Harbin, ¿el nuevo Wuhan?

China cierra una ciudad de 10 millones de habitantes fronteriza con Rusia y mantiene a 4.000 personas en observación para frenar un rebrote de coronavirus

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Las fábricas y las oficinas están casi a pleno rendimiento. Los comercios y restaurantes han colgado el cartel de abierto y los medios de transporte vuelven a bullir. En China, la mayoría de los ciudadanos tratan de recuperar la vida que llevaban antes de que la epidemia de Covid-19 paralizara el país durante varios meses. Pero en ese proceso de vuelta a la normalidad, Pekín no baja la guardia ante los rebrotes que amenazan con volver de nuevo al punto de partida. Ayer mismo, el Gobierno prohibió la entrada a la capital de la provincia de Heilngjiang, Harbin, en la que viven más de diez millones de personas.

En esa región, hasta ayer se habían detectado 65 infectados locales, de los que 54 habían tenido lugar en Harbin, en una cadena de contagios cuyo origen está relacionado con una mujer que aterrizó en China el 19 de marzo procedente de Estados Unidos. Ante este repentino incremento de casos y con el fin de evitar que se repita lo que se sucedió en Wuhan, Pekín no se lo pensó dos veces para cerrar la ciudad y depurar responsabilidades. Hasta el momento, 4.000 personas que pisaron los hospitales donde hubo contagiados permanecen en observación.

Debemos prestar especial atención al brote de Harbin, aunque parezca pequeño, porque tiene una larga cadena de contagios que ha dejado al descubierto nuevas características del coronavirus”, aseguró al diario estatal “Global Times” el epidemiólogo jefe del Centro de Prevención y Control de Enfermedades de China, Zeng Guang.

Por ello, para lograr contener este rebrote -quizás de nuevas características-, se ha prohibido la entrada a la ciudad tanto de los residentes de otras ciudades como de los coches que no estén registrados en la urbe, al tiempo que se obliga a todos los ciudadanos a llevar mascarilla y tener un código QR que demuestre que no están infectados.

Todos los casos confirmados, casos sospechosos, contactos cercanos a personas asintomáticas y contactos cercanos a contactos cercanos deben estar en cuarentena y someterse a prueba”, indicaron unas autoridades locales que a mediados de abril ya habían ordenado que todos los que llegaran del extranjero debían mantener una cuarentena de 28 días: los primeros 14 en un centro especial y los 14 siguientes en casa.

No obstante, el temor añadido que sobrevuela este segundo brote es el diferente genotipo del coronavirus SARS-CoV-2 contraído por la mujer infectada en EEUU, ya que podría ser más contagioso entre la población china, según apunta Yang Zhanqiu, epidemiólogo de la Universidad de Wuhan. Al parecer, la fémina dio negativo en las cuatro pruebas de ácido nucleico a las que se sometió pese a estar infectada. Por ello, se baraja la posibilidad de que esta nueva cepa complique la detección de los casos, ya que reduciría la efectividad de los test utilizados en todo el país.

Con todo este revuelo, las autoridades chinas han cortado por lo sano en el terreno político. “El regreso del virus a Harbin muestra que algunos funcionarios son laxos en su trabajo contra la epidemia, lo que lleva a la pérdida de prevención y control en algunas áreas y unidades”, afirmó ayer Zhang Qingwei, jefe provincial del partido. Por eso, el Comité de Inspección Disciplinaria de Heilongjiang afirmó el viernes que Chen Xuefei, vicealcalde de Harbin a cargo del control de la epidemia de coronavirus, así como casi una veintena de funcionarios habían recibido un registro de demérito y se les había castigado.

Ante la duda de que la propagación no esté controlada por completo y aunque los números revelados oficialmente hayan sido moderados hasta el momento, otras ciudades de la región se han sumado a las restricciones. Es el caso de la ciudad de Hulunbuir, en la región de Mongolia Interior, donde se confirmó el lunes un caso relacionado con la propagación en Harbin; o de otros lugares en los que en los últimos días se han detectado casos resultantes de personas que cruzaron la frontera desde Rusia.

Todo ello ha contribuido a seguir levantando suspicacias entre algunos gobiernos occidentales, que acusan a China de poca transparencia a la hora de revelar el número de fallecidos y contagiados. Con la mirada puesta en la evolución de lo que podría ser un nuevo Wuhan, la Comisión Nacional de Sanidad de China informó de que el jueves fue el noveno día consecutivo sin muertes en el país por Covid-19, mientras que el número total de infectados “activos” es de 915, de los que 57 se encuentran en estado grave.