El Comando Sur de EE UU enseña los colmillos a Maduro

Despliega el buque de guerra USS Pinckney frente a las costas de Venezuela en el marco de la operación contra el narcotráfico que acorrala al dictador

Frente a Nicolás Maduro, Estados Unidos aplica una estrategia multidimensional, incluyendo la del policía bueno y el policía malo. Allí está James Story, el embajador especial nombrado para Venezuela por Washington y que despacha desde Bogotá, reiterando que su Gobierno está dispuesto a levantar las sanciones personales y económicas que cercan al chavismo.

“Mantenemos contactos con personas dentro de la dictadura, porque para nosotros lo más importante para los venezolanos es, como dije antes, que se abran espacios para reinstitucionalizar los mecanismos democráticos en el país”, ha dicho esta semana. Ha añadido que “la voluntad política de levantar las sanciones está ahí; hemos dicho que estamos en disposición de flexiblizar las sanciones, pero con base a la discusión de una ruta”.

Entretanto, el Comando Sur muestra los colmillos. En paralelo a lo dicho por el diplomático Story, hubo contraste con palabras del almirante Craig Faller, jefe del Comando Sur de Estados Unidos, cuando el buque de guerra USS Pinckney se acercó a aguas territoriales venezolanas durante su actividad antinarcóticos en el Caribe. Según el jefe naval, el despliegue fue frente a los límites fronterizos de la nación gobernada por Nicolás Maduro y en respuesta a una “reclamación marítima excesiva” de Caracas por otro ejercicio marítimo de la armada estadounidense hace tres semanas, que las autoridades venezolanas calificaron como una “provocación”.

Pero Estados Unidos ha sostenido que en ambos casos sus buques operan en aguas internacionales, fuera de las 12 millas náuticas que son jurisdicción venezolana.

El canciller de Maduro, Jorge Arreaza, denunció un “inexcusable acto de provocación que pretende menoscabar nuestra soberanía e integridad territorial”, en un comunicado en el que afirmaba que la Fuerza Armada venezolana respondería para defender la soberanía. Pero no hubo movimientos militares del lado venezolano, más allá de la reacción digital del ministro de Defensa, Vladimir Padrino.

Venezuela no tiene capacidad para hacer frente militar a Estados Unidos. No solamente la crisis económica causada por Maduro ha dejado secuelas en las filas de los soldados, sino también en los equipos. Esta semana se incendió una fragata misilística venezolana de mediados de los años 70 que estaba fondeada en un puerto en la costa central del país. No hubo daños humanos.

El trasfondo

La operación encabezada por Estados Unidos tiene el respaldo de 22 países. A juicio del especialista en crimen organizado y codirector de Insight Crime, Jeremy McDermott, se está enviando un mensaje al chavismo. “Yo veo que estos anuncios son parte de la misma estrategia para dividir los elementos de poder en Venezuela, presionar la renuncia de Maduro y promover cambio de régimen”.

José Machillanda, director del Centro de Estudios de Política Proyectiva de Venezuela, cree que EEUU encabeza una “operación geopolítica continental para neutralizar y reordenar la ecuación del narcotráfico y la política”. Venezuela, dice, está siendo “observada” muy de cerca, y el conflicto se pudiera desarrollar por fases según las jugadas de cada actor.

La expresidenta de la Comisión Interamericana para el Control de Abuso de Drogas de la Organización de los Estados Americanos (OEA), Mildred Camero, calcula que por Venezuela transitan, anualmente, 250 toneladas de droga. “Todos los cárteles latinoamericanos tienen una conexión con el régimen ilegítimo de Maduro”, ha dicho el almirante Craig Faller. De hecho, Venezuela es un punto en el que se está acumulando gran cantidad de cocaína, y desde donde se distribuye a todos los países del mundo, según informaciones divulgadas por Estados Unidos y por organizaciones como InSight Crime.

En el país suramericano opera el Cartel de los Soles, encabezado por funcionarios del Ejército venezolano y miembros del régimen de Maduro. De acuerdo con las investigaciones, dicha organización criminal mantiene vínculos con el Cártel de Sinaloa, de México, y con las narcoguerrilas colombianas FARC y ELN.

Un alto oficial de la Armada, entrevistado por la periodista Sebastiana Barráez bajo condición de anonimato, dijo que los buques de Estados Unidos han navegado a 26,5 millas de la costa venezolana, explicando que el mar territorial son 12 millas y la zona contigua 12 millas más, para un total de 24 millas. “Difícilmente el almirante Faller va a cometer un error”, sostiene el uniformado al explicar que una provocación sería “bajar de las 12 millas náuticas”, cosa que no ha ocurrido.

Una tercera vía

El Departamento de Estado también abre canales informales para comunicarse con la dictadura venezolana. Esta semana estuvo en Caracas el exgobernador de Nuevo México Bill Richardson, para reunirse con Nicolás Maduro durante cuatro días. En público, el objetivo que abogar por la liberación de ocho presos políticos en suelo venezolano, entre ellos, siete ciudadanos estadounidenses.

Las negociaciones incluyeron tres conversaciones con el vicepresidente de Información del chavismo, Jorge Rodríguez, un contacto telefónico y luego una reunión presencial con Nicolás Maduro. No se logró nada.

De acuerdo con declaraciones de Richardson a “The Washington Post”, le dio la impresión de que la misión falló porque encontró a Maduro en “un mal día”. “Era optimista al inicio, hablamos durante una hora y media, fue muy cordial, muy amistoso, pero dejó claro que no cedería”, explicó el jefe del Centro Richardson, una organización especializada en negociaciones para la liberación de personas presas o secuestradas por regímenes o grupos criminales.

Maduro no se ha referido a sus encuentros con el exgobernador de Nuevo México. Tampoco hubo comentarios por parte de su gabinete. En la narrativa oficial, la visita es como si no hubiera ocurrido. Pero es la segunda vez que Richardson intenta acercamientos con Caracas, en medio de varios intentos de Washigton por enviar mensajes al régimen chavista. Por ahora, no han logrado los objetivos. Nicolás Maduro primero espera saber si habrá cambios en la Casa Blanca en noviembre.