El Parlamento sueco da su confianza por segunda vez a Magdalena Andersson

La nueva primera ministra, que dimitió el pasado miércoles siete horas después de ser elegida, presentará mañana a su Gobierno, el primero en solitario de los socialdemócratas desde hace 15 años

Magdalena Andersson, de 54 años, será la primera mujer al frente de un Gobierno en Suecia
Magdalena Andersson, de 54 años, será la primera mujer al frente de un Gobierno en Suecia FOTO: Jonas Ekströmer/TT AP

La socialdemócrata Magdalena Andersson ha sido elegida este lunes primera ministra por el Parlamento sueco (”Riksdag”) por segunda vez en menos de una semana. Andersson fue investida con un margen extremadamente estrecho (173 votos en contra, 101 a favor y 75 abstenciones). En el sistema parlamentario negativo sueco, el candidato solo necesita evitar una mayoría de votos en su contra, es decir 175 de los 349 escaños de la Cámara, por lo que las abstenciones cuentan en la práctica como apoyos.

Andersson será la primera mujer al frente del Gobierno en Suecia, una excepción humillante entre los Estados nórdicos para un país a la cabeza de la igualdad de género. “Me siento bien y estoy muy ansiosa por comenzar a trabajar”, aseguró Andersson, ministra de Finanzas en el Gobierno saliente, en una conferencia de prensa celebrada poco después de la votación.

Los 100 diputados del Partido Socialdemócrata (SAP), junto con Amineh Kakabaveh, la única parlamentaria independiente, votaron por Andersson, mientras que el Partido Verde (16), el Partido de la Izquierda (28) y el Partido del Centro (31) optaron por abstenerse. La diputad liberal Nina Lundström también optó por romper la disciplina de partido y abstenerse en la investidura.

La semana pasada, Andersson fue elegida por el Parlamento, pero tuvo que dimitir siete horas más tarde, antes de que tuviera la oportunidad de asumir formalmente el cargo, después de que el Partido Verde anunciara su salida del Gobierno de coalición tras siete años. Para los ecologistas, era inasumible que tuvieran que aplicar el próximo año unas cuentas públicas en cuya redacción habían participado los ultraderechistas Demócratas Suecos (SD), la tercera fuera del Parlamento con 62 diputados. La turbulenta jornada parlamentaria pasará a la historia como la más insólita de la política sueca moderna.

Andersson ahora dirigirá un Gobierno socialdemócrata en minoría tras la ruptura de la coalición rojivede que había liderado Suecia desde 2014. Será el primer Ejecutivo totalmente socialdemócrata en 15 años. La última vez que un Gobierno del SAP ostentó el poder en solitario fue en 2006, cuando Andersson ejerció como secretaria de Estado de Finanzas bajo el entonces primer ministro, Göran Persson.

Sin embargo, esto no significa necesariamente que a partir de ahora sea más fácil para los socialdemócratas gobernar. El Gobierno seguirá siendo un Ejecutivo en minoritario, con el apoyo de solo 100 de los 349 diputados del Parlamento, lo que requiere una cuidadosa negociación con sus aliados parlamentarios (verdes, centristas y ex comunistas), más interesados en la contienda electoral del próximo mes de septiembre que en hacer concesiones a Andersson.

“Como todos los Gobiernos minoritarios, intentaremos cooperar con otros partidos en el Parlamento. Tenemos una larga tradición de cooperación y estamos listos para hacer lo que sea necesario para hacer avanzar a Suecia”, dijo Andersson.

La nueva primera ministra también tendrá que gobernar con un presupuesto elaborado por los moderados conservadores de la oposición, los demócrata cristianos y la extrema derecha, después de que su Presupuesto fuera rechazado también el pasado miércoles.

Lo cierto es que Andersson está dispuesta a dialogar y llegar a compromisos con todos los partidos de la Cámara salvo los Demócratas Suecos. En este sentido, se espera que la líder socialdemócrata corteje a la derecha en asuntos bloqueados por Los Verdes durante los pasados años, incluida la ampliación del aeropuerto Arlanda de Estocolmo y la creación de un lugar para almacenar los desechos del combustible nuclear.

Andersson también señaló el crimen y la inmigración, preocupaciones clave de los votantes, entre sus principales prioridades, temas en los que los socialdemócratas están más cerca ideológicamente del centro derecha.

Elecciones Suecia
Elecciones Suecia FOTO: Antonio Cruz

Sin embargo, la oposición se apresuró a señalar que la derecha tiene el bloque más fuerte en el Parlamento y probablemente podría aprobar muchas de sus políticas sin los socialdemócratas. Los cuatro partidos de la oposición de centro y derecha están unidos en la mayoría de los temas y controlan 174 escaños, mientras que los cuatro partidos de centro izquierda tienen 175 escaños y se encuentran mucho más divididos.

“Los socialdemócratas tendrán que aceptar que es el Parlamento el que decide y el Gobierno obedece”, advirtía el líder de la oposición, el conservador Ulf Kristersson, antes de la votación del esta mañana.

Andersson planea anunciar su Gabinete este martes a las 9:30 de la mañana A continuación, la flamante primera ministra, junto con su nuevo Gabinete, asistirá a la conocida como “skifteskonselj”, una reunión con el rey Carlos XVI Gustavo y el Consejo de Estado para presentarle el nuevo Ejecutivo en el Palacio Real de Estocolmo. Es entonces cuando se produce formalmente la transición del poder, tras lo cual su nuevo Gobierno asumirá sus funciones tras relevar al del también socialdemócrata Stefan Löfven, que dimitió el pasado 10 de noviembre para dar paso a su sucesora al frente del Partido Socialdemócrata.

Andersson se enfrenta a unos complicados meses hasta las elecciones del 11 de septiembre, que se anticipan como uno comicios muy reñidos. Sin embargo, la hasta ahora ministra de Finanzas mira más adelante pese a las dificultades. “No veo esto como el comienzo de diez meses, lo veo como el comienzo de diez años”, declaró la antigua campeona de natación júnior. La resiliencia de aquellos años le será útil para la difícil tarea de gobernar un país fragmentado tras la irrupción en 2010 de la derecha populista en el Parlamento. Desde entonces, el “cordón sanitario” para aislar a SD, un partido xenófobo y euroescéptico con raíces nazis ha enfrentado al resto de la clase política sueca.