Sanders, el objetivo a batir por el aparato de su propio partido

Frente a la división de los candidatos moderados preferidos por el «establisment» demócrata, el senador por Vermont camina imparable hacia la nominación tras sumar el voto izquierdista y ganar terreno entre hispanos, mujeres y negros

Bernie Sanders campaigns in South Carolina
Bernie Sanders empieza a conquistar amplias zonas del espectro del Partido Demócrata, pero su discurso radical asusta al "establisment"Sue Dorfman/ZUMA Wire/dpa Sue Dorfman/ZUMA Wire/dpa

A la espera del resultado que deparen las primarias de esta pasada madrugada en Carolina del Sur, la victoria en la contienda de Nevada de Bernie Sanders puede haber significado el principio del fin para muchos de sus rivales. Después de sus segundo puesto en Iowa y su victoria en New Hampshire, el senador por Vermont logró el sábado anterior 3.523 votos, el 46% del total, frente a los 1.496 de Joe Biden (19,6%), 1.172 papeletas de Pete Buttigieg (15,3%) y unos magros 773 votos (10,1%) de una Elizabeth Warren que venía teóricamente respuesta tras ofrecer su mejor actuación en un debate.

Pero ni siquiera los 21 millones de dólares recaudados por la senadora en apenas cinco días sirvieron como antídoto para la histórica actuación de Sanders. Un triunfo tan rotundo que incluso logró saltar por encima de los todopoderosos sindicatos de los trabajadores de los casinos de Las Vegas, que lo habían criticado en varias circulares por su idea, posiblemente irrealizable, de cambiar el modelo sanitario por algo más parecido a lo que existe en Canadá y Europa.

El propio Sanders, consciente de la importancia de Nevada y de hasta qué punto es ya el objetivo a batir, avisa a sus fieles. Así, vía la red social Twitter, escribió que «a medida que nuestro movimiento crezca, seremos atacados. Pero nuestro trabajo ahora es unir a las personas en un movimiento multirracial y multigeneracional para lograr un cambio real. Cuando nos unamos, venceremos al presidente más peligroso en la historia moderna de este país».

Preparado para el Supermartes

Son 260 palabras que pueden resumirse en una idea esencial y dos palabras clave. La idea, que el hombre que en 2016 ya estuvo a punto de ganar a Hillary Clinton será objeto de toda clase de acometidas de aquí al 3 de marzo. Este sábado se celebraron primarias en Carolina del Sur y el próximo martes es el Supermartes, cuando votarán 14 estados. Para hacerse una idea de la importancia de la fecha baste señalar que, del total de 3.979 delegados que acudirán a la Convención Demócrata del mes de julio, 1.357 serán elegidos durante el Supermartes.

A partir de entonces, si Sanders logra consolidar su racha, será casi imposible que alguien pueda frenarlo. En especial si en el bando moderado nadie asume la necesidad de aunar fuerzas. Sanders tiene detrás suyo a un ejército de acólitos sin apenas fisuras. Y parece cada día más evidente que reúne a su alrededor todo el voto izquierdista.

De ahí que los representantes de la corriente convencional, más proclive a identificarse con las ideas tradicionales del partido, necesitan cada día más reorganizarse, dejar de lado las banderías y apostarlo todo a un solo aspirante a la Casa Blanca.

Por ahora, son cuatro los potenciales pretendientes a la candidatura demócrata contra Donald Trump, Joe Biden, Pete Buttigieg, Amy Klobuchar y Michael Bloomberg. Pero así como Warren parece más y más incapaz de restar apoyos a Sanders, los moderados se anulan entre sí, atomizando el campo en un escenario muy similar al que procuró la victoria de Trump en las primarias republicanas de 2016. La carrera fratricida entre Ted Cruz, Marco Rubio, Jeb Bush, John Kasich, Chris Christie, Rick Santorum y el resto propició que el hoy presidente acumulara los votos del descontento y la antipolítica, mientras sus oponentes disparaban en todas las direcciones.

La alternativa a la división demócrata

No habrá alternativa a Sanders si sus enemigos caminan divididos. Especialmente si no atienden a las dos palabras indispensables del último mensaje de Sanders, «multirracial» y «multigeneracional». Porque, en efecto, si algo ha demostrado el hombre calificado por el diario «The New York Times» como el «candidato de teflón» es que sus partidarios ya no son todos blancos, ni mucho menos. De hecho, Sanders ganó entre los votantes latinos, así como tanto entre las mujeres como los hombres. Hay más. Arrasó entre los jóvenes, lo cual es ya la norma, pero también fue el más votado entre los electores de entre 30 y 64 años. Solo cedió ante Biden en la horquilla de los 65 en adelante.

Para colmo, tal y como señalaba Shane Goldmacher en el «The Times», venció tanto entre los demócratas registrados con titulaciones universitarias (aparente feudo de Warren) como entre las clases trabajadoras. Sanders también comandó una apabullante victoria entre quienes se identifican como liberales (izquierdista en el argot político de EE UU) y, atención, ganó por vez primera entre «los autoidentificados como moderados y conservadores».

Resulta singular que la mayoría de los demócratas encuestados en Nevada declarara que votará por el candidato que juzgue más adecuado para vencer a Trump; incluso con independencia de que no sea el más afín a sus posturas. Lo sorprendente es que la mayoría de ellos votó por Sanders. Dicho de otra forma, el seísmo ideológico en el seno del partido es ya de tal violencia que muchos consideran que Sanders, un socialista, tiene más oportunidades de ganar en noviembre que Biden o Buttigieg.

Normal que este último, en su discurso del sábado, alertara del peligro. «Antes de apresurarnos a nominar al senador Sanders en nuestra única oportunidad para vencer a este presidente», dijo, «echemos un sobrio vistazo a lo que está en juego en nuestro partido, con respecto a nuestros valores, y para aquellos con más que perder».

En su opinión parece evidente que «la mejor manera de derrotar a Donald Trump y estar a la altura del pueblo estadounidense pasa por ampliar y galvanizar a esa mayoría que nos apoya en asuntos críticos». «El senador Sanders», concluyó, «cree en una revolución ideológica inflexible que excluye a la mayoría de los demócratas, por no hablar de la mayoría de los estadounidenses».