El primer ministro italiano, Mario Draghi, tras recibir esta noche la confianza de la Cámara de Diputados
El primer ministro italiano, Mario Draghi, tras recibir esta noche la confianza de la Cámara de DiputadosDPA vía Europa Press DPA vía Europa Press

La Cámara de Diputados da el espaldarazo definitivo a Draghi

El nuevo primer ministro italiano es investido con 535 votos a favor y 56 en contra. La única voz crítica en el Parlamento fue la ultraderechista Giorgia Meloni

Los números en el Senado habían dejado a Mario Draghi a las puertas del récord. Obtuvo 262 votos a favor por 40 en contra y dos abstenciones. Solo el Gobierno técnico de Mario Monti en 2011 obtuvo un mayor respaldo en su investidura en la historia democrática italiana. El experimento Monti no salió demasiado bien, por lo que Draghi ha intentado marcar distancias desde el primer momento. Insiste en que el suyo no es un Ejecutivo tecnócrata, sino que está basado «en los principios republicanos» para un momento «de especial emergencia». El tiempo lo jugará.

Lo que está claro hasta el momento es que los partidos se han visto involucrados en el reparto de ministerios y que le han dado su apoyo de forma mayoritaria. Esta noche, en la Cámara de Diputados 535 de sus señorías respaldaron su investidura, por los 56 que votaron en contra y los cinco que se abstuvieron. De esta forma, Draghi consigue el apoyo necesario de las cámaras y completa el trámite para convertirse en primer ministro a todos los efectos. Por fin se puede decir oficialmente que comienza la «era Draghi».

Crisis en el Movimiento 5 Estrellas

Con los apoyos garantizados, el mayor interés estaba en medir el volumen de quienes se quedaban fuera. Y, en concreto, cuántos parlamentarios del Movimiento 5 Estrellas (M5E) desobedecerían a la cúpula y votarían por el «no». En la Cámara Alta fueron 15 senadores y ayer 16 diputados. La dirección del partido ya ha comunicado que los rebeldes quedan inmediatamente expulsados. Bajo el mandato del fundador, Beppe Grillo, el M5E decidió apoyar a Draghi y formar parte del Ejecutivo.

Sin embargo, una parte del movimiento no aceptó el dictamen. Las críticas se multiplicaron al comprobar que en el reparto de cargos, al partido solo le correspondían ministerios de escaso peso político, al margen de Asuntos Exteriores, que sigue ocupando su dimitido líder, Luigi Di Maio. El M5E fue la fuerza más votada en las últimas elecciones generales de marzo de 2018, pero en los tres años que han pasado desde entonces no ha hecho más que perder piezas.

De los 112 senadores con los que contaba se ha quedado en 77. Una veintena se han ido a otros grupos –por decisión propia o de la dirección–, los últimos 15 han sido expulsados y dos han fallecido. El Cinco Estrellas debe abrir un proceso para renovar el liderazgo, pues vive en situación de interinidad desde hace un año. La escisión parece estar más cerca que nunca.

Pero, al margen de las heridas internas que deja este Gobierno de unidad, el otro foco este jueves estaba puesto en la única opositora: la ultraderechista Giorgia Meloni, de Hermanos de Italia. Las críticas de Meloni fueron las únicas que se escucharon en el Parlamento en estas dos jornadas de debate de investidura. Todo lo demás habían sido reverencias, bendiciones y alabanzas.

Aun así, el respeto que infunde Draghi aplaca incluso a la oposición, ya que el blanco elegido no fue tanto el primer ministro sino el equipo que lo rodea. «Denunciamos la hipocresía de quienes ayer aplaudían a Giuseppe Conte y hoy nos dicen que nos han liberado de él. Nosotros despedimos al Gobierno de los incapaces, pero muchos de ellos se sientan ahora con usted», aseveró Meloni ante la Cámara Baja.

En efecto, el M5E, el socialdemócrata Partido Democrático (PD), la formación centrista de Matteo Renzi (Italia Viva) y los izquierdistas Libres e Iguales, que formaban la anterior coalición permanecen en el Gobierno. A ellos se suman los conservadores de Silvio Berlusconi y la Liga de Matteo Salvini, de extrema derecha. El nuevo Gobierno será una nueva mezcla imposible bajo el mando único de Draghi.

Hoy, demostró de nuevo que lo suyo no es mancharse las manos con cuestiones partidistas y su única intervención fue en el turno de réplica, con una serie de cuestiones técnicas ante cuestiones del correcto funcionamiento de la Administración que habían citado otras fuerzas políticas.

El nuevo primer ministro prometió una lucha sin cuartel contra la corrupción: «Un país capaz de atraer inversores, incluidas las internacionales, tiene que defenderse de fenómenos de corrupción. Son un vehículo de intromisión de las mafias y un motor que castiga el tejido económico y desincentiva la competencia y el libre mercado».