Suecia defiende su arriesgada estrategia frente al Covid-19 pese al alto coste humano

El país nordico, que ya supera los 4.000 muertos, considera que sus restricciones suaves son más fáciles de mantener en el tiempo hasta hallar una vacuna. El 70% de los fallecidos vivía en residencias de ancianos

Suecos disfrutan del soleado día en las escalinatas del Teatro Dramático de EstocolmoAnders WiklundEFE

Ante las críticas de otros países por su arriesgada estrategia contra el coronavirus, Suecia ha vuelto a defender este martes sus medidas menos restrictivas porque son las más adecuadas para mantener a largo plazo mientras no se descubra una vacuna contra el Covid-19.

En un encuentro con periodistas extranjeros en Estocolmo, la ministra de Asuntos Exteriores, Ann Linde, defendió “la visión a largo plazo” del Gobierno rojiverde y trató de salir al paso de la imagen extendida entre la Prensa internacional que dibuja un país en el que la vida sigue igual en tiempos de coronavirus. “Decir que todo transcurre como si nada en Suecia es un mito, no ha habido confinamiento, pero sí muchas restricciones”, asegura Linde.

Sin bien el país nórdico no ha cerrado fronteras, escuelas, bares o centros comerciales para apostar por el distanciamiento social, la higiene y la responsabilidad individual de sus ciudadanos, comparte los mismos objetivos que aquellos países que se han decantado por imponer el confinamiento o medidas más restrictivas de la vida social. “En el fondo tenemos la misma estrategia que el resto: intentar reducir el contagio y el número de muertos, que no se sature la sanidad y minimizar los efectos en la economía y el empleo”, aseguró Linde, que alude a “una maratón y no a un esprint” contra el virus.

Alabada en casa y criticada en el extranjero, la estrategia sueca contra el Coronavirus es vista por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como una modelo para evitar permanecer confinados hasta que se disponga de una vacuna. “Lo que Suecia ha hecho de manera diferente es que realmente ha confiado en sus propias comunidades para poner en práctica ese distanciamiento social”, considera Michael Ryan, director del Programa de Emergencias Sanitarias de la OMS, que alaba la puesta en marcha de una “política de salud pública muy fuerte”.

El balance provisional de esta nueva normalidad sueca asciende a más de 4.000 muertos y casi 34.000 infectados, lo que coloca al país escandinavo a la cabeza de la tasa de mortalidad entre sus vecinos nórdicos. A nivel europeo es el sexto tras Bélgica, España, Italia, Reino Unido y Francia por millón de habitantes, pero la semana pasada tuvo el triste honor de estar a la cabeza del ránking europeo.

Con una densidad de población de 25 habitantes por kilómetro cuadrado (234 en Alemania), una obesidad del 13% (40% en Estados Unidos) y un 6,5% de la población con diabetes (9,4% en España), Suecia partía con unas condiciones sanitarias envidiables para combatir el Covid-19. Sin embargo, el país nórdico no ha escapado al drama vivido en las residencias de ancianos de toda Europa. Según cifras oficiales, el 70% de los fallecidos a causa del virus vivía en geriátricos y tenían 82 años. El hecho de no prohibir las visitas de familiares hasta 1 de abril pudo contribuir también al rápido aumento de los contagios.

El propio epidemiólogo jefe y arquitecto de la estrategia sueca contra la pandemia, Anders Tegnell, reconoce que el Estado ha fallado a la tercera edad, al grupo de riesgo al que precisamente tenían que proteger. Según la Dirección de Asuntos Sociales, unas 11.000 personas murieron en las residencias de ancianos suecas entre enero y abril de este año, un millar más que en el mismo período de 2019.

Suecia ocupa la sexta posición en tasa de mortalidad por coronavirus en EuropaLa RazónLA RAZÓN

“Hemos terminado llegando a una situación terrible que realmente desafía a muchas partes de la sociedad”, admitía Tegnell el domingo en una entrevista en la radio P1. “Me refiero al cuidado de los ancianos donde mucho de esto ha tenido lugar. El cuidado de ancianos en Suecia ha sido discutido desde hace muchos años y se han señalado problemas en su calidad”, añadía.

El epidemiólogo de la Agencia de Salud Pública (FI) alude así a la precarización laboral fruto de la privatización de la gestión de los centros de ancianos a empresas privadas puesta en marcha por el anterior Gobierno conservador de Fredrik Reinfeldt (2006-2014) y por las autoridades de la región de Estocolmo. “Ése será un gran tema de discusión después de la crisis. Mi partido no está a favor de esa política. Gran parte del personal tiene contratos temporales y eso afecta a la calidad del cuidado”, señaló ayer la ministra de Economía, la socialdemócrata Magdalena Andersson.

