Europa alerta contra un Singapur en el Támesis: cuanto más se alejen menor acceso al mercado

La lucha contra el cambio climático y la digitalización se convierten en las grandes prioridades en esta nueva etapa

En el día en el que el club comunitario sufre la amputación de uno de sus miembros, es momento de mirar hacía el futuro. Para Bruselas la partida de Reino Unido no es un momento de celebración sino de pesar, pero el mensaje de los Veintisiete reside en que este luctuoso episodio no supone el fin del proyecto de integración comunitario sino que incluso puede convertirse en un un nuevo revulsivo para encarar los retos del convulso siglo XXI. Pero nadie puede ocultar que la brújula sique sin marcar el Norte y que las dudas son muchas.

"Mañana, después de casi medio siglo de membresía del Reino Unido como parte de la UE, deja de ser parte de ella. En estos años hemos aprendido que nuestro poder no se basa en el aislamiento, sino en la unión. En ningún otro lugar del mundo ocurre esto”, ha asegurado la presidente de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen. “Hoy es un día excepcional para la UE. Nunca es un momento feliz cuando alguien se marcha, pero hoy se abre un nuevo capítulo. Nos esforzaremos para construir une UE más fuerte”, ha defendido el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel. “La UE no debe olvidar que somos mucho más fuertes cuando actuamos juntos. El día de hoy entrará en la historia de la Unión Europea. Lo que ocurre hoy supone una herida para todos nosotros”, ha declarado el presidente del Parlamento Europeo, David Sassoli. Unidad, unidad, unidad.

Para mirar el futuro no hay nada mejor que repasar el pasado. Los presidentes de las tres principales instituciones europeas, Parlamento Europeo, Comisión y Consejo se recluyeron ayer en la residencia de uno de los padres del club comunitario, Jean Monnet. Tras este breve retiro en la localidad francesa de Bazoches- Sur- Guyonne, la presidenta del ejecutivo comunitario ha recordado hoy como ejemplo las palabras del político francés: “No soy ni pesimista ni optimista, soy determinado”. Con esa determinación, los Veintisiete siguen dispuestos a mirar al futuro. Los tres presidentes han comparecido ante la prensa en un escenario poco habitual pero de significado claro: el edificio del Parlamentarium, el centro de visitantes de la Eurocámara que intenta explicar el papel de la institución en la vida diario de los europeos. “Debemos tener mucho más en cuenta las expectativas de los ciudadanos”, ha reconocido el presidente permanente del Consejo, Charles Michel, cuando se le ha preguntado sobre las lecciones aprendidas del portazo británico. Como muestra, la rueda de prensa de hoy ha servido de pistoletazo de salida para la Conferencia de Europa que se inaugurara en el mes de mayo y que pretende reflexionar sobre el futuro del club europeo.

De momento, ciertas prioridades parecen claras. “ Ni los retos ni las oportunidades a los que se enfrenta la UE cambian por el Brexit: cambio climático, ser pioneros en la digitalización y gestionar la migración de una manera humanitaria y eficaz. A partir de ahora queremos tener la mejor relación posible con el Reino Unido, pero nunca será tan buena como tenerlo como miembro de la UE”, ha asegurado Von der leyen. Este próximo lunes el Ejecutivo comunitario presentará las líneas maestras consensuadas con los Estados miembros que guiarán las negociaciones. Estarán guiadas por un mantra: 0 cuotas, 0 aranceles, 0 dumping. “Cuanto más quiere divergir Reino Unido, menor acceso tendrá a nuestro mercado”, ha advertido Michel

Más allá de las loas a favor de la unión, los interrogantes siguen siendo muchos. En un momento en el que la voz europea cuenta cada vez con más problemas para hacerse oír en un tablero internacional de alianzas variables, la perdida de Reino Unido supone un motivo de seria preocupación. Londres siempre ha sido un socio esquivo y altanero, pero fiable y comprometido en aquellos ámbitos en los que los intereses británicos coincidían con los europeos. Un punto de vista transaccional y egoísta, pero sincero y claro. Cuando Bruselas es consciente de que debe empezar a hablar “el lenguaje del poder” y relanzar su política Exterior y de Defensa ante un mundo marcado por la tensiones entre China y EEUU, el abandono de Reino Unido constituye importante revés. Se pierde una forma de mirar el mundo y una importante fuerza militar, económica y política: con arsenal nuclear, un asiento permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, eficaz red de diplomáticos y tecnología puntera. Pero hoy es el momento de mirar al futuro con optimismo, o al menos intentarlo.