Netanyahu se someterá a primarias ante el 2-M

Israel celebrará las terceras elecciones en un año, El país vive un bloqueo insólito, con un Gobierno en funciones desde diciembre de 2018 y su «premier» imputado por corrupción. Aun así buscará la reelección

Los cantos a la unidad cayeron finalmente en saco roto. Tras el fracaso en sus intentos de formar coalición de gobierno por parte de Benjamin Netanyahu y Benny Gantz, la Knesset –el Parlamento israelí– agotó el periodo extra de 21 días para intentar lograr un diputado de consenso que recabara los 61 apoyos mínimos para poner en marcha la 22 legislatura. Las reuniones “in extremis” entre los líderes del Likud y Azul y Blanco fueron pura escenificación. Minutos después de los encuentros del último día, ambos se culpaban de mantener el bloqueo que finalmente ha abocado a una situación insólita en la política del Estado judío: habrá elecciones el 2 de marzo, las terceras en un año, en un país sin gobierno efectivo desde diciembre de 2018.

La segunda ronda electoral de septiembre dejó un escenario prácticamente calcado a la de abril. A Netanyahu no le bastaba el apoyo de las facciones de extrema derecha y ultraortodoxos (55), ya que el derechista laico Avidgor Lieberman –líder de Israel Beitenu, que rompió con él en 2018 y renunció como ministro de Defensa por discrepancias en la política en Gaza–, se resistía a devolverle la confianza, en esta ocasión por no aceptar la exención militar de los jóvenes ultraortodoxos y otros aspectos en la relación entre religión y Estado. Por su parte, a Benny Gantz no le bastaba con mirar a su izquierda, ya que incluso con un peliagudo apoyo externo de la Lista Árabe Unida, no le daban las cuentas. Y nadie esperaba que el «árbitro» Lieberman cediera sus ocho escaños, dada su beligerancia contra los árabes israelíes.

Desde el presidente Reuven Rivlin, a pesos pesados de los dos grandes partidos y medios de comunicación habían exigido la fórmula del gobierno unitario Likud-Azul y Blanco como única alternativa viable. Pero las intenciones de Netanyahu, recientemente imputado en tres casos de corrupción, fraude y abuso de confianza por aceptar regalos multimillonarios y tramar chanchullos con editores de prensa para recibir un tratamiento favorable, fue presentarse como una víctima de Gantz, que poco antes le culpó de querer forzar las terceras elecciones para ganar y aprobar una ley de inmunidad que le proteja de los inminentes juicios.

«Quieren ocultar que hicieron todo lo posible por evitar un gobierno unitario amplio que hubiese anexionado el Valle del Jordán y declarado la soberanía sobre los asentamientos», achacó Netanyahu refiriéndose a la reacción de Gantz a sus recientes y polémicas propuestas. No obstante, Azul y Blanco se había mostrado favorable a una eventual anexión de esta estratégica región, que supondría otro palo en las ruedas al futuro estado palestino. El líder del Likud también culpó a Gantz de «hacer todo lo posible, pero fracasó», para unirse a los árabes. Ante eso, añadió, solo hay una salida: «Una gran victoria, y la lograremos».

El otro escollo que afronta Netanyahu de cara a lograr un quinto mandato es de puertas adentro: su «archienemigo» Gideon Sa’ar –que abandonó el partido en 2014–anunció públicamente su intención de batirse en unas primarias contra el líder más longevo de la historia de Israel. Sa’ar mencionó que su principal motivación para concurrir a la elección –prevista para el 26 de diciembre–, no es añadir leña al fuego en las causas judiciales que afronta el primer ministro en funciones, sino intentar desbloquear la situación, ya que «Netanyahu falló en dos ocasiones en su intento, y es evidente que ya no lo logrará de nuevo». El anuncio del opositor ha despertado enfurecidos debates en la militancia del partido, pero sus probabilidades de lograr un cambio en la histórica formación de la derecha en Israel son prácticamente nulas.

Mientras, los israelíes debaten en calles, cafés y puestos de trabajo incrédulos por la parálisis que vive su país. El número dos de Azul y Blanco, el ex periodista Yair Lapid, advertía del «tsunami» de «odio y violencia» que se espera en la próxima campaña: «Asegúrense que sus niños están alejados de la televisión los próximos tres meses, para no escuchar lo que dicen los políticos». En los anteriores comicios, el debate brilló por su ausencia, y la campaña se basó en breves y agresivos mensajes virales en redes sociales. Lapid añadió que «hay tres razones por las que volvemos a elecciones: fraude, soborno y abuso de confianza», a pesar de que su coalición valoró hasta el último minuto una fórmula de Gobierno en rotación con Netanyahu.