La jugada de alto riesgo de Johnson

Los ex primeros ministros Tony Blair y John Major piden al Parlamento británico que rechace el desafío legal del «irresponsable» «premier»

Dicen que nadie promete más que el que no piensa cumplir. Y eso es lo que sucede ahora con Boris Johnson. El «premier» cerró el año pasado «in extremis» un Acuerdo de Retirada con Bruselas para garantizar divorcio de manera ordenada. Pero, una vez que Reino Unido se acerca ya a salir del bloque en la práctica a finales de este año, ante los pocos avances de las actuales negociaciones para cerrar un pacto comercial, el propio Downing Street ha reconocido que está dispuesto a «violar» el tratado internacional.

Lo cierto es que con el Brexit nada es fácil. Tras el referéndum histórico de 2016, se creó una situación política internacional sin precedentes que obligó al equipo británico y comunitario a negociar una solución para evitar el caos. Cuando el reloj de arena se quedaba casi vacío, ambas partes lograron acercar posturas en el último minuto, literalmente. Pero ahora surgen los problemas.

En circunstancias normales y, cuando en las negociaciones se actúa de buena fe, el hecho de que una de las partes plantee que hay que realizar «pequeñas matizaciones» para evitar ambigüedades que quedaron sobre el papel sería entendible.

Pero no es el caso. Porque Johnson siempre ha sido amigo de prácticas poco ortodoxas y el año pasado la máxima autoridad judicial de Reino Unido ya sentenció que actuó de manera ilegal al derogar la actividad en Westminster para que los propios diputados no se interpusieran en sus planes.

Su nuevo órdago consiste ahora en la presentación de un controvertido «Proyecto de Ley del Mercado Interno», que contiene cláusulas que dinamitan aspectos clave del Acuerdo de Retirada, en concreto el Protocolo de Irlanda. Evitar frontera dura entre la República de Irlanda y la provincia británica de Irlanda del Norte fue precisamente el principal escollo de las negociaciones de divorcio. Fue una cuestión que se miró con lupa.

Es más, Johnson llegó a cambiar la solución planteada por su predecesora Theresa May. La nueva redacción del texto especifica de manera explícita que se aplicaría en todas las circunstancias, también en caso de no acuerdo comercial. Por lo tanto, cuando Downing Street defiende ahora que está «comprometido» con el Acuerdo de Retirada y que tan sólo busca «pequeñas modificaciones técnicas» para dar «claridad» a los empresarios, sencillamente no cuadra.

Los nuevos planes del primer ministro han creado tanta polémica que el propio responsable del departamento legal del Gobierno británico, Jonathan Jones, presentó esta semana su dimisión. Se trata de la sexta salida de un alto funcionario este año por sus diferencias con el Número 10. También el ministro de Justicia, Robert Buckland, apuntó ayer a una posible dimisión si Reino Unido incumple el acuerdo del Brexit.

El vicepresidente de la Comisión Europea, Maros Sefcovic, viajó el jueves hasta Londres para dar un ultimátum: Reino Unido tiene hasta finales de mes para retirar de su Ley de Mercado Interior los artículos que anulan partes del Protocolo de Irlanda del Norte. De no hacerlo, podría haber sanciones legales.

Se habla también de la posibilidad de que Bruselas se levante de la mesa de negociaciones. Aunque la UE siempre ha querido cerrar un acuerdo comercial, por lo que, según revelaron altos funcionarios comunitarios a la BBC, «no van a dar a Boris esa satisfacción». «Nos negamos a ser manipulados», matizan.

Las propias filas «tories» tampoco comparten ahora la sucia estrategia del primer ministro. Según se filtró a la prensa, el encuentro virtual que Johnson mantuvo el viernes con sus diputados fue de lo más tenso. El líder conservador dijo a los suyos que tan sólo se quería cubrir las espaldas en caso de que finalmente no haya pacto comercial con la UE. Pero muchos parlamentarios muestran ahora su disconformidad, por lo que podrían hacer descarrilar el polémico proyecto de ley con rebeliones durante su tramitación en la Cámara de los Comunes, donde los «tories» gozan de mayoría absoluta. No son pocos los que consideran que la situación se le ha ido al «premier» de las manos, por lo que el órdago podría volverse en su contra.

Los ex primeros ministros Tony Blair y John Major pidieron ayer a los diputados que rechacen el proyecto de ley. Consideran que la actitud de Johnson es «irresponsable, equivocada y peligrosa» que avergüenza a Reino Unido y pone en riesgo el Acuerdo de Viernes Santo. En definitiva, el ambiente no es precisamente cordial de cara a hoy, cuando el negociador de la UE, Michel Barnier, y su homólogo británico, David Frost, retomen en Bruselas una nueva ronda de conversaciones para intentar cerrar un pacto sobre relaciones futuras.