¿Una marioneta de Evo Morales?

La moderación que ha predicado Luis Arce del MAS sería una buena decisión en Bolivia. Se podrían ir resolviendo los serios problemas que aquejan a la sociedad boliviana

Luis Arce, dos días después de las elecciones presidenciales en BoliviaJuan KaritaAP

El triunfo de Luis Arce del Movimiento al Socialismo (MAS) en las elecciones presidenciales en Bolivia no permite un valoración simple y lineal. En ningún caso se han impuesto los postulados políticos del ex presidente Evo Morales, aunque tampoco hayan sido derrotadas las tesis de la formación política a la que representan. No es la primera vez, y no será la última, que el sucesor de un líder carismático inicie un rumbo distinto y que señale los contenidos de su agenda política de manera diferente. En el caso de América Latina lo que sucedió en Ecuador en la relación entre Rafael Correa y Lenin Moreno es un buen ejemplo.

Seguramente, Luis Arce no socavará los principios en los que se fundamenta el Movimiento al que representa pero, sin embargo, se ha abierto un resquicio para interpretar que su comportamiento político quede distante del protagonizado por Morales. Las primeras declaraciones del presidente electo apuntan en esta dirección al realizar un llamamiento a la unidad de todos los bolivianos. Asimismo, un análisis detallado de los resultados electores podría llevar a la convicción de que Luis Arce ha recibido un apoyo más amplio y, sobre todo, de sectores que en principio no se podrían ubicar en las tesis bolivarianas.

Las primeras medidas que adopte el nuevo presidente en las relaciones de Bolivia con el resto de los países de América Latina serán un signo de la dirección en la quiere encaminar su mandato. La moderación que ha predicado sería una buena decisión y, con ello, se podrían ir resolviendo los serios problemas que en la actualidad aquejan a la sociedad boliviana.

Luis Arce tiene en sus manos orientar la política de Bolivia hacia el camino del entendimiento entre los distintos sectores de una sociedad bastante dividida y sentar las bases del desarrollo económico y social del país. Pero, por encima de todo, el nuevo Presidente tiene una oportunidad para encauzar la política boliviana por la senda de la sensatez y los acuerdos.

Las confrontaciones políticas se pueden resolver con criterios políticos apropiados y, para ello, Bolivia debería diseñar, en esta nueva etapa, un marco de relaciones con los países de su entorno que no estuviera adscrito a ninguna de las posiciones más radicales.