Presidentes en la sombra

El republicano Pence y la demócrata Harris ofrecieron una imagen diferente y más deseable que la de un desquiciado y un muermo que aspiran a presidir la que aún hoy es la principal potencia global

Tras el bochornoso espectáculo en el primer debate protagonizado por el presidente Trump y su contrincante, el antiguo vicepresidente Biden, en la carrera hacia la presidencia de Estados Unidos, los electores estadounidenses fueron testigos de otro debate, duro, pero respetuoso y ordenado. Los candidatos a la vicepresidencia, Mike Pence y Kamala Harris, ofrecieron una imagen diferente, y francamente mucho más deseable que la de un desquiciado y la de un muermo que aspiran a presidir la que aún hoy es la principal potencia global.

Este fue un debate más calmado, un debate más tradicional, un debate más civilizado; fue el debate que tendría que haber sido el presidencial.

Sin embargo, este no ha sido un debate vicepresidencial al uso. De hecho, quizás este sea el primer debate entre candidatos a vicepresidente que de verdad tenga relevancia. Verán, no sin razón, John Adams, el primer vicepresidente de Estados Unidos y luego segundo presidente de la historia del país, se refirió a su trabajo como segundo de George Washington como el “el cargo más insignificante que jamás haya ideado la invención del hombre o que haya concebido su imaginación”.

Ciertamente, el trabajo de los vicepresidentes en Washington DC no suele ser demasiado sonado, con alguna contada excepción, y se le considera más bien un puesto protocolario del gobierno y un presidente “de repuesto” en caso de que el elegido pereciese en el ejercicio del cargo, eventualidad que ha ocurrido hasta en ocho ocasiones. Resulta que, sea quien fuere, el ganador de las próximas elecciones se convertirá en el presidente de mayor edad en tomar posesión del cargo. Trump tendrá 74 años, Biden 78.

No es la primera vez que tanto la edad como la salud de los candidatos han jugado un papel importante en las elecciones estadounidenses. Un caso sonado fue la elección como candidata a vicepresidenta de Sarah Palin por John McCain en 2008, jugada que habría, según ciertos analistas, pasado factura al senador republicano dada su elevada edad y la poca confianza que su compañera generaba en el electorado.

Para los votantes estadounidenses este detalle tiene una especial importancia, particularmente debido a la situación que vive el país a causa de la pandemia causada por el SARS-CoV-2. Y es que el presidente Trump no goza precisamente de una salud de hierro últimamente. Tras su paso por el hospital militar de Walter Reed, el presidente no parece haber recuperado su salud, y está aun recibiendo tratamiento médico en su residencia. Su reaparición a su vuelta a la Casa Blanca o sus comunicaciones en redes sociales han sido escrutadas con especial atención por los medios de comunicación que han intentado hacerse una idea del estado de salud del presidente sobre el que hay un silencio absoluto, a excepción de la confirmación por parte de sus médicos de que aún no está fuera de peligro.

Por su parte, el candidato demócrata no consigue disipar las dudas que surgieron durante las primarias sobre su capacidad para ejercer el cargo, y muchos ven en Harris una verdadera presidenta en las sombras. Esta imagen se ha visto reforzada por el propio Biden que se ha declarado en más de una ocasión como un presidente de transición, expresión que para muchos conlleva la proclamación de Harris como candidata demócrata a las elecciones de 2024.

Trump genera desconfianza por su conocido estilo de vida poco saludable y su actual contagio de COVID-19, además de alguna acusación de pérdida de capacidades cognitivas que en más de alguna ocasión el presidente ha tenido que desmentir.

Por su parte Biden tampoco se libra de las sospechas sobre un posible deterioro cognitivo ya que es propenso a olvidar ciertos aspectos importantes de su vida, como la universidad en la que estudió, o algún que otro desliz que le ha causado más de un problema durante las primarias del Partido Demócrata.

Así pues, nos encontramos ante una situación bastante inusual. Dos candidatos al “puesto más insignificante jamás ideado” se han convertido en factores clave de las candidaturas de sus compañeros de papeleta. Mike Pence y Kamala Harris son, hoy por hoy, los candidatos a vicepresidente que mayor importancia han tenido en la historia del cargo, al menos en lo que a la atención mediática se refiere.

Ambos candidatos salieron airosos del debate en el que cada cual desempeñó el papel esperado. Pence calmado pero distante. Harris cercana y afinada. Pence interrumpiendo, Harris algo nerviosa. Ambos supieron, sin embargo, salir airosos del enfrentamiento, al menos ante los suyos.

El debate estuvo marcado por claras diferencias ideológicas y no estuvo exento de polémica, pero los candidatos supieron estar a la altura de las circunstancias, marcando diferencias con el primer debate. Sin duda otro gallo cantaría si los papeles estuvieran intercambiados.

La vicepresidencia puede parecernos insignificante, pero los electores, al menos en este caso, se presentarán en las urnas para elegir también al posible futuro presidente.

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*Es profesor de Relaciones Internacionales