Trump elabora un discurso del Estado de la Unión triunfalista

El presidente de EE UU se siente reforzado por el «impeachment» Un 57% de los indecisos se muestra a favor de su absolución por el «Ucraniagate»

El presidente Donald Trump, junto a su mujer Melania, en su residencia de Mar a Lago antes de la Super Bowl/AP
El presidente Donald Trump, junto a su mujer Melania, en su residencia de Mar a Lago antes de la Super Bowl/AP FOTO: Susan Walsh AP

Cuando Donald Trump, suba al estrado del Congreso y ofrezca su solemne discurso del Estado de la Unión, delante de todo el país y en mitad de la mejor semana en meses, tendrá motivos ciertos para solazarse. El miércoles el «impeachment», que parecía imparable hace dos meses, que amenazaba con derruir su presidencia a medida que aparecían nuevas conversaciones, testigos, pruebas, habrá pasado a mejor vida. Ya no será el primer y único presidente de los EE UU en ser cesado tras un juicio político. Todavía mejor, podrá usarlo como escudo. Y por si fuera poco tiene a favor unos números económicos realmente impactantes.

Normal que de cara a las primarias demócratas de Iowa, que se celebraban ayer martes, haya animado a los suyos. Sostiene que los «grandes acuerdos comerciales con China, México, Canadá, Japón, Corea del Sur y más, están HECHOS». Pronostica que «se avecinan grandes tiempos después de esperar durante décadas para nuestros agricultores, ganaderos, fabricantes y EL RESTO». Por supuesto «¡Nadie más podría haber logrado esto!». Por nadie más se refería a todos los otros presidentes. Por esto, a la indutibable solidez de las cifras macroeconómicas y los acuerdos y tratados que poco a poco su Administración ha ido tejiendo con no pocos países importantes para el comercio estadounidense. Que se trate de pactos que alteren la situación previa es ya otra historia. De cara al electorado puede presumir de unas cuantas bazas.

De modo que hoy, Trump, adorado por los republicanos, cortejado por las emisoras afines, odiado como siempre por la bancada contraria, podrá repetir su antiguo lema de guerra, «Make America Great Again», e incluso vanagloriarse y renovarlo con el «Keep America Great Again». Lo hará bajo la mirada de una Nancy Pelosi en derrota. La todopoderosa líder de la mayoría demócrata y presidente del Congreso nunca vió claro el juicio político contra su archirrival. Ni durante los días convulsos del «Rusiagate», a pesar de todos los indicios de que el entonces candidato hubiera recibido la ayuda de Rusia, ni cuando saltó la denuncia de su conversación con el presidente de Ucrania, Volodimir Zelensky, al que habría amenazado con coagular la ayuda económica y militar si no ponía en marcha una investigación contra el hijo de Joe Biden. Ninguno de los dos sucesos ameritaba el «impeachment». Por una cuestión de índole práctica: el Senado permanecía en manos republicanas y con el legislativo en contra cualquier maniobra para tratar de cesar al presidente acabarían transformada en una ceremonia para beneficiarlo. Da igual lo mucho que hayan protestado líderes como Chuck Schumer, que ayer mismo insistía en que «un juicio sin testigos ni documentos es una perfidia, una gran tragedia, una de las grandes tragedias sufridas por el Senado». Con todo, los electores mandan. El 84,1% de los electores demócratas apuestan por su salida, el porcentaje en el bando republicano apenas alcanza el 9,5%. De los indecisos, un 57,1% en favor de la absolución.

y un 42,9% de la condena. Cuando Trump, en otro tuit, espera que «los republicanos y el pueblo estadounidense comprendan» que todo el proceso del impeachment fue «un engaño», lo hace con el respaldo más que robusto de medio país.