Una mesa de 500 metros para celebrar en Praga la derrota del coronavirus

República Checa levanta sus últimas restricciones tras mantener bajo control la pandemia con sus rápidas medidas

Sentados alrededor de una mesa de 500 metros de largo cubierta con tela blanca, los ciudadanos de Praga se reunieron anoche en el puente medieval de Carlos para despedirse de epidemia de coronavirus.

En vísperas de la relajación de las últimas restricciones impuestas desde marzo para frenar la propagación de la covid-19, la gente llenó el puente, que se extiende entre los barrios históricos de Praga a orillas del río Vltava. “El puente es una buena metáfora, diferentes personas pueden reunirse”, dijo Ondrej Kobza, quien organizó la celebración. El evento “es una especie de celebración, para demostrar que no tenemos miedo, que salimos y que no nos quedaremos atrapados en casa”, dijo, y señaló que la cena solo era posible porque ahora apenas había turistas.

Los participantes fueron invitados a compartir entre ellos las comidas y bebidas que trajeron. República Checa fue una de las primeras en implementar restricciones severas diseñadas para frenar el coronavirus a mediados de marzo. Al 30 de junio, el país de 10.7 millones contabiliza 11.895 casos y 349 muertes relacionadas con la enfermedad, muchos menos que sus vecinos europeos.

Además de música, los asistentes al eventos pudieron disfrutar de algunos de los platos tradicionales del país centroeuropeo como carpas y albóndigas, justo antes de un momento esperado por la población, como explica Kobza: “Es el comienzo de la temporada de vacaciones. Así que antes de que la gente se vaya, quería despedirme de este difícil período que espero que no vuelva. Es una especie de celebración de la vida”.

“Cada uno tenía que traer algo, comida o flores. La idea era que todo el mundo se implicara”, explicó Kobza, dueño de un café en la ciudad y organizador del evento. “Queremos celebrar el fin de la crisis de coronavirus con la gente reuniéndose y mostrando que no tiene miedo de estar con otra gente. Que no tienen miedo de aceptar un bocado de un sándwich de otra persona”, dijo. Kobza, de 41 años, es conocido por haber colocado pianos en las calles de Praga, instalado mesas de ajedrez en una plaza y haber convertido una azotea de un palacio accesible al público.

“La mesa está puesta”, era el nombre del evento organizado por la agrupación ciudadana “Piána na ulici” (Pianos en las calles) y el ayuntamiento capitalino.

Podían acceder tantas personas como lugares había dispuestos para sentarse alrededor de esta larga mesa, y además todos debían haberse registrado través de la página web del evento.

“Puede venir cualquier persona que haga la reserva y traiga algo, como una torta, bizcocho, crema de huevo, canapés o algo parecido”, explican los organizadores en la página web. “Queremos mandar una señal: que aquí volvemos a vivir, y que damos la bienvenida de nuevo a todos los visitantes de Praga que saben comportarse y que desean encontrarse con las bellezas de esta ciudad”, explicó Petr Hejma, alcalde del primer distrito de Praga.

Un alcalde en cuarentena

En la mesa no faltan las caretas de los ediles capitalinos ausentes, entre ellos el jefe del consistorio, Zdenek Hrib, que están en cuarentena después de detectarse el coronavirus en uno de los tenientes de alcalde de la ciudad.

Varias bandas improvisadas tocaron música alrededor de la larguísima mesa, adornada con margaritas. “Encontré el evento en Facebook y pensé que era interesante”, dijo Galina Khomchenko-Krejcikova, una mujer rusa residente en Praga que decidió acudir a la cena con un amigo.

Desde el 1 de julio, solo es obligatorio el uso de mascarillas en edificios o en el trasporte público en caso de que haya más de un centenar de personas. Previamente, los negocios habían reabierto y se habían levantado las restricciones en la frontera.