El último genocidio europeo

El 11 de julio de 1995, hace hoy 25 años, empezó el último genocidio que tuvo lugar en Europa. Fue en Srebrenica: 8.372 bosnios fueron asesinados por los nacionalistas serbios ante los ojos del mundo

Breogán Adrián Andrade

Si se observa el mapa étnico de lo que era la antigua Yugoslavia, podrá entenderse que aplicar la doctrina de la «limpieza étnica» impedía un cirugía de precisión, limpia. Separar a unos grupos de otros para hacer prevalecer la Gran Serbia –siguiendo el principio de que donde hay un serbio, es Serbia– o la expansión de la Croacia nacionalista, la heredera de los «ustacha» colaboracionistas, requería la extirpación brutal de los musulmanes de Bosnia. Por eso, la pregunta de ¿cuándo empezó el genocidio de Srebrenica? obliga a retroceder en el tiempo y a mirar a esa pequeña ciudad de apenas 15.000 habitantes de mayoría musulmana encajonada contra la frontera serbia y en medio de la República Srpska.

En el verano de 1995 vivían confiados al estar incluida en las «áreas seguras, libres de ataques y otras acciones hostiles» salvaguardado por la Unprofor, las fuerzas de protección de Naciones Unidas, que así lo estipuló en la más inútil de sus Resoluciones, la 819. El día 11 de julio, las tropas del VRS, el Ejército Serbio de la República Srpska, al mando del general Ratko Mladic, toma la ciudad de Srebrenica ante la pasividad del contingente holandés Dutchbat de 600 soldados, comandados por Thomas Karremans. Su imagen bebiendo «rakia», el aguardiente local, con Mladic, mientras éste le aseguraba que no le pasaría nada a la población civil –«Alá no puede ayudarles, pero Mladic, sí»– le perseguirá toda la vida. Para entonces, Radovan Karadzic ya había puesto en marcha la terrible Directriz 7, que decía: «Crear, mediante operaciones de combate bien planificadas, una situación de inseguridad tal, que no haya esperanza de supervivencia de vida alguna para los habitantes de Srebrenica».

Había 60.000 civiles «protegidos», pero, el mismo día 12, todos los hombres, apenas adolescentes y viejos, fueron apartados y ejecutados. Muchos huyeron por los bosques; otros cazados después de días de persecución. Más de 8.000 fueron asesinados ante la opinión pública internacional. El Consejo de Seguridad de la ONU no pasó de la condena de la masacre y la exigencia de la retirada de los destacamentos serbios. La limpieza étnica fue un éxito.