El actual primer ministro, el socialdemócrata, Stefan Löfven, reconoció a la agencia TT que “necesitamos mejorar las condiciones dentro del cuidado a la tercera edad”. Löften cree que “la privatización en sí misma no tiene que estar equivocada, creo que necesitaremos tener aspectos privados dentro del sector público”. Sin embargo, alerta de que “se hace difícil tener unos centros tan importantes trabajando como deberían si demasiadas personas trabajan por horas y si faltan capacitación e instrucciones”.

Aunque el sistema sanitario sueco no ha colapsado y un 35% de las camas de cuidados intensivos permanecen libres, muchos trabajadores critican al Gobierno por no proveerles del equipo de protección necesario. En el Hospital Clínico de Uppsala, por ejemplo, se han llegado a reportar 300 sanitarios infectados de coronavirus.

Pese a las presiones de la oposición conservadora, el Gobierno en minoría apoyado por liberales, centristas y ex comunistas promete crear una comisión de investigación para analizar la gestión de la pandemia, pero una vez que la emergencia sanitaria haya concluido. Como recordó Löften durante la celebración del Primero de Mayo, “los conflictos políticos tendrán que esperar”.

Ante las críticas por no haber anticipado las graves consecuencias para los ancianos, Tegnell se pregunta “¿cómo podríamos haber mejorado el cuidado de ancianos en unas pocas semanas?” “Este es un problema que arrastramos desde la reforma de la tercera edad. Dudo mucho que pudiéramos haber hecho mucho más por este asunto tan complicado”, se defiende.

Antonio Cruz

Menos complaciente se muestra Annika Linde, la antecesora de Tegnell, quien, tras apoyar inicialmente la estrategia de la Agencia de Salud Pública, ahora la critica abiertamente. “Creo que necesitábamos más tiempo para la preparación. Si hubiéramos cerrado muy temprano, habríamos podido, durante ese tiempo, asegurarnos de que teníamos lo necesario para proteger a los vulnerables”, aseguró en una entrevista al diario británico “The Gardian” Linde, quien gestionó la respuesta de Suecia a la gripe porcina y al SARS como epidemióloga jefa entre 2005 y 2013. “Era un sueño pensar que podríamos proteger a los ancianos tenía muy poca base de realidad”, asegura.

Lejos de la inmunidad de rebaño

Junto al fracaso a la hora de proteger a la tercera edad frente a un virus que se ceba, precisamente, con este grupo de población, Suecia ha quedado también lejos de su objetivo de alcanzar cierta inmunidad de rebaño frente a un eventual rebrote el próximo otoño. Según los sondeos serológicos disponibles, apenas un 7,3% de los habitantes de Estocolmo cuenta con anticuerpos tras haber pasado la enfermedad, muy lejos del 40% a nivel nacional que ambicionaban las autoridades sanitarias para mediados de junio. "No creo que nosotros o ningún país del mundo alcance la inmunidad de grupo en el sentido de que la enfermedad desaparezca, porque no creo que sea una enfermedad que vaya a desaparecer”, aseguraba entonces Tegnell para defender sus medidas a largo plazo.

Frente al ruido exterior, lo cierto es que un 77% de los suecos respalda a la Agencia de Salud Pública, independiente del Gobierno, que disfruta, por su parte, de los mayores niveles de apoyo desde las elecciones de septiembre de 2018. Así, los socialdemócratas de Löfven aventajan en doce puntos a conservadores y populistas. La nota discordante la pone una artículo publicado a finales de abril en el diario “Dagens Nyheter” donde una veintena de científicos de universidades suecas reclamaban un cambio de rumbo.

En un editorial de hace pocos días, el principal diario de Suecia lamentaba que “Ésa es la principal debilidad de la estrategia sueca: nos hemos convertido en un fenómeno mundial, el país en boca de todos. Dar marcha atrás y reconsiderar la decisión puede parecer como que se reconocen errores ante todo el mundo”.

Aislamiento, pero no confinamiento, para los sénior

Con todo, el último varapalo para el virólogo jefe sueco llegaba ayer de las propias autoridades sanitarias, que rechazaron su petición de aliviar las restricciones de los ancianos de 70 años. Pero el director general de la Agencia de Salud Pública, Johan Carlson, aseguró ante la Prensa que “no vemos que esté justificado [aumentar el límite de edad] sin exponer a muchas personas al riesgo”, dijo.
Eso sí, Carlson subrayó que el distanciamiento social no era lo mismo que el aislamiento completo: “El riesgo de infección en el exterior es significativamente menor que en el interior. Por lo tanto, es posible jugar petanca o críquet, hacer un pícnic o ver a los nietos, siempre que se mantenga una distancia razonable y principalmente se haga al aire libre”.