El rescate europeo acaba con la tregua política en Italia

La oposición acusa de «traición» al Gobierno por aceptar una eventual ayuda del MEDE que solo podría gastarse en sanidad. Conte insiste en los coronabonos y descarta recurrir a estos créditos

El pasado jueves, con el pacto del Eurogrupo recién firmado, el Gobierno italiano se apresuró a cantar victoria. “Hemos puesto sobre la mesa los bonos europeos y eliminado la condicionalidad del fondo de rescate”, dijo en un tuit el ministro de Economía, Roberto Gualtieri. Casi al mismo tiempo, su némesis -u homólogo- holandés, Wopke Hoekstra, celebraba que “el fondo de rescate queda disponible, aunque con condiciones”. Como en toda negociación, no había nadie que no cantara victoria. Aunque la realidad es que esas condiciones desaparecen -como defiende Italia- para el gasto sanitario, pero se mantienen -como asegura Holanda- para la reconstrucción económica posterior.

El Mecanismo Europeo de Estabilidad (Mede) o fondo de rescate es un instrumento financiero creado en 2012 por la UE para auxiliar a países en crisis. La contrapartida es que para recurrir a él el resto de socios pueden exigir a los Estados una reestructuración de su deuda o reformas estructurales. Es decir, recortes. Y en ambos casos sería letal para Italia, con una deuda pública del 134% de su PIB. Por eso, cuando el Gobierno acogió la propuesta del Eurogrupo que incluía esta posibilidad, desde la oposición se lanzaron a la yugular. El líder de la Liga, Matteo Salvini, recordó todas las veces que el Ejecutivo italiano había asegurado que no iba a aceptar el Mede -la última, la víspera de la videoconferencia de los jefes de Gobierno europeos-; mientras que la líder de los ultraderechistas Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, calificó el pacto como una “traición”.

La frágil tregua política que se había mantenido durante esta crisis ya venía resquebrajándose durante los últimos días, pero el Eurogrupo terminó de romperla en mil pedazos. Tampoco el primer ministro, Giuseppe Conte, que había disfrutado de ella gracias a una imagen institucional, contribuyó a mantenerla en pie. El pasado viernes, aprovechando un nuevo discurso a la nación para anunciar la prórroga del confinamiento hasta el 3 de mayo, bajó al barro visiblemente enfadado. “Esta vez lo tengo que decir, debo poner nombres y apellidos: Matteo Salvini y Giorgia Meloni. Están repitiendo desde la pasada noche algo que no es así. Este Gobierno no trabaja con el favor de las tinieblas, mira a la cara a los italianos y habla con claridad”, pronunció, alzando la voz y levantando un dedo acusador. Según Conte, “el Eurogrupo no ha firmado nada ni ha instituido ninguna obligación”. Sin embargo, su alegato partidista en horario de máxima audiencia televisiva levantó críticas incluso de algunos periodistas. Los acusados, Salvini y Meloni, calificaron la salida de tono de “régimen totalitario” y el líder de la Liga incluso llamó al presidente de la República, Sergio Mattarella, para escenificar aún más la indignación.

Conte se había visto sometido a presiones, sobre todo de parte del Movimiento 5 Estrellas (M5E), clave para sostener al Gobierno. La noche del jueves, su líder interino, Vito Crimi, también anunció que su partido “no aceptaría” una solución que pasara por el fondo de rescate. Tras horas de negociación, el primer ministro se vio obligado a aclarar que era sólo una opción planteada por el resto de países comunitarios y que

Italia tuvo que aceptar para avanzar en la negociación, pero que no piensa recurrir a ella. Sólo así, el M5E celebró que el Mede “no ha sido activado”. Lo acordado por el Eurogrupo debe ser aún refrendado por una próxima reunión del Consejo Europeo, en la que Conte promete que insistirá una vez más en los coronabonos. Después de esto, los Estados miembros seguirán debatiendo sobre un plan de reconstrucción para la salida de la crisis e Italia confía en que se ponga sobre la mesa otro billón de euros, que se añadirían a los 540.000 millones ya acordados.

Por tanto, todos en Italia están en contra del fondo de rescate y a la vez ninguno se pone de acuerdo. Su debate siempre ha sido una cuestión espinosa, hasta el punto que el pasado diciembre en el Parlamento llegaron a las manos mientras se tramitaba una ley que permitiera su reforma en la UE. La norma que salió de Roma tenía tantas condiciones que en Bruselas tuvieron que aplazar la cuestión. Ahora, el viejo anatema vuelve a contaminar la política italiana, mientras la extrema derecha lo utiliza para alegar la falta de solidaridad europea.