Tensión militar en el Caribe por los pactos del chavismo con Irán

El régimen persa envía petróleo a Caracas a cambio de lingotes de oro venezolano

Cine y plegarias para acallar las balas en Venezuela
Un venezolano ondea una bandera blanca junto a otra de Venezuela en uno de los barrios pobres de CaracasRAYNER PENA REFE

A Nicolás Maduro comienzan a acabársele las cartas. Venezuela se ha quedado sin combustibles, y su industria petrolera que llegó a ser de las cinco más poderosas del mundo, hoy en día no produce ni siquiera gasolina para su mercado interno. El manejo de Petróleos de Venezuela de la última década y media, cuando Hugo Chávez la convirtió en caja chica de su proyecto bolivariano, además de los enormes escándalos de corrupción cuando el barril alcanzaba los 100 dólares, postró a la industria. Desde 2013 comenzó a bajar su producción aceleradamente, y con las sanciones de Estados Unidos impuestas a partir de 2019, el negocio se hizo inviable.

Ahora las refinerías del país están paralizadas. Los intentos por reactivarlas han conducido a accidentes, explosiones y fugas. Y la venta de crudo apenas supera las cuotas de deuda que se deben entergar a países como India o Rusia, además del compromiso inagotable con Cuba por enviarles tanqueros a precios preferenciales.

Ante ello, Nicolás Maduro ha optado por entregar sus últimas reservas, vaciando las bóvedas de oro del Banco Central para entregar toneladas de barras a Irán, a cambio de que el país oriental reactive las refinerías de gasolina. Hasta ahora, se ha informado de la entrega de al menos nueve toneladas de oro, equivalente a unos 500 millones de dólares, de las bóvedas de las que ya han salido barras con destino a Turquía y Emiratos Árabes Unidos antes, a cambio de alimentos. Ahora el país solo cuenta con 6.300 millones de dólares en activos en moneda fuerte, la cantidad más baja en tres décadas.

El resultado ha sido un puente aéreo ente Teherán y Punto Fijo (donde se ubica el Complejo Refinador Paraguaná, el más grande del país), además del envío de al menos cinco buques cargados de combustible y otros químicos. Otros han llegado desde México, pero no son suficientes. La demanda interna de gasolina son al menos 130.000 barriles diarios, y ya desde hace meses la escasez era norma, excepto en la capital Caracas.

Ahora hay uniformidad: pocas bombas de gasolina disponibles, largas colas de hasta cuatro días para cargar el vehículo, mafias de funcionarios que cobran en dólares por entregar el líquido. Venezuela pasó de tener la gasolina más barata del mundo a la más cara. En el pasado reciente, con un dólar se podía abastecer a cientos de automóviles. Ahora no alcanza ni para un litro.

Recurrir a Irán ha hecho sonar alarmas en el hemisferio occidental. Estados Unidos tiene desplegados varios buques de guerra en el Caribe, haciendo maniobras contra el narcotráfico del cual responsabilizan grandemente al propio Nicolás Maduro y su régimen. Y siendo que tanto Teherán como Caracas son economías sancionadas por la Casa Blanca, hay temor de que se concrete algún tipo de bloqueo a la llegada de los buques.

El Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán advirtió este domingo a Estados Unidos que se reserva el derecho a adoptar «las medidas apropiadas y necesarias» frente a las amenazas de Washington de obstaculizar su transporte de combustible a Venezuela.

En una carta dirigida al secretario general de la ONU, António Guterres, Irán denunció que esas amenazas contra sus petroleros y buques cisterna son «ilegales, peligrosas y provocativas». El Ministerio de Exteriores convocó al embajador suizo en Teherán, Markus Leitner, que representa los intereses de Washington ante la ausencia de relaciones diplomáticas entre Irán y Estados Unidos. Éste fue advertido de que habrá una «respuesta inmediata y decisiva» a Estados Unidos.

Un enemigo común

Resistir las sanciones de Washington ahora es un asunto binacional, frente al colapso del precio del petróleo en el mercado global, la principal fuente de ingresos de ambos, a raiz de la pandemia. Para Irán, los acuerdos proporcionan una nueva fuente de ingresos. Para Venezuela, aseguran que su suministro de gasolina no se agote totalmente.

Pero para Teherán no es solo un negocio, sino la posibilidad de plantar cara de nuevo a Washington desde que en abril Donald Trump dijo: «He dado las instrucciones a la Marina de EE UU de disparar y destruir cualquier cañonera iraní si hostigan a nuestros barcos en el mar», después de que supuestamente embarcaciones iraníes se acercaran «peligrosamente» a barcos norteamericanos en el Golfo Pérsico.

Estados Unidos, por otra parte, ha dicho que HIzbulá hace vida en Venezuela con el amparo del chavismo, y tiene registro de personas de interés de esa organización viviendo en el país latinoamericano, como Nasr al Din, señalado por el FBI de haber hecho los contactos ente la organización terrorista y el régimen chavista.

Por ahora Nicolás Maduro no se ha referido al asunto. Ni siquiera se ha informado con claridad del alcance de sus acuerdos con Irán, ni ha mencionado la escasez de gasolina del país. La opacidad es norma en su gobierno. Según su retórica, tiene cómo «resistir» lo que sea, aunque el panorama se le va haciendo más oscuro.