Eric Zemmour, el hombre que puede jubilar a Le Pen

Los sondeos sitúan en segundo lugar a esta polémica estrella mediática que se ha hecho famoso por sus ideas radicales a seis meses de las presidenciales

Eric Zemmour no ha anunciado su candidatura a las elecciones presidenciales de 2022
Eric Zemmour no ha anunciado su candidatura a las elecciones presidenciales de 2022 FOTO: CHRISTOPHE PETIT TESSON EFE

Polémico, de verbo fuerte y sobre todo, omnipresente en los medios franceses, Eric Zemmour parece haber roto el techo de los sondeos para las elecciones presidenciales de abril de 2022 y se encontraría por encima de su rival directa, Marine Le Pen, en intención de voto. Según los nuevos números publicados por la encuesta Harris Interactive, presentada esta semana, Zemmour obtendría un 18% de los sufragios y pasaría a segunda vuelta contra Emmanuel Macron que sigue bien posicionado con un 24%. Le Pen llegaría en tercer lugar con un 15% de los votos. Es el segundo sondeo que indica el crecimiento electoral de Zemmour y que proyecta que podría romper la barrera de la segunda vuelta. Ya antes el estudio de IFOP-Fiducial, publicado el domingo, también había llegado a una conclusión similar.

Para muchos resulta increíble que un personaje político como Eric Zemmour, que ni siquiera se ha presentado oficialmente como candidato a la presidencia y no tiene ninguna experiencia política, ya comience a rozar un eventual segundo tour.

Su estrategia no es tan difícil de adivinar: Zemmour es actualmente el personaje polémico por excelencia. De hecho, la prensa francesa le llama justamente así, «le polemiste», otorgándole una merecida fama de agitador de ultraderecha, que resulta muy apetitosa en todo tipo de programas de televisión y de radio y que le ha servido de escalera para un buen repunte en las encuestas. Reportajes, biografías, análisis y debates giran diariamente en torno a la figura de Zemmour, tratando de desmenuzar su personalidad y otorgándole -queriéndolo o no– una enorme presencia en los hogares franceses.

Las ideas radicales de Zemmour no son de ayer. El precandidato las ha expuesto frecuentemente en los 14 libros que ha escrito a lo largo de su carrera, especialmente en «El suicido francés», publicado en 2014, donde se expresa de manera radical sobre la inmigración, proponiendo términos desagradables como la «halalización» de Francia o la «xenofilia» que practican los sectores más progresistas. Zemmour se ha atrevido a meter en un mismo saco al yihadista Mohammed Merah -autor del asesinato de tres niños judíos en Toulouse en 2012- y a los padres de los pequeños. La familia Merah pedía enterrar al perpetrador en Argelia y los padres de las víctimas decidieron llevar los cuerpos de sus niños a Israel. La declaración de Zemmour fue lapidaria: «Al final todos son extranjeros porque piden ser enterrados fuera de Francia. Quieren permanecer afuera más allá de la muerte».

En su último libro: «Francia no ha dicho su última palabra», publicado apenas en septiembre, Zemmour apela al orgullo francés y defiende el nacionalismo pero, al mismo tiempo, toca fibras controvertidas como la admiración al mariscal Pétain, dirigente del gobierno colaboracionista de Vichy en la Francia ocupada por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial. También hace pasar por víctima a Dominique Strauss-Kahn, presidente del FMI acusado de violar a una mucama en un hotel de Nueva York. Para finalizar, Zemmour recuerda su simpatía por la pena de muerte, en tiempos en que Macron pide su abolición en el mundo entero.

La polémica es su carta política. Y vaya que le está funcionando. Su rival más cercana y símbolo de la extrema derecha en Francia, Marine Le Pen, no escatima en decir que Eric Zemmour es un espejismo. Un golpe de fama al que le falta experiencia y programa político: «La campaña presidencial es un camino largo difícil y necesita de una personalidad combativa», dice tranquila Le Pen evocando sus dos intentos electorales de 2012 y 2017.

Cuando la prensa local le pregunta si ha tenido oportunidad de hablar con Eric Zemmour en las últimas semanas, Le Pen responde con una sonrisa irónica en los labios, acusándole de creerse un «rock star»: «Claro que no, Zemmour es una persona inalcanzable en este momento. Cree que tiene alas o que es la reencarnación de De Gaulle. Nadie puede hablar con él».

Pero quizás, lo que Marine Le Pen más le reprocha a su contrincante es haberle «robado» las ideas. Según la candidata de la extrema derecha, Zemmour no aporta nada novedoso y sólo repite lo que ella ha propuesto: los peligros de la migración, la «sumisión» de Francia a la Unión Europea, el nacionalismo económico y otras banderas que Reagrupación Nacional ha enarbolado desde los años 70, la época de Jean-Marie Le Pen, fundador de la organización y padre de Marine.

¿Es acaso Zemmour el candidato que, evocando los postulados de la dinastía Le Pen, terminará por frenarla fracturando el voto de la extrema derecha? Está por verse.