¿Se mantendrá Chile como un país estable?

“El Gobierno chileno queda en una posición incómoda: a pesar de que no abrazó el “rechazo”, tampoco se plegó al “apruebo””

El presidente chileno Sebastián Piñera llega al palacio presidencial de La Moneda, ayerEsteban FelixAP

Gilberto Cristian Aranda, profesor de la Universidad de Chile, analiza los resultados del referéndum en Chile. Para el experto, “el Gobierno chileno queda en una posición incómoda: a pesar de que no abrazó el “rechazo”, tampoco se plegó al “apruebo””. Asimismo el profesor chileno asevera que “la desafección sistémica podría haber sido un caldo de cultivo para una vía populista, pero no hay liderazgos mayoritarios”.

¿Qué destacaría del resultado en Chile?

Destacaría el fin de la tradicional desafección política traducida en una mayor participación electoral. La última vez que hubo una votación solo votó en Chile un 36% del electorado, ahora ha sido un 56%. Hay que recordar que Chile todavía tiene 10.000 casos activos de covid-19, y que se ha votado en un contexto pandémico. Ha habido una participación masiva de jóvenes entre 18 y 24 años, que era el grupo más ausente en todas votaciones anteriores. Lo que nos llamó a todos la atención fue el contundente respaldo del apruebo, casi del 80%. El mensaje es bien claro, la gente quiere una asamblea constituyente como un nuevo orden político donde las élites no estén a cargo de todo el proceso sino que se incorpore los ciudadanos.

¿A qué proceso constitucional de América Latina le recuerda el caso chileno?

Este resultado abre una etapa que para una gran parte de la población significa un cambio, pero ahora viene un año de desarrollo. Chile es el país número 12 de la región que va a transitar por un camino constituyente no previsto. Es una respuesta a la crisis de credibilidad de los partidos, a unas élites que son vistas por la ciudadanía como grupos que han secuestrado la institucionalidad. El orden vigente no preveía ese derrotero y ahora se abren opciones a cambios importantes. Algunos lo comparan con el cambio constitucional de Venezuela en 1999, pero las condiciones políticas chilenas son muy diferentes. En Venezuela se hizo a partir de hegemonía política y del populismo; en el caso chileno se va a hacer desde la diversidad y fragmentación política. También están los casos muy distintos de Colombia y Bolivia. Bolivia, por ejemplo, terminó con su constitución de 1991 con la constitución de Evo Morales, que reflejó un país plurinacional.

¿Saldrá reforzado el Gobierno de Sebastián Piñera o por el contrario quedará más debilitado pase lo que pase el día de la votación?

La participación masiva con tasas superiores al 60% significa en primer lugar que se invierte la tendencia decreciente y que la ciudadanía ha logrado conectarse con el tema constitucional, que recordemos originalmente no estaba ni en los peores pronósticos del Gobierno actual. Como el “apruebo” ha superado por un amplio margen al rechazo, el Gobierno queda en una posición incómoda, ya que a pesar que no ha abrazado oficialmente el rechazo, tampoco se plegó al apruebo. Esa es la opción de una fragmentada oposición -de las pocas cosas que tiene en común-, y de sectores de una derecha más liberal que aspiran de dotar con mayores rangos de legitimidad a un sistema que perdió parte relevante de la credibilidad ciudadana.

¿Se mantendrá Chile como un país estable?

Chile fue un país estable en gran parte de la post Guerra Fría, pero no todo el período. Durante los primeros quince o veinte años, las altas tasas de crecimiento y las promesas de una vida mejor encontraron eco en gran parte de la población. Es evidente que el país progresó en aspectos materiales como la infraestructura o la tecnología, pero no fue un cambio parejo, incrementándose la brecha social entre los que más y los que menos tienen. Pero el desencanto se hizo evidente al final de la primera década del siglo XXI y las condiciones para un estallido o rebelión se fueron concatenando. El ciclo de protesta tuvo un primer brote en 2006 con los secundarios, en 2011 con los universitarios y en 2018 con las movilizaciones feministas. Se han sedimentado frustraciones con las promesas de una democracia moderna, adicionando las demandas post modernas de una sociedad diversa que exige equidad en identidades de diverso tipo. La desafección sistémica podría haber sido un caldo de cultivo para una vía populista, pero no hay liderazgos mayoritarios. En consecuencia, la movilización ha seguido expresándose de diversas formas y al menos continuará un año más, dependiendo de los resultados de las distintas fases del período electoral que comienza el domingo.