stalin.

   Su esposa, Nadiezhda Mandelstam, que lo acompañó en su primer destierro en aquellos helados años, es quien cuenta todo lo que le ocurrió a su marido, y a ella misma, en «Contra toda esperanza»: desde el momento en que a Mandelstam se le ocurrió leer el poema en casa de Pasternak (había varias personas y una de ellas, seguramente, delató al poeta) hasta el largo peregrinaje que ella hizo por diversas partes de Rusia, conservando en la memoria una obra que ha permanecido viva gracias a su afán y a su empeño. De otra manera, los poemas de Mandelstam no habrían sobrevivido a la purga.

   «Vivimos insensibles al suelo bajo nuestros pies», decía el poema en el que Mandelstam describía a Stalin con dedos gordos que «parecen grasientos gusanos», toda una provocación que iba a terminar, como señala Nadiezhda en estas memorias, en un fusilamiento. Y no: Stalin optó por humillarlo: le pidió que le escribiera un poema y en enero de 1937 Mandelstam escribió «Oda a Stalin». Tenía razón Bolaño: un poeta puede soportalo todo. Sobre todo un poeta para quien «la vida es un don al que nadie tiene derecho a renunciar».

 

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