Combatir el hambre merece el Nobel

El Programa Mundial de Alimentos de la ONU obtiene el Premio Nobel de la Paz 2020

Cada año las agencias de Naciones Unidas que se ocupan de la alimentación presentan en Roma su último informe con el balance global de personas hambrientas en el mundo. Dan una cifra fría, en una sala con calefacción, aire acondicionado y canapés de un país del primer mundo. El número suele resultar escandaloso, pero la alarma no dura más que unas horas, si acaso un día. El año pasado el contador llegó hasta los 820 millones, o lo que es lo mismo una de cada nueve personas que habitan el planeta. Por todo ello, ayer el comité noruego decidió premiar con el Nobel de la Paz al Programa Mundial de Alimentos (PMA, por sus siglas en español). El reconocimiento tiene vocación de mantener el foco en este asunto, pero al fin y al cabo se trata sólo de un galardón y sin un rostro reconocido. En una sociedad de ídolos corre el riesgo de evaporarse de forma tan efímera como la conferencia anual sobre el hambre.

Cuando se produce una emergencia humanitaria en el planeta, el PMA es el primer organismo en llegar. El seguimiento posterior lo realizan otras agencias como la FAO o el FIDA, también con sede en Roma. Si bien, el Programa Mundial de Alimentos ejercería como una especie de ambulancia alimentaria mundial. El año pasado asistió a unos 97 millones de personas de 88 países distintos.

Pero la cifra, siempre en frío, sigue resultando insuficiente. Es necesario repetir que los hambrientos son 820 millones y que las Naciones Unidas calculan que el año pasado hubo 130 millones en condiciones de hambre severa, que en 2020 podrían llegar al doble. La pandemia, que sirve para enredarse en discusiones sobre si salir o no a la casa del pueblo, se traducirá también en muertes por inanición. De ahí que en un año tan delicado el Comité del Nobel haya tomado esta decisión que no estaba en las quinielas.

“La necesidad de solidaridad internacional y cooperación multilateral es más evidente que nunca”, valoró el jurado. “El mundo está en peligro de vivir una crisis de hambre de proporciones inconcebibles si el PMA y otras organizaciones de ayuda alimentaria no reciben el apoyo financiero que han pedido”, agregó el comité con sede en Oslo. En marzo el PMA solicitó 350 millones de forma urgente. El Programa Mundial de Aliementos se financia gracias a donaciones, fundamentalmente de los gobiernos. En 2019 consiguió 8.000 millones de euros, pese a que en los últimos años Estados Unidos ha reducido su contribución. A cambio, China ha aumentado sus inversiones y ha ido ganando peso en estos organismos y el año pasado ya logró colocar a Qu Dongyu como director general de la FAO. Todo un símbolo del contexto internacional.

Por su parte, el PMA tradicionalmente está gobernado por un estadounidense. Y lo curioso es que su actual director ejecutivo es David Beasley, un histriónico político republicano colocado en 2017 por Donald Trump. Al más puro estilo Trump, Beasley colgó un video en sus redes sociales en el que afirmó “por primera vez no tengo palabras, esto es increíble, wow, wow, wow…”.

“El Nobel de la Paz es un reconocimiento al personal del PMA que se deja la vida en primera línea cada día por dar asistencia a casi 100 millones de niños, mujeres y hombres a lo largo del planeta”, reconoció, de modo más formal, el organismo en un comunicado.

El PMA nació en 1961 como un experimento condenado a desaparecer en poco tiempo. La idea partió del presidente estadounidense Dwight Eisenhower, que las Naciones Unidas acogieron con entusiasmo. Su misión era combatir el hambre y promover la paz y, así, en 1962 se encargó de su primera misión tras un terremoto en Irán. En 1965 consiguió afianzar el estatus de organismo permanente de la ONU y en la actualidad cuenta con 90.000 personas, de las que el 90% están desplegadas en los países que requieren asistencia. Tiene además 5.600 camiones, 30 barcos y un centenar de aviones, con los que reparten unos 15.000 millones de raciones anuales de comida. Su labor principal está en República Democrática del Congo, Nigeria, Sudán del Sur, Siria y Yemen, aunque también posee una fuerte implantación en Latinoamérica.

El Nobel de la Paz suele crear polémicas, aunque este año se ha encontrado un organismo de consenso. Entre las favoritas estaba la activista sueca Greta Thunberg, que antes del fallo se sorprendía de que hubiera personas que creyeran que ella iba a ganar. No fue así, el premio del 2020 sólo tiene el rostro desconocido de los hambrientos.