El FBI desclasifica el primer documento sobre la investigación del 11-S tras la orden de Biden

Quince de los 19 secuestradores eran de Arabia Saudí. Los familiares de las víctimas habían pedido a Biden que no acudiera a los homenajes si no hacía pública la investigación sobre el papel de Riad

Un miembro del FBI habla por teléfono cerca del One World Trade Center en el aniversario del 20º aniversario del 11-S
Un miembro del FBI habla por teléfono cerca del One World Trade Center en el aniversario del 20º aniversario del 11-S FOTO: CARLOS BARRIA REUTERS

El FBI hizo público el sábado (madrugada en España) el primer documento relacionado con su investigación sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y las acusaciones de apoyo del Gobierno Arabia Saudí a los secuestradores, tras una orden ejecutiva del presidente Joe Biden.

Coincidiendo con el simbólico vigésimo aniversario de los atentados del 11-S, los mayores ataques terroristas sufridos por Estados Unidos en toda su historia, el Buró Federal de Investigaciones (FBI) publicó por primera vez un documento que forma parte de la investigación confidencial llevada a cabo a raíz de los trágicos sucesos del 11 de septiembre de 2001.

La pesquisa del FBI, publicada a petición del presidente Joe Biden, da a conocer las posibles conexiones entre varios ciudadanos sauditas residentes en Estados Unidos y dos de los terroristas que perpetraron los ataques de las Torres Gemelas. De hecho, 15 del total de 19 terroristas que secuestraron los aviones estrellados eran de Arabia Saudí.

Los familiares de las víctimas habían pedido a Biden que no asistiera a los actos conmemorativos del 20º aniversario del atentado si no desclasificaba los documentos que, según ellos, demostrarían que las autoridades saudíes apoyaron el complot.

El documento de 16 páginas, parcialmente redactado y publicado por el FBI, describe los contactos entre los secuestradores y los asociados saudíes, pero no demuestra que el Gobierno de Riad fuera cómplice de los atentados, en los que murieron casi 3.000 personas.

Aunque, por ahora, los servicios de inteligencia estadounidenses no han podido demostrar que el Gobierno saudí estuviera vinculado con los acontecimiento ni tuviera conocimiento de enlaces terroristas de sus ciudadanos con el complot de las Torres Gemelas.

Los familiares de las víctimas de los atentados, donde murieron cerca de 3.000 personas y más de 25.000 resultaron heridas, han luchado durante años para que los documentos de la investigación de los ataques se dieran a conocer públicamente, llegando incluso a pedir formalmente al presidente de EEUU que no acudiera a la ceremonia de conmemoración del 20 aniversario en la “zona 0” si no solicitaba al FBI la desclasificación de documentos que, durante dos décadas, han conformado la investigación.

Biden, bajo la prolongada presión de las familias, ordenó al Departamento de Justicia y a las agencias de inteligencia estadounidenses la semana pasada que revisen la documentación vinculada a la larga investigación a los atentados del 11-S, desclasifiquen y divulgan la información que puedan dar a conocer públicamente en el plazo máximo de los próximos seis meses.

La investigación, que durante años ha permanecido oculta al ojo público, detalla los contactos de los secuestradores con asociados sauditas afincados en EEUU, si bien es cierto que el FBI no proporciona ninguna prueba de que altos funcionarios del gobierno de Arabia Saudí tuvieran conocimiento de dicha información ni, por tanto, fueran cómplices del complot contra los estadounidenses.

Esta última pesquisa publicada se centra en dos de los primeros secuestradores sauditas que llegaron a EE UU, Nawaf al-Hazmi y Khalid al-Mihdhar, y el apoyo que recibieron para llevar a cabo sus planes. La indagación da a conocer el apoyo logístico proporcionado a los terroristas por Fahad al Thumairy, un empleado del consulado saudí en la ciudad de Los Ángeles (California) y Omar al Bayumi, sospechoso de ser espía del reino árabe. Según el documento del FBI, Al Bayumi facilitó “asistencia de viaje, alojamiento y financiación” los dos terroristas implicados en los secuestros de los aviones en el atentado del 11-S.

Gran parte de la información publicada por el FBI se obtuvo a través de una entrevista realizada por los servicios de inteligencia en 2015 a un intermediario que tenía contacto frecuente con ciudadanos saudíes en EE UU. Algunos de ellos apoyaron directamente a los secuestradores que llegaron al país meses antes de los atentados terroristas.

El Gobierno saudí ha negado durante años cualquier vinculación o conocimiento relacionado con los ataques perpetrados en EE UU. La Embajada de Arabia Saudita en Washington apoya la desclasificación completa de todos los documentos para “poner fin a las acusaciones infundadas contra Reino de una vez por todas”, asegurando ser “categóricamente falsa” la acusación de complicidad de su Gobierno con los terroristas saudíes.

Arabia Saudí y EE UU han forjado alianzas estratégicas a lo largo de los años, pero la relación entre ambos países atraviesa por un momento delicado, acrecentado por las dudas sobre su posible implicación con la planificación de los atentados de 2001. Además, en febrero de este año, la Administración Biden publicó una evaluación de inteligencia que implicó al príncipe heredero, Mohammed bin Salman, con el asesinato en 2018 del periodista estadounidense del Washington Post, Jamal Khashoggi en Turquía. Aunque esa investigación no tuvo consecuencias, más allá de las críticas de los propios demócratas por evitar un castigo directo contra el príncipe heredero.

El informe de la Comisión del 11 de septiembre de 2004 no pudo confirmar “evidencia de que el gobierno saudí como institución o altos funcionarios saudíes financiaran individualmente” los ataques que Al Qaeda planificó, aunque sí señaló que algunas organizaciones benéficas vinculadas a Arabia Saudí podrían haber desviado fondos al grupo terrorista.

“Como han revelado las investigaciones anteriores, incluida la Comisión del 11-S y la publicación de las llamadas ‘28 páginas’, nunca ha surgido ninguna prueba que indique que el Gobierno saudí o sus funcionarios tuvieran conocimiento previo del ataque terrorista o estuvieran implicados de alguna manera”, decía el comunicado de la embajada saudí en Washington.

Las familias de unos 2.500 muertos y más de 20.000 personas que sufrieron lesiones, empresas y diversas aseguradoras, han demandado a Arabia Saudí solicitando miles de millones de dólares.

En un comunicado en nombre de la organización “9/11 Families United”, Terry Strada, cuyo marido Tom fue asesinado el 11 de septiembre, dijo que el documento divulgado por el FBI el sábado acallaba cualquier duda sobre la complicidad saudí en los atentados.

“Ahora los secretos de los saudíes han quedado al descubierto y ya es hora de que el Reino admita el papel de sus funcionarios en el asesinato de miles de personas en suelo estadounidense”, se puede leer en el comunicado.