Macron sí, Sánchez no

El encuentro en el Elíseo entre el presidente francés y Juan Guaidó aumenta la presión a Moncloa para que rectifique su postura

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El presidente interino de Venezuela, Juan Guaidó, emprendió el domingo una gira internacional inesperada e improvisada forzado por el último intento del chavismo de silenciar a la oposición democrática. Desde hace un año, Venezuela convive con dos presidentes, dos parlamentos y una población que agoniza. El pasado 5 de enero, Maduro trató de desalojar a Guaidó como presidente de la Asamblea Nacional y, por ende, presidente interino con una votación sin quórum y sin la mayoría necesaria. Quería asestar el último golpe contra la oposición democrática. Una exhibición de fuerza. No lo logró. Guaidó consiguió organizar una votación alternativa en la que salió reelegido como presidente de la Asamblea Nacional.

En este pulso dramático contra el chavismo, Guaidó optó por activar la carta internacional. Primero con un encuentro con el secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, en Colombia. Después con el primer ministro británico, Boris Johnson, en Reino Unido. En Bruselas, con el Alto Representante de la Política Exterior, Josep Borrell. Davos con la canciller Angela Merkel y en París con el presidente Emmanuel Macron. Por último, España con Sánchez. El desplante de Moncloa puso en riesgo el viaje. El equipo del presidente interino se partió en dos. Unos defendían que había que cancelar el viaje ante la falta de respuesta del presidente español. Otros apostaban por responder a la negativa de Sánchez con un encuentro masivo con el exilio venezolano. Ninguno ocultaba su decepción. “Para nosotros ustedes son muy importantes”. Me escribía un miembro del equipo de Guaidó estos días.

España es el interlocutor de Europa en América Latina y en concreto es el encargado de fijar la posición de los Veintisiete respecto a la crisis en Venezuela. No se entiende este giro en la política exterior española sin el factor Podemos. No se entiende tampoco que España deje a Johnson, Macron y Merkel la defensa de los derechos humanos y la democracia en Venezuela. La realpolitik consiste en contemporizar con las partes. En mantener todos los canales de comunicación abiertos. Con la dictadura y con la oposición democrática. No alinearse con uno de los dos bandos y perder la capacidad de mediación e influencia.