Así torturó la “madre más sádica de Gran Bretaña” a sus hijos adoptivos durante 17 años

Victoria Spry logró rehacer su vida y se dedicó a proteger a los niños hasta su repentina muerte a los 35 años

Victoria Spry y sus hermanos no esperaban que su vida se convirtiera en una auténtica pesadilla después de que Eunice Spry les adoptara. Lo que representaba para ellos una nueva oportunidad de tener una familia, de vivir y crecer felices se desvaneció a las primeras de cambio.

Eunice era una mujer sádica, sin escrúpulos, sin un ápice de bondad, fría como el acero, sin sentimientos... y obligó a los niños a hacer barbaridades como comerse sus propios excrementos y vomitar o los maltrataba y torturaba constantemente. Les pegaba con varas en la garganta, les frotaba la cara con papel de lija o los encerraba desnudos en sus habitaciones durante semanas.

Pero el catálogo de aberraciones no acababa ahí. Les atacaba con hierros calientes, cuchillos, les golpeaba con bates de cricket o les metía la cabeza debajo del agua durante largos periodos de tiempo.

Fue precisamente Victoria la que después de 17 años logró escapar y dio la voz de alarma. Su carcelera le permitía salir para acompañar a su hermano a ir una reunión de los testigos de Jehová y aprovechó una de esas salidas para huir. Tenía tanto miedo que tardó tres semanas en ir a denunciar la situación.

Spry fue detenida en febrero de 2005, juzgada y encarcelada. Condenada a 14 años de prisión, le rebajaron la pena a 12 en la apelación y finalmente fue liberada en 2014. Durante el proceso, Spry fue apodada como “la madre más sádica de Gran Bretaña” al conocerse cómo sometía a los niños adoptivos bajo su cuidado a horribles abusos.

A pesar de su terrible experiencia, Victoria decidió aprovechar sus vivencias para trabajar con los servicios sociales y ayudar a detectar los signos de abuso en los menores. Además, Victoria quiso dar a conocer sus vivencias y plasmó su experiencia en un libro titulado “Torturada”.

Victoria no podrá acabar el trabajo que empezó porque acaba de fallecer a los 35 años y, aunque en un primer momento los investigadores han descartado que se trate de un fallecimiento sospechoso, han abierto una investigación para saber realmente cual ha sido la causa de su muerte.

Su hermano adoptivo, Christopher, explicó que Victoria quería ser recordada por haber ayudado a niños con problemas: "El trabajo que estaba haciendo con la Junta de Protección de Gloucestershire y los servicios sociales era porque quería que el nuestro fuera el último caso de terror que se diera en la ciudad. Creo que su legado será el trabajo que estaba haciendo para ayudar a la próxima generación de trabajadores sociales a detectar casos como el nuestro”.

En 2015, afirmaba que quería aprovechar su propia experiencia y realizar más estudios sobre protección infantil. Mi pasado me ayudó enormemente. Es realmente agradable ir a la misma oficina donde me adoptaron cuando era pequeña, pero ahora para ayudar a otros niños”.

Victoria acabó escribiendo un libro sobre su experiencia pero lo descartó en un primer momento porque “Me ofrecieron la oportunidad de escribir el libro hace nueve años cuando Eunice fue declarada culpable, pero rechacé eso porque era el peor momento posible. Quería concentrarme en la cirugía y estudiar. Cuando comencé a hacerme mayor, mi hermano y mi hermana ya lo habían hecho y recibieron mucha comprensión por parte del público. Publicar el libro fue una experiencia realmente liberadora”. Christopher Spry, apodado “Niño C”, publicó un libro del mismo nombre sobre su infancia y Alloma Gilbert, también publicó sus terribles vivencias en “Líbranos del mal”.

La testigo de Jehová Eunice Spry, ahora de 76 años, fue declarada culpable de 26 cargos de abuso infantil en abril de 2007. Fue condenada a 14 años de prisión y se le ordenó pagar 100.000 dólares por las costas del juicio. Al dictar sentencia, el juez le dijo a Spry que era el “peor caso en sus 40 años como abogado”.

Tras la celebración del juicio, el Ayuntamiento de Gloucestershire se disculpó por las “deficiencias” en su sistema de atención a menores. Los diversos órganos involucrados no compartieron información vital que podría haber alertado a los trabajadores sociales sobre el abuso que se estaba produciendo.